Itzel: La sombra de Bian Que

Capítulo 3: El hombre que llevaba tres siglos esperando

—¿Qué quieres decir con que todos tus discípulos están muertos?

Itzel seguía de pie, con la tarjeta negra en la mano. La serpiente se mordía la cola. No tenía principio. No tenía fin.

“彼时吾不知其意。以为彼等仅欲吾之术。然彼等所欲。非仅术也。乃吾等之血脉。”

(Traducción: “En aquel entonces no comprendí su intención. Creí que solo querían mi arte. Pero lo que querían no era solo el arte. Era nuestro linaje.”)

—¿Linaje?

“吾徒非仅习吾之术。亦承吾之血脉。彼等以移魂术续命。需吾等之血。”

(Traducción: “Mis discípulos no solo aprendieron mi arte. También heredaron mi sangre. Ellos usan la transferencia de almas para prolongar sus vidas. Necesitan nuestra sangre.”)

Itzel sintió que el estómago se le vaciaba. Las piezas encajaban de golpe: la voz antigua, el don del diagnóstico, el hombre del traje gris que hablaba de coleccionar médicos. Todo era una sola historia que llevaba dos mil años escribiéndose.

—¿Y yo qué soy en todo esto?

“汝乃第七代之传人。吾乃扁鹊。二千五百年前。吾被封魂于此玉。待汝至。”

(Traducción: “Tú eres la heredera de la séptima generación. Yo soy Bian Que. Hace dos mil quinientos años, sellé mi alma en este jade. Esperando tu llegada.”)

El colgante de su madre. La piedra que llevaba al cuello desde que tenía memoria. Era una prisión. Y un legado.

Antes de que pudiera responder, alguien aporreó la puerta.

Era Doña Rosa. Llevaba una cubeta en una mano y un estropajo en la otra. Traía el delantal de los domingos, el de los girasoles desvaídos.

—Muchacha. Han pintado tu clínica.

Salieron a la calle. La fachada del local estaba cubierta de pintura roja. ASESINA. BRUJA. PÚDRETE.

Itzel se quedó mirando las palabras. No lloró. En su interior, la voz de Bian Que dijo:

“此乃彼等惯用之伎俩。恐汝。逼汝退。”

(Traducción: “Esta es su táctica habitual. Asustarte. Obligarte a retroceder.”)

—Pues no voy a retroceder.

Doña Rosa metió el cepillo en la cubeta y empezó a frotar la palabra BRUJA.

—Tu madre pasó por lo mismo. En el ochenta y cinco, cuando vino el cólera, atendió a doscientas personas en este local. ¿Sabes cuántas se le murieron? Tres. Y cuando la epidemia terminó, los médicos del Hospital General vinieron a cerrarle. Dijeron que sus hierbas eran un peligro para la salud pública. ¿Sabes lo que hizo ella?

—No.

—Les dio las gracias por la visita. Les regaló un té de tila. Y cuando se fueron, volvió a abrir.

Doña Rosa se giró. Agarró a Itzel por los hombros.

—Esto no va de licencias. Va de que los pobres no tenemos derecho a curarnos con lo que tenemos. Siempre hay que pagar la medicina que ellos venden. Tu madre no se rindió. ¿Tú vas a rendirte?

Itzel miró la puerta. La palabra PÚDRETE seguía allí.

—No —dijo—. No voy a rendirme.

Trabajaron en silencio hasta que salió el sol. Cuando la pintura desapareció casi por completo, Itzel se sentó en el escalón de la entrada.

Doña Rosa le pasó un vaso de agua de jamaica.

—Tu madre no se fue a ningún cielo con nubes y ángeles gordos. Está en el Sonora. En el olor de la caléndula. En las manos de toda mujer que cura sin pedir nada a cambio.

Esa tarde, Itzel fue al mercado de Sonora. Recorrió los pasillos que conocía desde los nueve años. Compró caléndula, manzanilla, epazote, canela. Don Chepe, el dueño del puesto, un hombre de bigote canoso, le dijo:

—¿Vas a reabrir?

—Voy a reabrir.

—Entonces no me pagues. Me debes una.

De vuelta en la clínica, Itzel encendió la luz. El fluorescente zumbaba. Las hierbas olían a su madre. Sacó el estuche de agujas de su madre y lo abrió sobre la mesa. Las agujas brillaban bajo la luz, finas como cabellos. Llevaban años guardadas. Ahora volvían a casa.

“善。汝已有决意。明日。吾教汝望诊之道。观其色。察其神。知其病。医者之眼,先于医者之手。”

(Traducción: “Bien. Has tomado tu decisión. Mañana te enseñaré el camino de la inspección visual. Observa el color. Examina el espíritu. Conoce la enfermedad. Los ojos del médico van antes que sus manos.”)

—Ya sé mirar. Mi madre me enseñó.

“汝母授汝以目。吾授汝以神。目可见色。神可察气。汝已能见人所不见。明日,吾教汝辨其义。”

(Traducción: “Tu madre te enseñó a usar los ojos. Yo te enseñaré a usar el espíritu. Los ojos ven colores. El espíritu percibe el qi. Ya puedes ver lo que otros no ven. Mañana te enseñaré a interpretarlo.”)

Itzel apagó la luz. Mañana.

Pero al salir, se detuvo. Al otro lado de la calle, un coche negro estaba aparcado. No estaba allí cuando entró. Las ventanillas polarizadas no dejaban ver el interior.

—Te están mirando —murmuró.

“吾知。彼等恒在。然汝亦恒在。”

(Traducción: “Lo sé. Ellos siempre están ahí. Pero tú también.”)

Itzel entró y echó el cerrojo. Se sentó en la silla de los pacientes. Las hierbas colgaban del techo. El zumbido del fluorescente era como un canto.




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