Itzel: La sombra de Bian Que

Capítulo 8: Donde las montañas besan el mar

De vuelta en la carretera, Itzel sostenía el cofre sobre las rodillas. Las páginas prohibidas pesaban más de lo que deberían.

—Ahora tenemos las cinco —dijo Ricardo—. ¿Qué vas a hacer con ellas?

—Aprenderlas.

—Itzel, son peligrosas.

—Lo sé. Pero si los Coleccionistas vienen a por mí, necesito algo más que agujas.

La voz de Bian Que dijo:

“欲学禁术,需知其源。此五术非吾独创。乃吾师所授。彼以此术救人无数。亦曾以此术杀人。”

(Traducción: “Si quieres aprender las técnicas prohibidas, debes conocer su origen. Estas cinco técnicas no las creé yo. Me las enseñó mi maestro. Él salvó incontables vidas con ellas. Y también mató con ellas.”)

—¿A quién mató?

“不知。彼从未言。但彼临终前告吾:术无善恶。善恶在人心。汝需谨记。”

(Traducción: “No lo sé. Nunca habló de ello. Pero antes de morir me dijo: las técnicas no son buenas ni malas. El bien y el mal están en el corazón de quien las usa. Recuérdalo.”)

Llegaron a Iztapalapa al anochecer. La clínica estaba en calma. Doña Rosa había atendido a los pacientes y les había dicho que la curandera estaba de viaje.

—¿Encontraste lo que buscabas? —preguntó.

—Sí.

—¿Y es bueno o malo?

—Las dos cosas.

Esa noche, Itzel no durmió. Estudió las páginas prohibidas a la luz del fluorescente. La primera técnica, la Aguja de Recuperar el Yang, era la más compleja. Requería insertar una aguja en el punto Huiyin mientras se proyectaba el propio qi hacia el paciente. Si funcionaba, podía traer de vuelta a alguien que estuviera a punto de morir. Si fallaba, el practicante podía morir en su lugar.

“阳气者,若天与日。失其所则折寿而不彰。此术以针引阳气归元。然其寿若尽,不可强留。需慎。”

(Traducción: “El qi yang es como el sol en el cielo. Si pierde su lugar, la vida se acorta y se apaga. Esta técnica usa la aguja para guiar el qi yang de vuelta a su origen. Pero si el tiempo de vida se ha agotado, no se puede retener por la fuerza. Debes ser cuidadosa.”)

—Es un suicidio controlado —murmuró.

“然。故需慎。”

(Traducción: “Sí. Por eso requiere precaución.”)

—¿Me enseñarás?

“汝已决意?”

(Traducción: “¿Estás decidida?”)

—Sí.

“明晨。日出之前。”

(Traducción: “Mañana al amanecer. Antes de que salga el sol.”)

Pero al amanecer, no hubo clase. Porque el barrio amaneció en crisis.

A las seis de la mañana, Doña Rosa irrumpió en la clínica.

—Muchacha. Hay una epidemia.

—¿De qué?

—Dengue. Los hospitales están llenos. La gente se está muriendo en sus casas porque no hay camas.

Itzel salió a la calle. El barrio estaba en silencio, pero no el silencio de la noche. Era el silencio del miedo. Las ventanas estaban cerradas. Los puestos del mercado, vacíos. En la esquina, un niño temblaba de fiebre en brazos de su madre.

—Llévalo adentro —dijo Itzel.

En una hora, la clínica se llenó. Veinte pacientes. Treinta. Cuarenta. Fiebres altas, dolores articulares, vómitos. Itzel preparó todas las infusiones que sabía: epazote para bajar la fiebre, ruda para el dolor, manzanilla para los vómitos. La brasa de Shu ardía en su rincón, calentando las agujas.

Ricardo llegó con malas noticias.

—El centro de salud local te ha denunciado. Dicen que estás ejerciendo sin licencia en situación de emergencia.

—Que me denuncien. No voy a dejar que la gente se muera.

A mediodía, un periodista local apareció en la puerta. Se llamaba Julián Montero. Era joven, con una libreta Moleskine y unos zapatos llenos de polvo.

—He oído que aquí están curando a la gente con hierbas. ¿Es verdad?

—Mira a tu alrededor —dijo Itzel.

Julián miró. La sala estaba llena de pacientes. Algunos dormían. Otros bebían infusiones. Un niño que había llegado con cuarenta grados de fiebre estaba ahora sentado, comiendo una tortilla.

—¿Cómo lo hacen?

—Con lo que tenemos.

Julián anotó algo en su libreta.

—¿Puedo quedarme? ¿Para documentarlo?

—Quédese. Pero no estorbe.

A la tercera hora de aquella mañana, una mujer llegó con su niño en brazos. El pequeño tenía fiebre alta y los ojos cerrados. La fiebre no bajaba. Itzel le puso paños fríos. Le dio una infusión de epazote. Nada.

—Necesito algo más —murmuró.

La voz de Bian Que dijo:

“以瓷勺蘸油,刮其背部膀胱经。出痧则热退。”

(Traducción: “Toma una cuchara de cerámica. Mójala en aceite. Raspa su espalda siguiendo el meridiano de la vejiga. Cuando salga el sha, la fiebre bajará.”)

Itzel fue a la cocina. Tomó una cuchara de cerámica y un frasco de aceite de oliva. Volvió junto al niño. Le pidió a la madre que lo sostuviera boca abajo.




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