Jack Frost

Guerra

El primer disparo retumbó en el aire como un trueno que partió el silencio. El radar del tanque apenas tuvo tiempo de reaccionar cuando el cielo se iluminó con destellos rojos y azules; los soldados de Nady habían activado camuflaje óptico y ahora avanzaban desde todos los flancos.
—¡Contacto al frente! —gritó Carl por el comunicador—. ¡No son visibles a simple vista!--
Jack Frost descendió bruscamente desde las alturas, el aire a su alrededor se congeló al instante. Un manto de escarcha se extendió sobre el suelo, revelando las siluetas ocultas de los enemigos. Los reclutas aprovecharon la oportunidad y abrieron fuego, pero la ventaja duró poco. Nady había aprendido demasiado.
Desde una plataforma elevada, Nady observaba la escena con una sonrisa contenida.
—Activen el protocolo Borealis —ordenó—. Quiero ver si el avatar sangra.
De pronto, una onda de calor atravesó el campo de batalla. El hielo de Jack comenzó a resquebrajarse, evaporándose antes de consolidarse. Jack Frost retrocedió unos metros, sorprendido. Nunca habían contrarrestado su poder de esa forma.
—Está usando tecnología basada en tus propias habilidades —dijo Carl—. Nos estudió… nos anticipó.
Jack apretó los puños.
—Entonces tendremos que improvisar.
Mientras la guerra se desataba en el exterior, nadie notó que, bajo la empresa, una alarma silenciosa se activaba. Alisson abrió los ojos lentamente. El impacto de una explosión le había devuelto la conciencia. El suelo vibraba, el polvo caía del techo y, por primera vez en días, escuchó algo distinto: caos.
—Jack… —susurró con la poca fuerza que le quedaba.
Uno de los guardias entró apresurado, distraído por las órdenes que gritaban desde los comunicadores. Fue su error. Alisson, usando el último resto de energía, levantó la silla y la dejó caer con fuerza contra él. No fue un golpe perfecto, pero fue suficiente para tomar su tarjeta de acceso y activar el cierre del cuarto.
La guerra afuera se intensificaba. Alaric Thorn, desde una sala blindada, observaba los monitores con creciente inquietud. Aquello no era lo que había imaginado.
—Esto no es una operación de control —dijo para sí—. Esto es una masacre.
Cuando vio a Jack Frost enfrentarse directamente a las tropas, comprendió la magnitud de lo que había financiado. Por primera vez, dudó.
—Corten el suministro de armas al sector norte —ordenó—. Ahora.
Nady giró lentamente hacia él.
—Ya es tarde para arrepentimientos, Alaric.
En el campo de batalla, Jack Frost sintió el cambio. Algunos drones cayeron, los disparos disminuyeron. Aprovechó la apertura y se lanzó directo hacia la estructura central de la empresa.
—Carl —dijo por el comunicador—. La distracción funcionó. Voy por Alisson.
—Ten cuidado —respondió Carl—. Si caes tú, todo termina.
Jack atravesó muros congelándolos desde dentro, descendiendo a los niveles inferiores. Cada paso lo acercaba más… y también al recuerdo del Jack original, del hombre que jamás quiso una guerra.
Cuando finalmente llegó al pasillo subterráneo, escuchó una voz débil pero firme.
—Sabía… que volverías.--dijo Alisson.
Jack Frost se detuvo.
—Alisson. Viéndola con ojos de esperanza.
Pero antes de que pudiera avanzar, una sombra se interpuso entre ambos. Nady emergió desde la oscuridad, armada, con los ojos encendidos por la victoria anticipada.
—Bienvenido al final del camino, Jack Frost —dijo—. Esta vez… no escaparás.
Y así, mientras la guerra rugía en la superficie y el destino del mundo pendía de un hilo, el verdadero enfrentamiento estaba a punto de comenzar.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.