Jack Frost

Guerra Parte II

Nady no se movió de inmediato. No lo necesitaba.
El pasillo subterráneo vibraba con cada explosión lejana, pero ahí abajo el tiempo parecía haberse detenido, comprimido entre tres respiraciones: la de Jack, la de Alisson… y la de ella.
—¿Sabes qué es lo más interesante de todo esto, Jack? —dijo Nady, ladeando apenas la cabeza—. No es tu poder… es tu apego.
Jack no respondió. Sus ojos no se apartaban de Alisson, quien apenas lograba sostenerse en pie, apoyada contra la pared. Estaba débil, pero consciente… y eso bastaba.
El aire comenzó a enfriarse de nuevo alrededor de Jack.
—Aléjate de ella.
Nady sonrió.
—¿O qué? ¿Congelarás todo otra vez? —dio un paso al frente—. Ya vimos cómo termina eso.
Entonces, sin previo aviso, disparó.
Pero no fue un disparo normal.
El proyectil atravesó el aire dejando una estela incandescente. Jack reaccionó al instante, levantando una barrera de hielo que emergió desde el suelo con un crujido violento. El impacto fue brutal: el hielo se resquebrajó, vaporándose en segundos, obligando a Jack a retroceder.
—Protocolo Borealis, versión dos —murmuró Nady—.
Alisson reunió fuerzas.
—Jack… no… —su voz temblaba—. Es una trampa…
Pero ya era tarde.
El suelo bajo los pies de Jack comenzó a brillar con líneas azuladas. Un patrón. Un circuito.
—¿Qué…? —susurró él.
Alaric Thorn apareció en uno de los monitores del pasillo, su rostro tenso, casi irreconocible.
—¡Sal de ahí, Jack! —gritó—. ¡Es un campo de contención térmica inversa, va a—
La señal se cortó.
Y el mundo explotó en luz.
Una onda invisible atravesó el pasillo. El frío desapareció por completo. No había escarcha, no había aliento visible… no había nada.
Jack cayó de rodillas.
Por primera vez… no sentía su poder.
—Interesante, ¿no crees? —la voz de Nady sonaba más cerca ahora—. Te pasaste la vida dependiendo de algo que nunca entendiste del todo.
Jack intentó levantarse, pero su cuerpo no respondía igual. Era como si le hubieran arrancado una parte esencial.
—Esto… no te define —dijo Nady, casi en susurro—. Te limita.
Alisson, con un esfuerzo desesperado, logró avanzar un paso.
—¡Déjalo…!
Nady giró la cabeza hacia ella, apenas.
—Tú deberías estar agradecida. Gracias a ti… él vino directo a mí.
Jack alzó la mirada.
Y entonces lo vio.
Detrás de Nady, en la penumbra… una figura más.
Un hombre alto, inmóvil, observando en silencio.
Alaric Thorn.
Pero algo no estaba bien.
Sus ojos… no reflejaban duda esta vez. Eran fríos. Vacíos.
—¿Alaric…? —murmuró Jack.
Nady sonrió con una calma inquietante.
—¿De verdad creíste que dudaba? —dijo ella—. Alaric no cambió de bando… solo estaba esperando el momento correcto.
El silencio se volvió pesado.
Carl, desde la superficie, golpeaba el comunicador.
—¡Jack! ¡Jack responde! ¡Detectamos una caída total de energía en tu sector!
Pero no hubo respuesta.
Abajo, en el pasillo…
Alaric dio un paso al frente.
—El avatar ha sido contenido —dijo con voz firme—. Procede con la fase final.
Jack apretó los dientes.
Sin poderes.
Sin ventaja.
Y con todo en su contra.
Alisson lo miró, con miedo… pero también con algo más.
Confianza.
—Jack… —susurró—. No eres solo eso…
Nady levantó su arma lentamente, apuntando directo al corazón de Jack.
—Hora de comprobarlo.
El sonido del seguro al desactivarse resonó como un veredicto.
Y justo antes del disparo…
Las luces del pasillo parpadearon.
Una.
Dos veces.
Y se apagaron por completo.
El silencio se volvió absoluto.
Pero en la oscuridad…
Algo respiraba.
Algo… que no estaba ahí antes.
Y entonces—
Un susurro helado rompió la nada:
—¿Quién dijo… que necesitaba poder para congelarte?
Nady frunció el ceño.
—Eso es imposible…
Pero Jack…
Ya no estaba donde lo habían dejado.
Y en algún punto del pasillo, algo crujió.
Como hielo formándose… en un lugar donde no debería existir.




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