Jafar: El destino de un bastardo.

Capítulo 1

En Agrabah se dice que soy un hombre peligroso.

Es bueno que lo sepan.

Soy un hombre con carácter. Con el poder de hacer temblar a cualquiera que se consideré hombre poderoso o superior a todo el mundo.

Era a mí a quien el sultán delegaba los asuntos imposibles.

No siempre fui el hombre de temer que soy ahora.

Era el bastardo al que hasta los criados veían inferior, incluso más que ellos. Era el bastardo que mi padre, el sultán, había engendrado con una asquerosa prostituta. El único de sus hijos que logró sobrevivir luego de un año de nacido.

Como único hijo natural que logró sobrevivir, mi padre ordenó que se me criara y educara como lo que era: sangre de su sangre.

Y eso recibí: la educación y cultura de un príncipe.

Aprendí a hablar y comportarme como uno. También aprendí Historia de Agrabah y de la dinastía, administración del reino, diplomacia y relaciones con otros territorios, economía y recaudación de impuestos, negociación y resolución de conflictos, y estrategias militares.

Pasé gran parte de mi vida entre las cuatro paredes de la biblioteca real.

He leído cientos de libros en mi vida, pero hubo uno en especial que aprendí casi de memoria: el Libro de la Sucesión.

Aprendí de memoria el nombre de cada sultán que se sentó en el trono, también el de cada uno de sus hijos.

Me detenía en las páginas donde hablaba de mi padre.

Hablaba de la que era su esposa y sus nueve hijos, que fallecieron antes del año de nacidos.

Luego estaba mi nombre.

Jafar.

Inscrito: hijo bastardo.

Y la leyenda al final:

Aún sin heredero.

Siempre supe que no heredaría el trono.

Pero eso no hacía que dejara de sentirse como una injusticia.

Se sentía como una burla divina: ser el único hijo con vida de mi padre, siendo tratado como paria por haber salido de la prostituta privada de mi padre.

Luego mi padre tuvo una revelación en forma de sueño: yo, en el trono, con mi primogénito en brazos.

Fue entonces que el sultán ordenó mi legitimación, pero la Mesa Redonda se negó.

Luego se reunió de nuevo con ellos para exigir una reforma en las leyes de sucesión, pero los malditos volvieron a negarse.

Y aunque mi padre siguió insistiendo, esos miserables dejaron de lado la exigencia de mi padre cuando enfermó.

Fue entonces que me di cuenta de que mi padre era débil, incapaz de hacer valer su palabra.

Finalmente, cuando murió, quien me arrebató mi derecho de nacimiento fue mi tío, hermano de mi padre.

Y fue entonces que lo comprendí todo.

Necesitaba hacerme del poder para, un día, poder recuperar lo que me arrebataron.

Y me convertí en el hombre que soy ahora.



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En el texto hay: villano, fanfasia, fan-ficción

Editado: 17.10.2026

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