La luna llena sangraba en un vivaz rojo.
Morgan no podía apartar la vista, sombras se movían agitadamente en el rojo. Figuras indistintas que aparecían y desaparecían entre la luz. Recuerdos o ecos de una historia olvidada, el rojo envolvía decenas de hilos blancos, tensándolos hasta romperlos, antes de que todo color empezara a desvanecerse ante su atenta mirada, casi como si algo absorbiese el rojo y un blanco brillante volviese a quedar en ella.
Todo quedo en silencio. Las figuras desaparecieron. Los hilos también. Sólo quedó la luna. Un sonido gutural escapó de su garganta, casi como si de un animal se tratase. Al mismo tiempo una voz resonó fuerte en su mente con demasiada fuerza. <<Recuerda>>
El olor a tierra mojada, hojas y fruta madura la envolvió con una familiaridad alarmante. Jadeo al abrir los ojos. La voz desapareció al instante mientras Morgan miraba a su alrededor con el corazón desbocado, césped y tierra bajo sus manos, barro en sus uñas y pies, un corte irregular en la pierna, había sucedido otra vez. Los sueños.
Se levantó cubriéndose el cuerpo en vergüenza, la brisa fría de la noche calaba sus huesos y un estremecimiento la recorrió, por suerte, después de la primera vez había aprendido la lección. Trepar era parte de la rutina. Recuperó la mochila impermeable que había escondido entre las ramas después de su primer sonambulismo y se vistió con rapidez.
La luz de la luna la iluminaba en el circulo del claro del bosque y ya vestida se tumbó en el césped, los árboles frutales la rodeaban, pequeños animales se escuchaban, también el sonido del rio. Su vista solía desviarse como siempre de la luna, hacia un enorme árbol antiguo grueso y frondoso. Antes se solía asustar demasiado, ahora simplemente cerraba los ojos y dejaba que las imágenes del sueño inundaran su mente, la primera vez escuchó los pasos y unos ojos amarillos animales le devolvieron la mirada, la segunda vez correr, corría apresuradamente, por lo menos tenía la sensación de estar corriendo, puesto que no estaba del todo segura de que así fuese y el tercero la luna roja.
Así fue recordando cada sueño anterior, se repetían de forma cíclica, siempre en luna llena. Su piel picaba y luego dejaba de arder, calmó los latidos de su corazón y volvió la vista hacia arriba.
<<¿Qué me está pasando>>
Los sueños ya no la aterraban. El problema es que aun no sabía que estaba recordando.
Agudizó su oído al sentir pasos, el crujido de las hojas la pusieron en alerta, su primer instinto fue trepar al árbol nuevamente, pero esta vez se escondió entre el follaje y las ramas. Buscó con la mirada, pero no veía nadie cerca, los vellos de su nuca se levantaron en una tensión palpable, no se quitaba la sensación de estar siendo observada.
Morgan esperó, luego un poco más, pero nada cambió, solo que sus vellos dejaron de tensarse, así que bajó se sacudió y corrió a la vía principal, bajo la mirada rara de algunos transeúntes, seguramente otra vez tenia el cabello con hojas. Sacudió la cabeza y se apresuró a llegar a casa, el comercio estaba cerrando y sólo los lugares nocturnos estaban abiertos, al tratarse de un pueblo pequeño, todo quedaba relativamente cerca. La caminata despejó su mente.
A Morgan la aterraba no saber cómo llegaba hasta ese mismo lugar cada vez. Había ido a varios especialistas en sueño y todos llegaban a la misma conclusión de que no había nada malo con ella, teorizaban que su sonambulismo podía deberse al cambio de ciudad, pero ella lo dudaba. Con un suspiro exhausto se tumbó en el sofá, pero solo llegar su celular vibró en la mesa, un mensaje de texto.
Parker: Morgan ¿Se te pegaron las sábanas, Tormentosa? Recuerda que hoy nos veríamos en el club y aquí no estás.
Morgan: ¡Ya voy en camino!
Morgan sonrió, olvidándose por un momento de lo que había pasado minutos antes, porque, aunque era nueva, tenía un amigo en quien apoyarse, era raro, pero confiaba en Parker como si le conociera de muchísimos años.
La ducha la hizo sentirse renovada y se vistió con un hermoso vestido del mismo color que la luna de sus sueños y su cabello. Sabía que se trataba de un club, pero no estaba acostumbrada a los de pueblo, sino a los de ciudad, por lo que no sabía que podía o no ser apropiado para aquel momento, dejó su cabello caer libre sobre su espalda las ligeras ondas puesto que no tuvo tiempo de terminar de cepillarlo si no deseaba llegar tan tarde.
El taxi no demoró en llegar sino escasos 10 minutos y como pensaba era bastante diferente a lo que había inicialmente imaginado, si, había la usual pista de baile y barra de bar, pero también había un espacio arriba con mesas y sillas donde las personas ordenaban alimentos, no muy elaborados, pero para ella eso era extraño.
― ¡Parker! ―gritó haciendo un pequeño gesto con las manos en cuanto le vio.
El pelirrojo se acercó a Morgan con una sonrisa que dejaba entrever el hoyuelo que se marcaba en su mejilla izquierda, tomó su mano y la hizo dar un giro en aprobación antes de con una sonrisa que auguraba problemas la condujo hacia determinado punto del club.
―Hoy te quiero presentar a alguien. Siempre que yo no pueda estar para ti, es el hombre a quien contactar, soluciona desde una chanta pinchada, hasta puede sacarte de la cárcel. Aunque ese suele ser más tu trabajo. ― Parker le guiñó y ella rio, sabia que ella detestaba litigar y por eso buscaba trabajos mas de tipo administrativo, pero independientemente se dejó llevar. Pero se detuvo en seco en cuanto le vio.
―Morgan, este es Björn, Björn, esta es Morgan. ― La voz de Parker se escuchaba un poco lejana, la mente de Morgan no dejaba de repetir <<Peligro>> <<Mío>> su corazón saltó en su pecho, podía sentir su propia sangre recorrerla, pero no podía moverse o apartar la mirada, la miel de sus ojos parecía atraerla y ella refrenaba el impulso de decir alguna imprudencia, su cuerpo dio un paso inconsciente hacia adelante.