Se rumoreaban muchas cosas en los pasillos del colegio, desde los chismes del corazón sobre el triángulo amoroso de Hyacinth Grayson, Jake Porter y Roni Wallace, aunque un chisme de enero, todavía seguía vigente en esos primeros ocho días de marzo; entre ellas el engullimiento de Dominique Fewrtz; la creciente amistad de Aster Blackwood con Hyacinth Grayson, en oposición a la ruptura de amistad de esta última con los mellizos Wallace; pero que también a Roni Wallace se la veía junto a Merrick Carter, el partidazo del tercer curso de Aqueonia.
En el ala médica para las mascotas mágicas se encontraban el zoólogo mágico Marlon Clementine, profesor temporal de la clase mágica Domestia y la Astylige Sophie B. Woods, que pronto se presentaría como la profesora temporal de la clase Luminaria, trabajando en mejorar la salud de Ginger, el gato, ya que está había decaído un poco después de su valiente lucha contra el Teneskhlam para salvar a su persona mágica, Hyacinth Grayson.
En la misma sala, se encontraba Nicté, la lechuza compañera de Aster Blackwood, quien también había luchado valientemente contra la bestia oscura para proteger a su persona mágica, todavía no presentaba síntomas de enfermedad como el gato Ginger, y por eso estaba en observación.
–Ya, ya sé, preciosa. -contestó la profesora Sophie a un ulular de Nicté, con voz queda y tranquila, mientras le ofrecía el brazo cubierto con una manga de cuero para que el ave se posara sobre él.
–Qué curioso, Sophie. -comentó el zoólogo mágico Marlon Clementine, tras Sophie B. Woods.
–¿Qué cosa? -preguntó la Asatylige Woods, volteando hacia el zoólogo mágico Clementine.
Marlon Clementine miró un poco embobado a su esposa, que como él, vestía un overol de mezclilla, que si bien estaba igual o más sucio que el que él llevaba puesto, lucía mucho mejor en ella. Marlon siempre pensaba que Sophie tenía un brillo que lo fascinaba, desde la primera vez que la miró, sobre todo porque Sophie tenía un toque con tratar a lechuzas, en cambio, él sentía pánico cada que tenía que tratar con una.
–Yo no le agrado a las lechuzas, al menos no tanto como tú. -comentó Marlon, y Sophie soltó una pequeña carcajada.
–Pero Nicté es una chica buena, ¿verdad, Nicté? -preguntó Sophie-. Deberías de saber que los animales mágicos son más sensibles que los no mágicos al sentir de las personas que se le acercan.
Nicté ronroneó suavemente, como si le diera la razón a Sophie.
Marlon sentía ganas de acercarse a Sophie para platicar con ella, pero su pánico por la lechuza que en ese momento descansaba en el brazo de su esposa, le impedía moverse.
–Ya te conté, ¿no? Cuando era bebé, una bruja convertida en lechuza quiso robarme de los brazos de mi madre. Me dejó esta cicatriz. -explicó el profesor Marlon Clementine, al mismo tiempo que le mostraba una cicatriz que iba de detrás de la oreja a lo largo del cuello y se escondía debajo del cuello de la camiseta que vestía.
–Ya recuerdo. -comentó Sophie con una sonrisa-. Pero una bruja convertida en lechuza no es una lechuza, tampoco una lechuza mágica.
Sophie aprovechando la confianza que su esposo tenía depositado en ella, se había acercado lentamente a él, haciendo quedar a Nicté muy cerca del rostro de Marlon, quien al darse cuenta, se puso tan blanco como una hoja de papel, y se tragó un ruidoso nudo de la garganta.
» Tranquilo, Marlon. Nicté se portará bien. ¿Verdad, Nicté? -preguntó Sophie, con voz tranquilizadora tanto para el hombre como para el ave.
–P’p’por f’f’fav’vor… -suplicó Marlon, sintiendo como el sudor le recorría la sien.
–Tranquilo, sanador; sabes que si no te calmas, pondrás nerviosa a Nicté. Pero igual, la guardaré. -dijo Sophie.
–G’g’gracias. -dijo tartamudo Marlon tan pronto vio que Nicté volvía a su jaula, relajándose visiblemente.
–Ahorita te dejo salir, preciosa. -susurró la profesora Woods con ternura.
–A ti te gustan las aves. -comentó Marlon fascinado por la forma en que Sophie manejaba a la lechuza-. Las lechuzas en particular, querida.
Sophie miró a su esposo, lucía sucio, después de haberse arrastrado por varios rincones buscando mascotas, pero él parecía realmente interesado, lo que infundió seguridad en ella para confiarle algo que consideraba muy íntimo.
–Ya sabes que cuando era estudiante tenía una lechuza como mi mascota compañera. -comentó Sophie.
–¿Tenías? -preguntó interesado Marlon, realmente percibiendo la nostalgia en la voz de su esposa, pero sí, se había dado cuenta de que a ella no la acompañaba una mascota mágica guardiana.
–Sí, pero se enfermó y en su momento no supe atenderla y pasó a mejor vida. -explicó.
–¿Y de qué se enfermó la lechuza? -preguntó Marlon, notando tardíamente la tensión en Sophie-. Disculpa, fue muy metiche la pregunta.
–No, no eres un metiche. -dijo la Sophie-. Te preocupas por los animales mágicos.
–Sí, cierto. -respondió Marlon, de uno del bolsillo de su camisola se miró el pequeño morro de un roedor, y luego se le escuchaba cómo chillaba suavemente-. Mira, Joelle quiere saludarte. -comentó entusiasmado Marlon.
–¡Hola, Joelle! -sonrió Sophie.