Jamás me volvería a casar contigo.

El segundo viernes en el que se conocieron.

Alfonso y Dulce María jóvenes y solteros 1987, parte 3.

Viernes 12 de noviembre.

Realidad original.

  –Alfonso se acomodó la ropa y comenzó a caminar tranquilamente hacia su casa, para no llamar la atención de la policía, y Juan Carlos al verlo, le gritó para que se subiera al taxi de Dulce María, cuando ya los policías estaban buscando a quien detener.

  –¡No manches Alfonso! ¿Esa es tu ex novia? Está bien hermosa; ¿Y el tipo que golpeaste era tu socio o que?

  –No se cuál de los dos que golpee era mi socio.

Le dice Alfonso ya habiéndose subido al taxi en el asiento delantero.

  –Yo creo que tenía dos socios.

  –¡Holaaa! Mucho gusto, mi nombre es Dulce María.

Dice Dulce María desde atrás del asiento del conductor, haciéndose presente ya que ni su amigo Juan Carlos, ni aquel peleador callejero, parecían haberla tomado en cuenta.

  –¡Ah si disculpa! Pero es que con la emoción se me había olvidado que tú estabas aquí, y que era tu taxi, Dulce María, él es mi amigo Alfonso, Alfonso, ella es mi amiguísima Dulce María.

Alfonso se tuvo que torcer para poder darle la mano a aquella chica que no había visto y que apareció en el fondo del taxi.

  –¡Mucho gusto señorita! Y disculpe por no haberla saludado, es que vengo algo alterado por unos tipos que me sacaron de la disco.

Dulce María levantó la mano para saludarlo y tanto él como ella, sintieron algo raro al estrecharse las manos, porque aún sin saberlo, estaban destinados para hacer toda una vida juntos.

  –¿Te conozco? –le pregunta Alfonso aún sin soltarle la mano.

  –¿Para dónde los llevo, jóvenes? –interrumpe el taxista.

  –A mi déjame en mi casa Juan Carlos. –dice Alfonso. –Ya sabes que el onceavo de los 20 mandamientos es no estorbar, así te dejo a solas con tu novia.

  –¡Ella es solo mi amiga, Alfonso! Ya te lo dije cuando te la presenté, así que no estorbas, mejor vámonos a otro antro para que se te baje el coraje.

–Además Hoy es mi cumpleaños, Juan Carlos. –dice Dulce María.

  –Ah bueno, si no es tu novia o vieja o andan quedando, si jalo, y más si es para festejarle su cumpleaños, pero primero pasamos a una tienda o farmacia para comprar algo. –dice Alfonso indicándole al taxista una dirección.

  –¿Te dieron muy duro, batito?

Le pregunta Dulce María al verlo regresar de la farmacia, y viendo que se guardaba algo en los bolsillos del saco.

Él se tuvo que sentar en el asiento trasero con ella porque Juan Carlos ya se había pasado al delantero, para platicar con el taxista, que al parecer resultó su conocido.

  –¡No para nada! ¿Cómo crees? Ni me tocaron esos idiotas, fueron los de seguridad los que me arruinaron el saco cuando me querían sacar, de hecho no me pudieron sacar, si no hubiera aparecido una de las meseras que es mi amiga, yo creo que tumbó la disco.

En eso él la vio más de frente y de cerca, Dulce María era una de esas chicas que fácilmente ganarían cualquier concurso de belleza, apenas en los 21, de piel morena clara, cabello castaño, ojos cafés, muy bien desarrollada ya en sus formas de mujer, y con una verdadera cara de muñeca que a Alfonso le encantó, pero una vez más, un dejá–vu, le acogió el corazón.

  –¿Disculpa, te conozco? –le volvió a preguntar.

  –No lo creo, batito, yo nunca te había visto antes, y si dices que no te golpearon; ¿Qué compraste en la farmacia?

  –¡Eso es una sorpresa cosita hermosa! ¿Vamos a ir a la 5ta dimensión o a qué disco, Juan Carlos?

  –¡Esa está muy lejos y además ha de estar llena! Vamos mejor a la Rana Rosa. –dice Juan Carlos.

  –¿Pues si verdad? Además ya habíamos quedado de ir ahí antes de la bronca.

  –¿Y tú vienes de viaje o apenas te vas?

Le pregunta Juan Carlos a Dulce María al ver qué traía una maleta, para hacerle plática en lo que el taxista los llevaba a su destino.

  –Vengo llegando de México, fui a arreglar unos papeles de mis estudios, pero si voy a mi casa ya no me van a dejar salir, y como hoy cumplo años, pues por eso te andaba buscando en la 20, a ver si te veía a ti o alguna amiga, y fue cuando te vi en la Escrúpulos, y le dije al taxista que se regresara para ver qué hacíamos.

  –Pues nosotros ya íbamos para la Rana Rosa, así que volviendo al plan original, yo te invito, y aquí mi amigo y yo te festejamos tu cumpleaños.

Le dice Juan Carlos y Dulce María aceptó encantada, mientras volteaba a ver a Alfonso, aquel chico rubio y alto, de pelo corto, que estaba sentado al lado de ella, que apenas la miraba, que se veía tímido, apenas y le hablaba, y por ratos se quedaba callado, cómo si entrara en letargos de ausencia.

Ella vestía de pantalón de mezclilla y una blusa oscura, zapatos bajitos de manera informal, pues venía de viaje, con poco maquillaje, al llegar a la Rana Rosa, Alfonso le ayudó con la maleta y se acomodaron en una mesa de las de en medio, al borde del escenario.




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