Jane

Capítulo 8

Durante la cena de aquella noche se había imaginado que estaría solo como había estado en el centro del que acababa de salir, pero nada más lejos de la realidad. Se sentaban todos en una larga mesa con bancos y cenaban juntos, charlando y bromeando entre sí. Y tampoco se esperaba que la gente fuera a dirigirse a él. Había quien le decía que en el fondo le parecía que estaba siendo valiente. Otros que era un egoísta, pero que molaba su forma de pensar. Otros tantos, simplemente lo escuchaban. Meg incluso le dio más conversación de la que habría creído, pero seguía diciendo que el chico estaba loco haciendo lo que hacía. Vivian, por otro lado, se sentó en el extremo opuesto a él y no le hizo ningún caso.

Cuando terminaron de cenar Rick se dijo que tenía que mirar de hablar con ella, pero la chica consiguió escabullirse por entre la gente y para cuando Rick pudo seguirla, ya se había metido en su habitación y no sabía cual era esta. Se encogió de hombros y pensó que la vería por la mañana.

Aquella noche, mientras estaba echado en la cama escuchando Maria Magdalena de Sandra, se preguntó como terminaría todo aquello. Había decidido algo que realmente era lo más loco y descabellado que había decidido en su vida. Y se la iba a cambiar radicalmente, aquello era seguro. Poco después se quedó dormido, pensando...

A la mañana siguiente, después de desayunar con gente que ya lo trataba como a uno más, se le acercó Arnie, que no parecía haber dormido mucho.

—Deberíamos llevarte a la enfermería—dijo.

—¿Por qué? Estoy bien.

Pero él no lo estaba escuchando porque estaba haciéndole señas a una chica que acababa de levantarse de la mesa. Rick vio que era un poco mayor que él y ligeramente gruesa, con el cabello oscuro como Vivian recogido en una cola y con un turbante de tela. Le decoraban la cara unas graciosas gafas demasiado grandes. Lo saludó con una sonrisa.

—Esta es Kathy, la chica de la que te hablé ayer.

—La que quiere que me opere—dijo Rick, enarcando una ceja y cruzándose de brazos.

—No. Te habría operado de querer tú. Pero de esta forma lo que tiene que hacer es mirar que estés bien de todo: hacerte ecografías, analíticas, breve examen psicológico...

—Eres médico, entonces—dijo Rick, mirando a la chica con nuevos ojos.

—Sí, obstetra para ser más exactos. Conviene tener uno siempre por aquí—le dijo, aún sonriendo—¿Vienes conmigo entonces?

Rick miró alrededor en busca de Vivian, pero ella ya no estaba por allí.

—Está bien.

—Infórmame con lo que sea, Kathy, yo voy a reunirme con Vi y el equipo de coordinación para ver qué planeamos.

—Está bien.

La chica se marchó por uno de los múltiples pasillos que salían del comedor y Rick la siguió de cerca. No dijeron nada más hasta que llegaron a una consulta que difería mucho de la del centro. Había decoración infantil, era acogedora, y Kathy era totalmente diferente de McNeal.

—A ver... ¿Por dónde empezamos?—dijo ella al llegar allí y cerrar la puerta. Se fue a un colgador y se puso una bata que se abotonó automáticamente, con, se imaginó Rick, botones magnéticos o algo así.

—Me acababan de hacer una ecografía, así que si te quieres ahorrar eso...

—Nada de eso—dijo firmemente—Aquí no ahorramos nada. Yo no he visto al bichito y ahora soy yo tu doctora.

A Rick le hizo gracia que llamara así al bebé. La chica se puso ante la pantalla holográfica y fue rellenando una hoja.

—Bien, túmbate.

Rick obedeció.

—¿Te dijeron en qué semana estabas?

—La 7.

—¿Y cómo estás?

Él se quedó un poco cortado. Entendía que en aquel siglo la igualdad era real, pero no sabía si en una situación tan extraña como en la que se encontraba tal vez un hombre habría ayudado más o habría sido igual de embarazoso que con una chica. Ella pareció comprender.

—A ver... Rick. Debes comprender que esto es mucho más natural de lo que crees. En Pacific podría estar viendo decenas de chicos cada día que han decidido tener bebés por su propia cuenta. Sé que eres de otra época, pero te ayudará mucho verlo como yo te estoy diciendo. Fíjate, a lo mejor llegas a tiempo para ir a alguna clase en Pacific.

—¿Clase?

—Por supuesto. Clase de preparación a la maternidad igual que para mujeres. En el hospital en el que yo trabajo cuando no estoy aquí ya se hacían conjuntas, hombres embarazados con mujeres embarazadas. Es tan bonito ver la igualdad que puede haber en algo tan... vital.

Rick miraba muy sorprendido a la chica y admiró con cuanta devoción decía aquello. Se relajó, casi sin pretenderlo.

—Bueno... me siento bien—explicó—Pero devuelvo cada mañana religiosamente.

—Eso es totalmente normal, nada de que preocuparse.

—Ya, pero a veces, se pone duro...

Lo dijo señalando el lugar en el que antes hubo tenido la marca de la operación.

—También totalmente normal.

—¿Por qué?

—Pues porque el útero se tiene que preparar para lo que tiene que hacer. Y tiene contracciones, por eso se pone duro y puede doler a veces. Mientras el dolor no sea demasiado fuerte es totalmente normal.

Rick se sintió más aliviado de lo que habría creído. Asintió, pensativo.

—Vamos a ver el bichito—dijo Kathy, animada.

Se repitió la operación de sentir el frío gel en la barriga y la presión del aparatito. Enseguida vio que la calidad de la imagen de aquel ecógrafo no era tan sofisticada como la del centro, pero se veía de lejos mejor que hace ciento cincuenta años. Kathy le explicó como estaba todo con mucho detalle y amabilidad, y Rick se lo pasó bastante bien.

—Supongo que hace unos días no te dejarían ver nada.

—Apenas, pero algo sí.

—Bueno, seguro que esto es mucho mejor—dijo Kathy, pagada de sí misma.

Rick prefirió no hablar de la diferencia de calidad e intentó disfrutar del momento.




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