Jane

Capítulo 23

La reincorporación de sus padres en su vida conllevó algunos cambios. Rick no se marcharía a vivir a la casa de Sunset Hills, pues a su madre le encantó la reforma y Rick decidió dejarles a sus padres un buen merecido espacio. Vivian se mudó definitivamente a vivir en el piso de Rick y se veían regularmente con los padres de este.

Vivian, sospechó Rick, veía a sus padres como una oportunidad de tener algo parecido a lo que había perdido. Cuando la chica se mudó a vivir con él le pidió colocar algunas de las pocas fotos que conservaba de ellos. Las había traído en marcos normales, que en realidad ya se usaban muy pocos al haber sido sustituidos por marcos digitales. Pero Rick se había empecinado en comprar unos caros marcos que conservaban las fotos de todo tipo de condiciones adversas que pudieran estropearlas. Y adquirió tanto para las fotos de ella como para algunas de las que quisieron enmarcar de él.

El chico muchas veces se quedaba ensimismado mirando tan peculiar pareja. Le gustaba especialmente una foto que habían querido hacer en blanco y negro y que aparecía Vivian con seis o siete años, la boca llena de agujeros al faltarle los dientes de leche, y sus padres. Ella acuclillada a su lado, le recordó a Madonna en el videoclip de Who's that girl, porque iba con el cabello corto y un traje de chaqueta y pantalón, con un sombrero. Parecía un hombre excepto por el hecho de que tenía las facciones inequívocamente femeninas. Vivian se parecía mucho a ella. Y su padre estaba al otro lado, de pie, y casi parecía una Drag Queen. Muy maquillado, con una larga peluca morena y un vestido bien ceñido. Pero se les veía felices y a Vivian, radiante.

Desde que regresaron del hospital apenas necesitaron los servicios de Rosanna, pues Cora casi acaparaba a la niña. Disfrutaba con su compañía y la quería a todas horas, y cuando no estaba con ella, iba al piso. Rick hacía mucho que no la veía hacer tanto el tonto con alguien y se preguntó si tal vez a su madre no le habría gustado tener algún otro hijo. Pero le pareció un tema sumamente personal y no quiso preguntarles nada a ninguno de los dos.

Finalmente un día fueron a comer a casa de Kathy y Rick conoció a su marido y a sus dos hijos. Para las familias tan variopintas que se estaba acostumbrando a ver por allí, la familia tan común que vio en casa de Kathy casi le sorprendió. Tenían una casa parecida a las que había en Sunset Hills y tenían una pequeño jardín con piscina en el que los niños no paraban de correr y jugar. Jane se estuvo todo el tiempo observándolos con interés, hasta que después de comer, inevitablemente, se quedó dormida a pesar del ruido que había a su alrededor. Rick no entendió como, con una familia y una vida como aquella, Kathy había podido ser capaz de renunciar a aquello para marcharse a Shadow City, para llevar a acabo misiones tan estresantes y arriesgadas como la de sacar a gente de un lugar como el centro. Y se sintió un poquito peor por haber sido él el causante de algo así.

Poco después, fue Kathy quien les dijo que tendrían un niño, y no tuvieron que hablar mucho para acordar que lo llamarían Allan.

Hacía unos dos meses que vivían inmersos en aquella vida tranquila cuando Rick recibió una mañana una llamada del presidente Reynolds.

Le estaban probando vestiditos a Jane, que se dejaba hacer con paciencia, y estaban los tres, Rick, Vivian y Cora riéndose de los dispares peinados que le hacía Vivian a juego.

—Rick, tienes una llamaba de Severus Reynolds—anunció Zeus por encima de las risas.

—Vale, contesta—dijo Vivian, que era la que estaba más cerca del dispositivo.

—Rick, ¿estás ahí?—sonó en el salón la voz del presidente, y Vivian notó que estaba preocupado.

Rick se levantó del sofá después de dejarle la niña a Cora y se acercó al teléfono.

—Sí, dígame—dijo con una sonrisa aún.

—Necesito que vengas a mi despacho inmediatamente.

—¿Pasa algo?—preguntó, un poco más serio. Vivian lo miraba, expectante.

—Ven y hablamos—dijo, y colgó.

—La llamada ha sido interrumpida—anunció Zeus.

Rick se quedó mirando un momento a Vivian, pero luego se encogió de hombros.

—Está bien, iré.

—¿Quién es ese presidente?—preguntó Cora.

—Pues... el presidente del gobierno de esta ciudad—le explicó Vivian.

—Vaya, ¿y llama a Rick? ¿Desde cuándo se ha metido en política?

—Desde que es quien es...—susurró Vivian, algo pensativa.

Rick salió de la habitación, calzado, y cogió las llaves del coche.

—No exactamente quien soy. Yo más bien diría por lo que soy. Hasta luego.

Le dio un besito a cada una y se dirigió a la puerta.

—Llámame—le pidió Vivian, preocupada.

—Descuida—dijo Rick, y cerró la puerta.

—¿Acaso es algo malo que lo llame este hombre?—preguntó Cora.

Vivian sólo sonrió, y volvió con ella al sofá.

 

Cuando Rick llegó a la sede del gobierno enseguida fue recibido por la secretaria del presidente, que mostraba un gesto de gravedad.

—Buenos días, Rick—lo saludó.

—Buenas.¿Qué pasa?

—Ahora te reunirás con el presidente.

Rick entendió que la mujer no estaba autorizada a decirle nada y decidió ser paciente y esperar a llegar al despacho del hombre. Una vez allí, vio que Reynolds tenía una videocámara delante de él. Tenía el semblante muy serio.

—Buenos días. ¿Qué sucede?—preguntó Rick, sentándose, como siempre, en la silla de delante del escritorio.

—Hola, Rick. Lamento mucho haberte tenido que sacar de tu casa, pero te necesitaba para un asunto de suma importancia.

Rick asintió y aguardó a que el presidente continuara hablando.

—Verás, en realidad me tendría que haber puesto en contacto contigo mucho antes, pero lo he intentado evitar. Pero ya no puedo hacerlo más. El presidente O'Connor, de Shadow City quiere entrevistarse con nosotros.




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