Jane parte 2. La comunión mental

Capítulo 4

El entusiasmo de Alas por la decisión de Inek de asistir a la fiesta lo abrumó muy pronto. Supo que los ropajes tan elegantes que había comprado en el mercado eran para asistir a aquel evento. Alas parecía haber tenido todo pensado. Que si verían a tal o cual vaturiano que llevaba mucho sin ver. Que se daría gracias a Viria, la diosa de la fertilidad de Nagala, se haría una ofrenda en honor a… Al día siguiente, muy temprano, Inek salió y se marchó al bosque. Todo aquello le estaba resultando agobiante. Además, al parecer, su ati había sido de los primeros en enterarse de la noticia, pero unas horas más tarde se extendió por todo el poblado y la gente empezó a celebrarlo por su cuenta, lo que proveía al lugar de ruido, música y voces alegres constantemente. Y aunque en aquel momento temprano de la mañana estaba todo silencioso, Inek ya sabía que en cuestión de unas pocas horas todo volvería a ser jaleo. Y tenía claro que para entonces él estaría muy lejos de allí.

Para el anochecer de aquel mismo día ya estaba a muchos kilómetros de Kugula. El bosque lo había recibido casi con alegría de volver a tenerlo en su seno. Y a la inversa era igual. Aquella noche se tumbó sobre un lecho especialmente esponjoso de hojas y pudo observar como Nimei, Tsunei y Nimara estaban prácticamente llenas. A una le faltaba un poco, la otra empezaba a menguar y la última estaba casi perfecta. ¿Sería aquel fenómeno lo que había propiciado el nacimiento de aquel bebé? Inek se encogió de hombros y no tardó mucho en quedarse dormido.

Cuando se despertó por la mañana descubrió que no estaba solo. A unos brazos de él estaba acurrucado Karim. Seguía muy dormido e Inek se preguntó qué hacía él allí. Se levantó y se marchó unos instantes. Para cuando volvió, el chico estaba sentado frotándose los ojos.

—Buenos días —saludó Inek con una sonrisa.

Karim lo miró con cara de pocos amigos.

—¿En serio?

—Sí, de verdad. Suelo decirlo cada mañana.

—Pues esta no. No son buenos para mí.

—¿Por qué no? ¿Hay algún sitio mejor que este para estar?

Y se sentó a su lado observando su alrededor, muy satisfecho.

—Pero, ¿tú eres consciente de lo lejos que te has ido en tan poco tiempo?

Inek lo miró un poco sorprendido. Él sabía perfectamente en qué punto del bosque se encontraba, pero no se había parado a pensar en si era mucho o poco para un día de camino.

Al ver que no contestaba, Karim chasqueó la lengua.

—Déjalo estar —dijo —La cuestión es que te he pillado y aquí estoy. ¿Cuál es el plan?

—¿Plan?

—Sí. Habrás venido por algún motivo. Excepto que no me lo quieras contar porque no quieres que esté aquí o algo así…

—Oh, no, nada de eso. No entiendo muy bien porqué estas aquí, pero no quiero que te vayas. No… Sólo he venido porque estoy mejor que en Kugula. Y porque mi ati me estaba agobiando con lo de la fiesta en honor del bebé de Su Majestad.

—¿Os han invitado?

—Sí.

—Vaya, qué suerte.

—¿Suerte? ¿Tú crees?

Karim lo miró como si estuviera loco.

—¿Que si lo creo? Vamos a ver, Inek. La reina, como ya sabrás, es… bueno, no se conoce su edad.

—Lo sé.

—Vale, y, ¿cuántos bebés tiene? Es el primero. ¿Te imaginas la exclusividad de lo que vas a vivir? ¿Quién sabe cuándo volverá a pasar algo parecido o si volverá siquiera a pasar?

Inek se quedó mirando al frente pensando en lo que Karim le decía y empezó a entender que realmente se le concedía un gran honor al poder asistir a aquel evento. Pero aún así…

—Aún así, prefiero pasar estos días aquí. Mi ati está un poco pesado.

—No me extraña.

—¿Tú no puedes asistir?

—No —contestó Karim, pero no parecía apesadumbrado. De hecho, Inek lo miró y vio que sonreía—Voy a estar por ahí, aunque no se me vea.

—¿En serio?

—Sí, pero no puedes verme. No puedo dejarme ver.

— ¿Por qué?

—Pues porque no estoy invitado. Me van a colar algunas amigas que tengo en palacio —dijo con una sonrisa petulante.

Inek puso los ojos en blanco.

—¿Vas a dejar que unas criadas te cuelen en palacio?

—No. Doncellas.

—¿No viene siendo lo mismo?

—No exactamente. Ellas están con la reina. Y yo con ellas.

Inek volvió a mirar a Karim, serio, pero no pudo evitar reírse al ver la expresión del chico.

—¿Con todas? ¿En serio?

—¡No! No… habré estado con casi todas en algún momento, pero no a la vez. No te pases.

Inek puso los ojos en blanco. Aquel chico era demasiado para él. O él quería quedarse estancado en un lugar que no le convenía. Tenía ocasión de reírse y pasárselo bien. ¿Qué más daba si ya era un cincuentón? Podía hablar de cosas como aquella sin ningún problema, seguro.

—¿Y nunca te han pillado?

—No. Soy el rey de la discreción. Ellas no.

—¿Ellas no? —preguntó Inek extrañado.

—No, las hago gritar.

Inek se levantó y miró a Karim desde su altura.

—Pervertido —dijo, pero sonreía.

Karim estalló en carcajadas y se levantó también.

—¿Así que vas a seguir por aquí?

—Sí, tengo cosas que hacer —dijo Inek mirando al frente de nuevo con expresión concentrada.

—¿Como qué? —preguntó Karim, que al parecer no daba crédito de que alguien tuviera algo que hacer en un bosque como aquel durante días.

—Pues verás, tengo que ver a alguien que corre y salta como… ¿Cien mil veces mejor que yo? Y superarlo.

Karim lo miró con una sonrisa salvaje, se rió a carcajadas y desapareció de allí como un borrón azul, levantando varias hojas del suelo a su paso.

 

—Ya era hora, muchacho —le dijo su ati una semana más tarde, cuando por fin llegó a casa —Y que sepas que vas echo un asco.

—No soy un muchacho, y me da igual si voy hecho un asco.

Se lo había pasado como nunca. No había parado de correr, saltar, volar, nadar, etc. más que para comer y dormir. Aún así, estaba agotado y sólo tenía ganas, por una vez, de dormir tranquilo en su cama una noche entera. Pero sabía que en aquel momento su ati estaría en conflicto con esa idea.



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En el texto hay: planeta, tribus, alienígena

Editado: 24.07.2022

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