Jane parte 3. La Tríada

Capítulo 6

Alan llevaba toda la tarde en la mesa de la cocina dibujando un boceto tras otro. Estaba harto de estudiar para geografía y se había puesto a hacer lo que más le gustaba: música de su cantante favorita y diseño. Llevaba un rato oyendo a su padre quejarse de que debía estudiar, que aquello no le daría de comer. Su madre estaba enfadada con él porque no dejaba al chico en paz. Jenny lloraba desconsolada en el salón desde hacía mucho porque le estaban saliendo los dientes y Jane ya no sabía cómo calmarla. Un caos. Se acarició la nuca dolorida y escuchó lo que decían sus padres.

—… todo el día. ¿Te crees que de verdad así aprobará? —decía su padre, enfadado —Luego aquí estoy yo para pagar profesores de repaso, ¿te gusta, Vi?

Su madre resopló.

—El problema es que no te estás tomando en serio que al niño le gusta diseñar. Si es su sueño… —decía la mujer.

Rick la interrumpió con un resoplido muy poco cortés.

—Como si yo quisiera dedicarme a la música. Es, o más bien era, un puto pasatiempos. Lo mismo que lo de este niño, la diferencia es que yo nunca suspendí por ir a un concierto, ¿entiendes la diferencia?

Alan se volvió para mirar a Vivian, ceñudo. La mujer le devolvió la mirada, compasiva. El chico estaba harto de que su padre no se tomara en serio el hecho de que él realmente quería dedicarse al diseño. No lo dejaba en paz. Pero él hacía unos meses que había empezado a trabajar en un atelier de barrio, sencillo, que hacía algunos arreglos al día y le iban enseñando cosas. Quería irse de casa. Lo había hablado muchas veces con su madre, pero a ella la entristecía mucho que quisiera hacer eso.

—Rick, te estás pasando —sentenció la mujer —Creía que te había bastado con tu padre, ahora estás haciendo lo mismo con tu hijo.

—No me compares con mi padre —le advirtió el hombre alzándole un dedo —No soy como él. Sólo quiero un futuro para Alan.

—Ya, el problema es que el chico ya tiene claro su futuro —replicó la mujer.

—No pienso aceptar eso.

Alan se levantó, harto, cogió sus cuadernos y sus lápices y se encaminó a la salida. Se alegraba de que sus padres por fin le hubiesen comprado el coche. Así podía subirse en él y alejarse de allí. No sabía dónde, tal vez a casa de su amigo, pero a cualquier lugar menos allí.

—¡Alan! —lo llamó su madre desde la entrada de casa —¡Espera!

—¡Alan! —lo llamó otra voz.

El chico abrió los ojos y encontró la mirada preocupada de Arceus. Le gustaba mucho como le quedaba la pintura. ¿Por qué estaba preocupado?

—Me habías asustado, estabas gimiendo —le dijo el hombre.

Alan se frotó los ojos e hizo lo posible por olvidar aquel sueño. Sus inicios como diseñador habían sido un poco difíciles y ahora había dejado su atelier para irse a un planeta que le estaba poniendo las cosas realmente complicadas. Se sentó y se encontró en la pequeña tienda que compartía con el chico.

—Sólo era un sueño —dijo Alan, sonriéndole.

—Hace un rato que se ha asomado tu ati para avisarnos de que debemos marcharnos —dijo Arceus.

Alan suspiró. Estaba algo cansado de andar de aquí para allá.

—No sé si me apetece —opinó —Preferiría quedarme por ahí contigo y estar relajados.

—Y Tanik, ¿no? —preguntó Arceus, suspicaz.

Alan lo miró. Advirtió que algo en su mente se retiraba. El chico acababa de tener la delicadeza de dejarles intimidad.

Vaya, gracias —pensó, con la esperanza de que lo oyera.

—Supongo que sí —contestó Alan tímidamente.

Arceus resopló y se quedó con los brazos apoyados en las rodillas mirando al frente, enfadado.

—Ar, yo…

—No, no te has preguntado ni por un instante lo que se siente.

El chico alargó un brazo y quiso acariciarle un hombro. Se esperaba que su marido lo apartara, pero no fue así. Se dejó acariciar, pero no dijo nada.

—Te quiero —le susurró.

Tardó un poco, pero Arceus finalmente se volvió para mirarlo.

—Pero eso ahora da igual, ¿no?

—No. A mí no me da igual.

—Ya, porque no estás en mi lugar. No entiendes lo que se siente.

—Me lo puedo imaginar. No tiene ni puta gracia, pero podrías entender que el que está entre… bueno, en esto, soy yo.

Arceus se rió sin alegría y negó con la cabeza.

—Dime que por lo menos tenemos intimidad, por favor.

—La tenemos. No es invasivo. La verdad es que me lo está poniendo muy fácil por ahora, pero… no es como yo creía.

—¿En qué sentido?

—Bueno, él. No es como yo creía. Y tampoco el takara shi. No estoy… No me…

Arceus volvió a mirarlo, interrogante.

—No me gusta. No siento por él lo que se suponía que debía sentir. Así que tranquilo.

—No lo entiendes.

—¿El qué?

—Tu ati y Chelesi imagino que tampoco se amaron desde el primer instante. Que hayáis comulgado no os garantiza nada desde el principio. Pero lo harás. Terminarás amándolo. Y luego…

—¿Luego qué? —le preguntó Alan, alterándose—No pienso dejar estar lo nuestro. No tengo más que decir.

—¿Y ya está? —preguntó Arceus, enfadado —Me obligas a compartirte como si yo no tuviera nada que decir.

Alan se quedó mirándolo y sintió que se le humedecían los ojos. ¿Por qué? Estaban muy bien. ¿Por qué tenían que haber ido allí? Ahora pasaba esto y él no podía hacer nada. No quería… Se apartó una lágrima y bajó la mirada.

Arceus chasqueó la lengua.

—Tenemos que irnos.

El chico asintió, se frotó los ojos y salió de la tienda.

¿Estás bien?

Déjame.

No. Quiero saber si te ha dicho algo indebido.

Todo es por tu culpa, así que cállate y déjame —le ordenó. Si hubiera estado hablando habría gritado.

El chico se retiró de nuevo sin decir más y lo vio un poco más allá, impasible como siempre, comiendo algo. Alan se acercó a su ati y su atiami, que también desayunaban algo, y aunque Inek advirtió el estado de ánimo de su peni, no dijo nada al respeto.




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