Jane parte 3. La Tríada

Capítulo 14

Llevaban varias horas esperando en la playa. A primera hora, casi al momento del amanecer, Tai y Celesia habían llevado a cabo el ritual mediante el cual debían llamar a Merara. Simplemente había consistido en un breve cántico y luego habían vertido unas gotitas de una poción al mar y estas se habían perdido entre las olas. Al parecer esa era su forma de llamar a la reina. Pero esta seguía sin aparecer.

¿Te recuerdo que dijo que podía tardar varios días? —le dijo Tanik.

Alan lo miró. No dijo nada pero esperaba que no fuera así. Desde que la mañana anterior se marcharan ellos dos a volar no habían vuelto a hablar con Arceus. Estuvo todo el día separado de ellos y distante, por la noche no acudió a dormir y aquella mañana había seguido silencioso y apartado. Alan lo miró desde su sitio en la arena y vio que estaba apoyado en la pared rocosa mirando al cielo. No percibía casi nada de él en aquel momento.

El día se le hizo interminable y pensaba que ya no conseguirían nada cuando, al atardecer, aparecieron unas figuras en la orilla. Cuatro vaturianos empezaron a emerger lentamente. Alan comprobó que eran como los que habían ido a la corte con Coralia el día anterior. Y pensó que ninguno de ellos cuatro parecía una reina feroz, pero entonces emergió una quinta figura en medio de ellos, que además tenía cabello como Karim, sólo que en su caso era blanco y casi interminable. Cuando hubo salido completamente del agua y estuvo por fin en la playa vieron que el cabello le llegaba al suelo en unas larguísimas hebras indefinidas. La mujer tenía una postura inclinada como una fiera depredadora y una sonrisa cruel en la cara. Alan se estremeció. No le gustaba nada aquella mujer.

Celesia y Tai en cambio hicieron como si nada, se levantaron y acudieron juntos a recibirla, con el acostumbrado gesto de la mujer con los brazos abiertos.

—Bienvenida a Kimarai, Merara —la saludo la mujer.

Merara soltó una risita burlona.

—Como si fuera un gran honor estar entre esta compañía —dijo. Evaluó la playa de un lado a otro, mirando a todos con sorna —¿Y esa Tríada de la que hacéis gala? ¿Tal vez en la corte cómodamente asentados?

Alan dio unos pasos adelante, ceñudo.

¿Qué haces? No te acerques a ella solo —lo alertó Tanik. Se puso a su lado enseguida y casi al instante apareció Arceus.

Pero entonces fue Merara la que se acercó a ellos.

—Hombre, Arceus, tú por aquí —lo saludó ella aún con la burla en la voz —No esperaba mucho de ti, pero esto es caer muy bajo.

Arceus le aguantó la mirada sin decir nada.

—Terminar de criado, de herramienta de la diosa.

—Yo no diría lo mismo, es un honor poder defender la voluntad de la diosa y lo que es mejor para Nagala —dijo Alan.

—… para ti —le dijo la mujer, mirándolo a través de su cortina de cabello mojado —A mí me parece una broma de muy mal gusto que el fraude de mujer que es Lini tenga unos enviados de la diosa como vosotros. Un desperdicio inmenso. Pudiendo otorgarme a mí el favor divino y terminar con esta estupidez en un instante. Se salvarían muchas vidas.

Inek se acercó con decisión.

—Tal vez deberíais considerar la opción de que no sois lo más indicado para Nagala. Creo que olvidáis que la diosa tiene sus propios designios y está claro que vos no estáis en sus planes, pero no por ello debéis ofenderos. Lo mejor sería luchar juntos para que esto termine cuanto antes.

Merara lo miró como si el hombre le hubiera clavado un cuchillo en el vientre. Apretó mucho la boca hasta carecer completamente de atractivo y se acercó a él, furiosa y respirando fuerte. Se quedó ante él unos instantes y luego echó la mano hacia atrás y le dio un guantazo.

—¡No le pegues a mi padre! —le gritó Alan, dándole un fuerte empujón la mujer.

Inek se quedó mirando la escena con la mano en la cara, aún sin creerse lo que la mujer acababa de hacer. Chelesi apareció detrás de él, preocupada.

—¿Estás bien? —le preguntó.

Karim y Jane también aparecieron a su lado, mirando ceñudos a la mujer, que estaba fulminando con la mirada a Alan. Ella tuvo pronto a sus cuatro acompañantes detrás, alertas.

—Calmaos un poco —pidió Tai, algo tenso.

Merara lo miró como si la hubiera insultado.

—¿Para esto queríais verme? —le preguntó.

—No, Merara —contestó Celesia —Queríamos verte para conocer tu postura frente…

—Pues ya la has visto —la cortó bruscamente —No pienso permitir que la Tríada, ni Lini, ni siquiera la diosa, me impidan luchar contra este despropósito. Yo soy lo mejor para Nagala, y si puedo matar con mis propias manos el fraude de esa reina, lo haré.

Alan dio un paso atrás, impactado. ¿Matar a Lini? Aquella mujer, sin duda, estaba loca. Inek negaba con la cabeza, enfadado por tener que escuchar todas aquellas palabras.

—Koron tenía razón —siguió diciendo Merara, que volvió a empezar a sonreír —Os creéis de verdad que vais a poder hacer algo en esta revuelta y os equivocáis. Una vez descubierto que Lini ni siquiera es vaturiana ya no tenéis nada que hacer. La diosa también puede equivocarse, y está claro que en este caso así es.

—Merara, no puedes seguir insultando así a la diosa, ella es la creadora y sabe lo que… —empezó a decir Celesia.

—Para mí no. Una diosa no puede elegir semejante desatino. No puede querer que otra especie que no es de su creación nos gobierne y que nosotros lo aceptemos sin queja alguna.

—Y tú sin duda sabes más que ella, ¿verdad? —le preguntó Alan con dureza.

Merara lo miró.

—No me importa si no nos ponemos de acuerdo. Tú no eres importante para mí, y cuando llegue el momento, te mataré sin pestañear, niñito. Ahora me marcho a Sin.

—No esperaba que nuestra reunión contigo fuera tan infructuosa —opinó Tai —Es triste ver que haya gente capaz de darle la espalda a Omei Ya.

—No le doy la espalda a la diosa, pero no acepto esta decisión. No es lo mejor para Nagala y Lini nos ha dejado constantes muestras de ello. No voy a perder más tiempo con vosotros.




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