Jane parte 3. La Tríada

Capítulo 15

No había amanecido cuando todos, incluidos Celesia y Tai, salieron de la corte y se dirigieron hacia un camino escondido entre las rocas de las montañas hasta que se fueron alejando de la cueva. Allan había creído que se marcharían por la playa, pero como Arceus le había explicado, no tenía sentido que pudieran marcharse en barco por allí excepto que tuvieran que ir nadando o volando hacia este, pero no parecía ser el caso. Estuvieron varias horas caminando hasta que se hizo de día. Allan se detuvo un momento para admirar un bullicioso puerto a lo lejos.

Katía Nala, el Puerto a los Mil Lugares—presentó para él Tanik.

El chico se quedó admirando el ir y venir de navíos que nunca había visto antes. Aves de muy diversos colores volando alrededor de ellos. Voces, música y el olor de aquel océano, que no se parecía en nada… A nada. Porque Allan jamás había visto el mar en Kalare. Se acercó a su ati, que también admiraba boquiabierto el panorama que había allí abajo.

—Papá, ¿el mar en la Tierra huele así?

Inek lo miró y por un momento sintió pena. Vivian nunca había querido viajar a lugares con costa, y la única vez que habían decidido hacer un crucero, poco antes de que la mujer cayera enferma, Allan ya era demasiado mayor como para querer ir con ellos.

—No—dijo, devolviendo la vista al océano—Huele muy diferente.

El chico también volvió a mirar abajo. Los barcos que navegaban no le sonaban de nada, eran muy coloridos, otros monocromáticos, pero estaba bastante seguro de que en la Tierra, los barcos no eran así.

—Vamos a continuar, aún hay un poco más de trayecto—dijo Celesia.

—¿Preferís que continuemos volando?—preguntó Tai—Lo pregunto por las niñas.

—Yo estoy disfrutando del paseo—dijo Allan, contento.

Alas y Koshia lo miraron con algo de resignación, pero Karim y Jane secundaron lo que había dicho, así que continuaron un rato más hasta que llegaron al puerto. Y como Inek pudo comprobar, aquello era lo que más se parecía al mercado de Kugula que veía desde entonces. En Karish no había habido tanta variedad de especies ni aquel ir y venir de mercancías, ganado, gente, vehículos. Allan miraba a todos lados, boquiabierto y queriendo asimilar todo lo que veía a su alrededor. Pero Celesia y Tai iban a paso ligero a un lugar muy concreto del puerto. Se encaminaron hacia el muelle y se fueron directos a un amarre donde había un barco que a Allan le pareció muy grande y bonito. Por lo poquísimo que sabía de barcos podría haber aventurado que era una nao, pero si le hubieran dicho que estaba equivocado, tampoco se habría extrañado. Tendría algo más de 20 metros de eslora y tres hermosas velas ondeando al viento. En el mástil más alto lucía una bandera de color hueso donde figuraba un círculo con cuatro más pequeños alrededor y una espiral roja dibujada encima.

Es la bandera de Nagala—dijo Tanik, que admiraba el navío con una sonrisa.

—Este es el Joya de la Diosa—dijo Tai, señalando el barco—Cuenta con una tripulación de diez marineros que os acompañaran en vuestra travesía y allá donde necesitéis.

Allan se quedó mirando al hombre sin saber qué decir. Nunca le habían ofrecido algo así y no sabía cuál sería la mejor forma de agradecerlo. Inek se puso a su lado, comprensivo.

—Muchas gracias por vuestra amabilidad—dijo.

—Todo por la Tríada y el designio divino. Esperamos que la suerte os acompañe en vuestra empresa—dijo Celesia con su sonrisa—Nos veremos en Sin.

Allan asintió, aún sin saber qué decir. Entonces la pareja los acompañó hasta la pasarela y empezaron a subir al barco. El chico se quedó rezagado, esperando a que los demás subieran. Sólo Jane se quedó a su lado con una mirada interrogante. Una vez hubieron embarcado todos menos los tres chicos y la mujer, Allan se volvió a la pareja.

—No sé cómo agradeceros todo lo que…

—Sí lo sabes—atajó Celesia—Yéndote. Haciendo lo que debes hacer y consiguiendo que Nagala vuelva a quedar en paz. Todo lo demás da igual, es sólo un barco.

—Ya, pero la ceremonia que nos organizasteis también me trajo momentos inolvidables. Quiero agradecéroslo de alguna manera.

—Ya te hemos dicho cómo puedes hacerlo—dijo Tai—Necesitamos que todo vuelva a su debido orden. Parte en paz, olvida tus deudas que sólo están en tu cabeza.

Allan se quedó mirándolos, conmovido, y sintió que los dos chicos lo cogían de la mano, se despedían de la pareja y se lo llevaban a bordo seguidos de Jane. Una vez en cubierta, el chico miró a su alrededor. Fue a recibirlos una chica, que al parecer era la capitana, y se vio observado por otros nueve pares de ojos. La mayoría de vaturianos se le antojaron más o menos iguales, pero había dos que eran de un tono de piel más oscuro, más parecido al azul océano que al turquesa habitual. Procuró apartar la mirada enseguida para no ofender a nadie, y al contrario que otras veces, en aquella ocasión Tanik no tenía explicación para tal coloración de piel.

—¡Bienvenidos al Joya de la Diosa!—saludó la chica con poca feminidad y algo de brusquedad en la voz, pero con entusiasmo—Soy Tirina-Mun-Narashi, la capitana de este navío.

—Encantado—dijo Tanik.

—Un placer—dijo Arceus.

Allan se quedó un momento mirándola.

—Yo soy Jane, nanita de Allan—se presentó la mujer.

—Eso, hola—dijo Allan.

—Un híbrido tímido en la mar, mala cosa—dijo la chica, ceñuda—Por lo menos el otro parece más avispado.

Allan miró un poco más allá y vio que su ati estaba enseñándole las velas a la pequeña Ninath.

—Créeme, Allan es muchas cosas, pero no tímido—dijo Arceus con una sonrisita—Pronto te desdirás.

Dicho esto se volvió y se marchó hacia la proa.

—Más vale, porque no tolero gente aburrida en mi barco—contestó Tirina con una sonrisita y luego miró a Jane casi con lascivia mal disimulada en la mirada y ojeó a la mujer de la cabeza a los pies—Aunque juraría que no me voy a aburrir mucho... ¡Arriad velas, zarpamos!




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.