Jane parte 3. La Tríada

Capítulo 20

Allan aterrizó de forma precipitada en un claro del bosque. Merara lo seguía de cerca con una mirada enloquecida.

—Te tengo, cachorrito—le dijo cuando llegó al claro.

Se acercó a paso lento a Allan, que fue retrocediendo hasta que llegó al tronco de un árbol. Pero la mujer no tenía ganas de perder el tiempo y arremetió contra él con la espada. El chico la esquivó por poco, pero sintió el aire en el brazo. Le había pasado muy cerca. Corrió unos árboles más allá.

—En realidad podría perdonarte la vida—decía la mujer—Verás, podríamos dejaros vivir. Koshak y yo quiero decir. Queremos reinar juntos. Y la Tríada podríais no estorbar. Os dejaríamos vivir.

—Pero entiende que no te puedo dejar reinar—dijo Allan—No entras en los planes de la diosa.

Al ver la expresión en la cara de Merara comprendió que no había sido muy acertado lo que había dicho. La mujer corrió hacia él y se puso a golpear a lo loco con la espada, hasta que vio clara su oportunidad y le clavó el arma en el hombro izquierdo a Allan dejándolo atrapado contra el tronco de un árbol. El chico gritó de dolor.

Tanik tropezó y se llevó una mano al hombro izquierdo con un gesto de dolor. Llevaban un rato corriendo por el bosque. Habían detectado a Allan cerca, pero no lograban encontrarlo.

—¿Qué?—le preguntó Arceus volviendo a por él con alarma—¿Qué te pasa? ¿Es Allan?

Tanik sentía intensamente el dolor del chico. La mujer lo había herido, pero Allan no le dejaba ver lo que estaba sucediendo. Maldición.

—Lo ha herido, debemos darnos prisa—dijo, levantándose.

Arceus miró al frente y se centró en el aura de Allan. Debían encontrarlo cuanto antes. Cuanto antes… Corrieron y corrieron hasta que la presencia de Allan fue más fuerte y les llegó también el olor de la sangre. Salieron al claro y vieron a Merara mirando hacia donde acababan de aparecer ellos con una sonrisa.

—Hola—dijo.

Sacó la espada del hombro del chico rápidamente. Allan gritó de nuevo y se llevó una mano al hombro, del que manaba sangre sin parar. Jadeó. Era un dolor insoportable.

—Habéis llegado justo a tiempo—dijo la chica—Estábamos negociando, pero creo que a este paso no habrá trato. Vuestro núcleo no está muy inclinado a ser agradable conmigo.

—Lo entiendo—dijo Arceus.

Merara perdió la sonrisa de repente, pero cuando vio aparecer a Lini se quedó inexpresiva. La mujer aterrizó firmemente y se quedó mirando a Merara seriamente.

—Te estás excediendo—dijo Lini—Esto es pasarse, princesa.

—¿Tú crees? A ti te lo dieron todo. Yo debo ganarlo.

—Pero no así. Y más teniendo una deidad en tu contra. ¿Cómo podéis osar ser tan atrevidos?

—Bueno, tenemos las ideas claras. No te queremos. Y por eso y porque estamos seguros de lo que queremos, luchamos con ferocidad.

De repente Lini empezó a brillar como le sucedía a Allan.

—Has enfadado a la diosa—dijo—Has herido a su chico. Dice que lo vas a pagar.

—Y si tú puedes hablar con ella, ¿por qué no has dicho lo que tenía que decir en el juicio?

—Porque quiere dirigirse directamente a vosotros. No con mediadores. Pero por desgracia, eso ya no lo verás tú.

Merara no dijo nada, si no que se preparó para luchar de nuevo. Pero no era esa la intención de Lini. Su cuerpo brilló más con el poder de la diosa y de repente Merara puso los ojos en blanco y empezó a sufrir unas ligeras convulsiones. Su espada cayó de su mano y ella se desplomó definitivamente, con los ojos abiertos en una mirada perdida al infinito. Estaba muerta.

Lini fue perdiendo su brillo poco a poco y se acercó a Allan, que se había quedado mirando a la mujer en el suelo con horror.

—¿Por qué?—le preguntó a la reina enseguida que la tuvo delante.

—Porque Omei Ya así lo ha dictaminado—dijo con gravedad—Odia arrebatarle la vida a la gente, pero Merara iba a seguir dando problemas e iba a cometer más locuras. Créeme que a Koshak no le espera nada mucho mejor.

Dicho esto, le quitó con cuidado la mano de delante de la herida y procedió a curársela.

—Si venís será más sencillo—dijo Lini refiriéndose a Arceus y Tanik.

Los chicos se acercaron a la pareja mirando de reojo el cuerpo de Merara. Una vez estuvieron al lado de ellos se pusieron uno a cada lado de Allan y lo tocaron donde pudieron. Uno en el hombro bueno y el otro en el cuello. Su cuerpo se iluminó, y con la ayuda de Lini, la herida de Allan se fue cerrando hasta que desapareció. El chico suspiró cuando desapareció el dolor.

Lini se alejó enseguida.

—Tenemos que marcharnos. Hay más gente que os importa con problemas.

—¿Quién?—preguntó Allan, alarmado.

—Ah, sí, Jane—dijo Tanik, que acababa de caer en la cuenta.

—¿Qué?—preguntó Allan. Su naisha ni volvió a activarse fuertemente.

 

 

 

Jane no pudo continuar volando mucho más, porque aquel hombre era muy rápido. Cayó de golpe al suelo y logró librar de él, pero sabía que no le valía la pena volver a emprender el vuelo.

Estaban en un campo que había quedado arrasado. Había cuerpos por todo y estaba claro que allí hacía rato que se había librado una batalla. ¿Cuánto tiempo hacía que luchaban?

—Tú también eres una mala mujer—dijo el hombre con una sonrisa maligna—En realidad, todas lo sois, pero vosotras dos sois de lo peor que me he encontrado.

—Tu opinión me trae bastante sin cuidado—dijo Jane con falsa indiferencia. Estaba aterrada. ¿Qué había pretendido provocando al hombre? Quitársela de encima a Tirina. Y ahora, ¿qué iba a pasar con ella? Jane no tenía ni idea de esgrima, aquel hombre claramente era muy fuerte y ella no podría luchar contra él cuerpo a cuerpo como había hecho Tirina. Aunque no sabía porqué, sospechaba que el hombre no había ido tras ella sólo para luchar, y aquello le provocaba un estremecimiento poco agradable.




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