Jane parte 3. La Tríada

Capítulo 24

Allan se despertó lentamente y miró a su alrededor. Sus sábanas, el acostumbrado olor al suavizante, su cómoda, su despertador. Sonrió sin poder evitarlo a miró a su lado. Allí estaba Ar, dormido de cualquier manera y con el largo cabello extendido por la almohada y Tanik en el otro lado. Allan se incorporó para observarlo detenidamente y le encantaba ver lo parecido que era a su yo vaturiano porque llevaba el cabello rapado. Y advirtió nuevamente lo mucho que se parecía a Karim. Allan hizo una mueca al comprobar que se había acostado con sus largos pendientes y su inmenso collar de cuentas. Así como pudo le quitó ambos pendientes sin despertarlo. El collar sería otra cosa, pero tenía miedo de despertarlo. Meneó la cabeza y se giró para darle la espalda. Entonces le desató el cierre por detrás y lentamente se lo sacó. Con aquel tamaño el collar se le antojaba muy grande y hasta algo pesado. Parecía mentira. Lo dejó encima de la cómoda grande y se marchó a la ducha.

Cuando se vio en el espejo se asustó un poco, pues su cabello, siempre bien recortado y arreglado ahora caía en los suaves rizos que hacía muchos años que había dejado de lucir. Se le caían por encima de la orejas y se los apartó con paciencia. Le recordaban mucho a su ati. Entonces recordó algo y volvió a salir a por su móvil mientras se preguntaba cómo iba aquello de dejar crecer el cabello mientras uno estaba en Nagala. Su atiami había conseguido permanecer igual mucho tiempo. ¿Sería que su aspecto había cambiado tanto porque era demasiado consciente de que llevaba mucho en otro planeta?

Tomó aire y encendió el móvil. Después de que se cargara el sistema miró la fecha. Recordaba perfectamente qué día se había marchado y… No podía ser. Había pasado casi un año. A falta de unas pocas semanas. ¿Un año entero? ¿Cómo había podido pasar tanto tiempo sin que se diera cuenta? Habían estado viajando, yendo de un lugar a otro, navegando. Habían estado en Tarani Oni… tampoco sabían cuánto. Sacudió la cabeza y se preguntó cuánto tardarían ahora en dejarlo hacer lo que quería junto a Arceus. Dejó de pensar y se metió en la ducha.

Arceus se despertó algo más tarde, con el acostumbrado olor de las tostadas. Sonrió y se dio la vuelta para mirar a la cocina y ver a Allan de espaldas a él, cocinado. Le parecía una eternidad el tiempo que había pasado desde la última vez que viera esa escena. Se acordó de Tanik y miró detrás de él, donde aún dormía plácidamente el chico. Sintió ganas de besarlo. Agradecerle una vez más que hubiera accedido a ir con ellos, pero no quiso molestarlo. De esta forma se levantó y se acercó silenciosamente a Allan y lo abrazó por la espalda. El chico sonrió, pero no dijo nada.

—Echaba de menos esta normalidad—dijo Arceus cerrando los ojos y aspirando el olor del revuelto que estaba haciendo el chico—Nuestra normalidad.

Allan lo miró y le tocó el cabello.

—No te queda mal—comentó.

El chico también había procurado que se lo cuidara, no podía trabajar en el atelier con el cabello de cualquier manera. Pero ahora también lucía un aspecto algo más descuidado y el rubio cabello le llegaba hasta el cuello.

—Ni a ti—le dijo, señalándolo.

Allan se apartó de nuevo el cabello y se encogió de hombros.

—Ya iremos a ponernos guapos—dijo, y se rió.

—¿Cuánto tiempo ha pasado?—preguntó Arceus con cautela.

Allan lo miró, aún sonriendo.

—Casi un año—dijo.

Arceus levantó las cejas y su mashi asintió, por si tenía dudas.

—Cielos… Lo siento.

—¿Por qué te disculpas?

—Bueno, todo empezó por mi culpa, ¿no? El juicio y…

Allan negó con la cabeza.

—Ni lo menciones—le pidió—No me arrepiento de haber venido contigo. Ni me lamento de que Koron entrara y nos interrumpiera ni… de nada. Era algo que debíamos vivir, ¿no? Antes de…

Arceus sonrió y asintió.

—Bueno, te dije que lo viviría con más ganas, ¿no?

—¿Seguro?—le preguntó Allan.

—He sobrevivido un año entero en Nagala con tu ati detrás de mí casi todo el rato y no me ha cortado los huevos. Hay que celebrarlo, ¿no?

Allan empezó a reírse a carcajadas, pero se tapó la boca y miró a Tanik, que seguía dormido.

—Sí, desde luego—le dijo en voz más baja—Es para celebrarlo, por supuesto. Pero oye, yo creo que tú y mi padre habéis limado muchas asperezas, ¿no crees?

Arceus lo miró y sintió la cara arder cuando recordó la escena en la que le quiso dar las gracias por llevarlos a Kalare.

—¿Por qué te pones rojo?—le preguntó Allan, riéndose de nuevo.

—Creo que tienes una conversación pendiente con tu ati.

—¿Tú crees?

—Por supuesto. ¿Te recuerdo que quiere quedarse aquí, contigo, porque sabe que vas a hacer algo muy importante?

Allan levantó mucho las cejas, cayendo en la cuenta de lo que no habló con su ati aquel día.

—Supongo que es que está un poquito preocupado por ti. Porque todo salga bien.

—Oh…

—Sí, oh. No sé, tú tienes ati, aprovéchalo. A veces es hasta… no sé, ¿mono?

—Adorable.

—Cuco…

—No, adorable.

Arceus puso los ojos en blanco.

 

Tanik se despertó desorientado. Miró a su alrededor y no vio a ninguno de los dos chicos en la cama. Se sentó y no conocía lo que veía. Se sentó y miró a la mesita que había a su lado. Había una foto de dos chicos humanos, muy sonrientes, en una postura claramente cariñosa y una extraña estructura de fondo. ¿Serían Allan y Arceus? Se levantó y vio que en una cómoda grande estaban sus pendientes y su collar. ¿Se los había quitado la noche anterior? En cualquier caso, ahora se le antojaban objetos muy grandes para aquel cuerpo. Se fue un poco más allá y en otro elegante mueble donde había flores artificiales vio varias fotos más de aquellos dos chicos. Una muy grande en la que aparecían elegantemente vestidos y de nuevo muy sonrientes. Había varios dibujos enmarcados y colgados en la pared en la que se veían figuras inexpresivas vistiendo trajes y vestidos de un diseño muy sofisticado. ¿Ropa diseñada por ellos dos? Entonces se sintió observado y miró hacia lo que parecía la cocina, que estaba iluminada, y vio que allí estaban los dos chicos, mirándolo sonrientes. Estaban algo cambiados, pero sí, eran los mismos que en las fotos.




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