Jaque Perpetuo

CAPÍTULO 5.

Son las once de la noche y mi muñeca vibra

Son las once de la noche y mi muñeca vibra. No es un mensaje de texto, porque recordemos que vivimos en una jaula de Faraday de lujo. Es el maldito reloj biométrico recordándome que mi ritmo cardíaco está elevado.

—Cállate —le susurro al aparato, golpeándolo contra el marco de la puerta.

Estoy de pie en el pasillo del segundo piso, sosteniendo mi botella de whisky (ya a la mitad) y mi escaso equipaje. Kael está frente a mí, bloqueando el acceso a mi antigua habitación, esa oda al mal gusto adolescente donde casi muero de un infarto anoche.

—No vas a entrar ahí, Nora —repite, por cuarta vez.

—Es mi habitación. Tiene mis pósters de Crepúsculo. Déjame pasar.

—El sistema ha reconfigurado las asignaciones de habitacion—dice, consultando su tablet—. Parece que Silas programó una rotación.

—¿De qué estás hablando?

—Las cerraduras de las habitaciones individuales se han bloqueado. Solo hay una puerta habilitada para nosotros esta noche.

Señala con la cabeza hacia el final del pasillo. Hacia las puertas dobles de roble negro que siempre estuvieron prohibidas para nosotros cuando éramos niños.

La Suite Principal.

La habitación de Silas.

—Ni hablar —me río, pero es una risa nerviosa—. No voy a dormir en la cama del abuelo. Además, seguro que el fantasma del viejo está ahí sentado viéndonos.

—Es eso o dormir en el pasillo, Nora. Y te recuerdo que a partir de medianoche se activan los sensores de movimiento en las áreas comunes. Si te quedas aquí fuera, el sistema de defensa podría confundirte con un intruso y rociarte con gas pimienta.

—¿Gas pimienta? ¿En serio?

—O dardos tranquilizantes. No he revisado el inventario completo de trampas del pasillo Este.

Maldigo entre dientes. Maldigo a Silas, maldigo al arquitecto de esta casa y, sobre todo, maldigo a Kael.

—Bien. Vamos a la guarida del lobo. Pero si encuentro un solo hueso humano bajo la almohada, te saco a patada.

—¿Y va mi por qué? — se burla

—¡Porque el viejo ya no está vivo para patearlo

Caminamos hacia la suite. Kael pone su mano en el panel biométrico. La luz se pone verde. Las puertas se abren con un suspiro hidráulico.

Entramos.

La habitación es obscenamente grande. Hay una chimenea encendida (automática, supongo), alfombras de piel que espero que sean sintéticas, pero sé que no lo son, y muebles de madera oscura que parecen ataúdes verticales. Pero lo que domina el espacio, lo que atrae mi mirada como un imán de desgracias, es la cama.

Es una cama con dosel, inmensa, con sábanas de seda negra y almohadones de terciopelo rojo. Es la cama de un villano de Disney. Es ridícula.

Y es la única cama.

—Ah, claro —digo, soltando mi bolsa en el suelo—. Por supuesto. El cliché. ¿Silas leía novelas románticas baratas de internet antes de morir? Porque esto es de manual. "Solo hay una cama". Qué original.

Kael cierra las puertas detrás de nosotros. El sonido del cerrojo es pesado. Estamos encerrados. Otra vez.

—No creo que Silas buscara el romance, Nora. Creo que busca discusion. —Camina hacia el centro de la habitación, inspeccionando el cada rinco—. Quiere que nos matemos entre nosotros. Poner a dos sospechosos en la misma habitación aumenta las probabilidades de conflicto.

—O de sexo de odio —murmuro antes de poder frenarme.

Kael se detiene. Se gira lentamente hacia mí.

—¿Qué has dicho?

—Dije que aumenta las probabilidades de éxito. —pienso rápido, sintiendo cómo el calor me sube a las mejillas. Tomo un trago de la botella para disimular—. En fin. Pido el lado derecho. dormiremos Conan muro de almohada, así que no te acerques.

Me tiro en la cama. El colchón es firme, caro. Demasiado cómodo para esta situación.

Kael me observa unos segundos. Luego, empieza a desabrocharse el cinturón donde lleva la linterna y una navaja multiusos. Lo deja sobre la mesa de noche. Se quita las botas militares.

—No voy a dormir contigo —aclara con voz seca—. No te hagas ilusiones.

Se acerca a la cama, pero no para subirse. Agarra dos almohadones decorativos y la colcha gruesa que está doblada a los pies del colchón.

—¿Qué haces? —pregunto, incorporándome sobre los codos.

—El suelo, cerca de la chimenea y lejos de ti. Estaré bien.

Tira los almohadones al suelo, cerca de la chimenea, y extiende la colcha. Se está haciendo una cama improvisada en la alfombra.

Suelto una carcajada incrédula.

—¿En serio? ¿Vas a jugar la carta del mártir caballeroso? —Me siento en el borde de la cama, balanceando mis pies—. Kael, por favor. Somos adultos. Y somos familia, técnicamente. No necesitas proteger mi virtud. Créeme, ya la perdí hace muuucho.

Él se quita la camiseta gris. Su espalda es un mapa de músculos y cicatrices. Hay una cicatriz larga y fea que le cruza el omóplato derecho. No la había visto antes.

¿Que mierda paso en los ultimos 10 años?

Se gira, ahora con el torso desnudo, y el fuego de la chimenea le da un aspecto demoníaco y fascinante.

—No protejo tu virtud, Nora. Protejo mi cordura. —Se tumba en el suelo, cruzando los brazos detrás de la cabeza—. Si duermo en esa cama contigo, uno de los dos amanecerá asfixiado con la almohada. Y prefiero que no seas tú. Necesito que estés viva para cobrar el cheque y también las propiedades.

—¿Las que?

—Ah, ¿no les conté? —se hace el tonto—. Quien gane a este juego de saw, no solo se queda con los 20 millones, sino también con las propiedades, acciones, herencia... es decir, se queda con todo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.