Jaque Perpetuo

CAPÍTULO 11.

La biblioteca de la mansión huele a cuero viejo, tabaco rancio y decisiones moralmente cuestionables

La biblioteca de la mansión huele a cuero viejo, tabaco rancio y decisiones moralmente cuestionables. Es el tipo de lugar donde los hombres blancos y ricos se sientan a decidir qué país invadir o, en el caso de mi abuelo, qué ley romper antes de la hora del té.

Llevamos dos horas aquí. Kael está en una esquina, con los auriculares puestos, revisando obsesivamente las grabaciones de seguridad de la cocina en busca del "fantasma" que mató a Godfrey. Yo, por mi parte, estoy cometiendo arqueología financiera en el escritorio de caoba de Silas.

—Esto es aburridísimo —me quejo, lanzando una carpeta al aire. Cae al suelo con un plaf decepcionante—. Si voy a investigar crímenes, al menos debería tener una copa de vino.

Kael se quita un auricular.

—Céntrate, Nora. Estamos buscando el rastro del dinero. Si Lia chantajeaba a la familia, el dinero tenía que salir de alguna parte. Y si Silas encubrió su muerte, tuvo que pagar por ello.

—Ya lo sé. Pero solo encuentro facturas de jardinería y donaciones a la "Fundación de Huérfanos Ciegos". —Resoplo—. Por favor, Silas odiaba a los huérfanos. Decía que eran ruidosos y deprimentes.

—Me adoptó a mí — respondió simple—, tan odio no les tenia a los niños.

—Tu eres la excepción. Silas era de los que creía que los pobre no deben de reproducirse.

Sigo rebuscando en el cajón inferior, el que está etiquetado engañosamente como "Gastos Varios".

Saco una carpeta de fuelle azul. Pesa. Al abrirla, me golpea el olor a papel carbón y tinta fresca.

Empiezo a pasar recibos. Reparación del campanario de la iglesia. Nuevos uniformes para el equipo de fútbol local. Renovación del ala pediátrica del hospital.

—Vaya, el viejo quería comprar su entrada al cielo —murmuro.

Y entonces, llego a la sección interesante. La sección que no tiene recibos fiscales deducibles de impuestos. Son talones de cheques personales. Copias al carbón.

Me detengo en uno. Beneficiario: Sheriff James "Big Jim" Coltrane. Concepto: "Asesoría de Seguridad". Monto: $5,000 mensuales.

Paso al siguiente. Beneficiario: Oficial Martínez. Concepto: "Bono de Navidad" (En julio).

Paso otro. Beneficiario: Departamento Forense del Condado. Concepto: "Actualización de Equipos".

Se me escapa una risa seca, sin humor.

—Kael —llamo, sin levantar la vista del papel—. Ven. Deja los videos un momento. Creo que acabo de descubrir por qué el Sheriff Coltrane cerró el caso de Lia en cuarenta y ocho horas y lo declaró "muerte accidental".

Kael se acerca. Se inclina sobre mi hombro, apoyando una mano en el respaldo de mi silla. Su calor corporal es la única calefacción que funciona en esta casa.

—Déjame ver.

Le paso la carpeta. Él revisa los talones con rapidez militar.

—Hijo de puta —susurra con admiración reacia—. No los sobornaba caso por caso. Los tenía en nómina.

—Literalmente —señalo con el dedo un pago recurrente—. Mira esto. El Sheriff cobraba más de Silas que del ayuntamiento. Básicamente, la comisaría local era una sucursal de Seguridad Blackwood.

—Eso explica por qué nunca interrogaron a nadie a fondo —dice Kael, pasando las páginas con furia—. Y por qué la autopsia fue tan... vaga. "Traumatismo craneoencefálico compatible con caída de altura".

—Y compatible con un golpe con un atizador de chimenea, si el forense acaba de recibir un yate nuevo —añado, sacando otro papel—. Mira este. Fecha: 15 de octubre. El día después de que murió Lia.

Es un solo pago. Cincuenta mil dólares. Beneficiario: J. Coltrane. Concepto: "Gestión de Residuos y Limpieza".

Siento una náusea repentina.

—"Gestión de residuos" —repito, sintiendo la bilis subir por mi garganta—. Mi hermana era un residuo.

Kael cierra la carpeta de golpe. La tira sobre el escritorio como si quemara.

—Básicamente, el Sheriff era su mascota —dice Kael con asco—. Un perro obediente al que le tiraba filetes para que ladrara hacia otro lado. Silas compró la justicia del pueblo entero.

Me levanto de la silla, sintiendo la necesidad de moverme, de romper algo.

—Siempre me pregunté por qué... —Mi voz se quiebra, y odio que lo haga—. Siempre me pregunté por qué la policía ni siquiera tomó mis huellas esa noche. Yo estaba en el jardín, Kael. Estaba cerca. Deberían haberme interrogado. Deberían haberme presionado. Yo tenía todo el perfil de ser sospechosa y simplemente no hicieron nada.

Me giro hacia él.

—Pensé que era porque creían que era inocente. Pero no. Fue porque Silas pagó el paquete "Premium de Encubrimiento Familiar". No les importaba la verdad. Solo les importaba que el cheque no rebotara.

Kael me agarra de los brazos. Me sostiene firme, impidiendo que empiece a temblar.

—Eso significa que los archivos oficiales no valen nada —dice, mirándome a los ojos—. El informe policial es ficción pagada. Estamos solos en esto. De verdad. No hay ayuda exterior porque la ayuda exterior es cómplice.

—Bien... —Me suelto de su agarre y camino hacia la ventana blindada. Miro hacia el jardín oscuro, donde la lluvia sigue cayendo—. Así que tenemos que hacer el trabajo que la policía no hizo hace diez años. Sin placa, sin laboratorio y con un asesino durmiendo en la habitación de al lado.

—Tenemos algo que la policía no tenía —dice Kael, acercándose a mí.

—¿Qué?

—Accesos —dice él, señalando una caja fuerte en la esquina de la biblioteca, oculta tras un panel de madera falso que Kael, por supuesto, ya ha localizado—. Silas guardaba copias de todo. Si pagó por el informe forense falso, seguro que guardó el verdadero para tener agarrado al forense por los huevos.




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