Jaque Perpetuo

EPILOGO

El cartel de neón del motel parpadea a través de las cortinas finas y amarillentas

El cartel de neón del motel parpadea a través de las cortinas finas y amarillentas. MO-EL... MO-EL... La "T" murió hace años, igual que nuestra antigua vida.

Estamos en la habitación 104. Huele a tabaco rancio, a lejía barata y a desesperanza. Las sábanas tienen quemaduras de cigarrillo y la moqueta es de un color indefinido que prefiero no analizar bajo la luz del día.

Es perfecto. Es el palacio más hermoso que he pisado nunca.

Estoy sentada en el borde de la cama, con la espalda apoyada contra el cabecero de madera aglomerada. Mi ropa sigue oliendo levemente a humo, aunque me he duchado tres veces con el jabón pastoso del baño.

Kael duerme a mi lado.

Es la primera vez que lo veo dormir de verdad. No esa siesta de alerta que tomaba en el vestidor, con un ojo abierto y la mano en el arma. Esto es sueño profundo, pesado, el sueño de un hombre que ha dejado de cargar el peso del mundo. Su respiración es lenta y rítmica. Tiene un brazo echado sobre sus ojos, y la otra mano descansa abierta, relajada, sobre la colcha.

Ahora, no tenemos nada.

Y nosotros estamos aquí. En un motel de carretera en medio de la nada, con Kael y un coche robado aparcado fuera.

Miro hacia la puerta de la habitación.

Tiene un cerrojo simple de cadena y una cerradura que se podría abrir con una tarjeta de crédito. Es ridículo comparado con las puertas biométricas y los muros blindados de la Mansión Blackwood.

Cualquiera podría entrar.

El trauma es una cosa curiosa. No desaparece cuando se apaga el fuego. Se te mete en los huesos. Se convierte en tu sombra.

Kael se mueve en sueños, murmurando algo ininteligible. Le acaricio el pelo suavemente, con cuidado de no despertarlo. Él cree que estamos a salvo. Cree que se acabó.

Pero yo sé la verdad.

El mundo es un lugar peligroso. Silas nos enseñó eso. Nos enseñó que el enemigo puede dormir en la habitación de al lado, que la familia puede ser una trampa mortal y que la seguridad es una ilusión.

Me levanto de la cama en silencio. Camino descalza hacia la puerta. Compruebo la cadena. Está puesta. Compruebo el cerrojo. Girado.

No es suficiente.

Arrastro la silla de escritorio barata y la encajo bajo el pomo de la puerta. Luego, cojo la lámpara de la mesita de noche, arranco el cable del enchufe y la dejo en el suelo, frente a la entrada, como un obstáculo ruidoso improvisado.

Vuelvo a la cama, pero no me tumbo. Me siento de nuevo, con la espalda contra la pared, vigilando la puerta.

Kael respira tranquilo. Él puede permitirse dormir porque yo estoy despierta. Ahora soy yo el soldado. Soy yo el perro guardián. Meto la mano bajo la almohada y toco el metal frío de la pistola de Kael. Solo queda una bala en la recámara.

Es suficiente.

Es todo lo que necesito.

Con Marcus vivo, sí, pero se pudre en una celda fingiendo ser una víctima que nadie cree. Beatrice es solo un eco entre las paredes blancas de una clínica psiquiátrica. Y Julian... Julian huye con miles de bitcoins que son tan inútiles y rastreables como una mancha de sangre en la nieve.

Los 20 millones en efectivo eran solo la punta del iceberg. Como Kael mencionó al principio: quien gane el juego, quien sobreviva el mes, se queda con el tablero. Tendrá a su nombre no solo los 20 millones —que para Silas era como sacarse una cana— sino también las propiedades, las acciones, el imperio, todo aquello que no se perdió en el incendio... es decir, se queda con todo.

Esas eran las letras pequeñas del contrato, pues ante las leyes, ante el fuego o familiares, el último miembro en pie hereda lo del difunto. Y yo tengo las copias en mi teléfono: los documentos, las grabaciones, los contactos... evidencia. Solo falta...

—Te quiero, Kael —susurro, quitando el seguro del arma—. Pero tengo demasiadas deudas, y de amor no se vive.

Respiré hondo y acaricié su cabello con ternura, memorizando la textura de sus mechones por última vez. Apoyo la boca del arma contra su sien, cerrando los ojos para no ver el destello del disparo antes de quedar como la heredera Blackwood.

FIN

FIN




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