Jardín de tulipanes [bl]

Capítulo 3: Odio o Amor

Erick se había tomado todos esos días para pensar en qué tipo de vida quería; tenía una familia, lo que nunca había tenido antes. Se había dado cuenta que su hermano y su padre querían a Azariel, pues al día siguiente de haber llegado a la casa, despertó con la sorpresa de ver al padre de Azariel velando por él. ¿Quién en su sano juicio podría malinterpretar un gesto así como no afecto de padre hacia su hijo? Erick podría ser un novato en tener una familia, pero reconocía perfectamente lo que era sentirse querido por alguien.

Pensar en eso despertó un dolor enorme en su corazón: ¿Qué habrá pasado con su mejor amiga después de que falleció? «No pensemos en eso ahora» se dijo a sí mismo. Su hermano mayor se había ido a despedir de él antes de regresar al internado; le dio un beso en la frente que lo dejó casi en shock e incluso le enviaba mensajes todos los días para preguntar por su estado de salud.

También descubrió con sorpresa que el mayordomo y la mitad de los empleados habían sido despedidos, gesto que comprendió perfectamente después de recordar lo que le había dicho Declan el día anterior.

Todo eso lo había llevado a pensar que tal vez Azariel había estado confundido y quizá lo único que había en su familia era un montón de malentendidos que causaron la distancia entre ellos; era inevitable sentir lástima por el chico. En todo caso, esa vida no le era desagradable en absoluto; ahora tenía todo lo que había deseado en su vida pasada y más.

Con un poco de pesar, rezó y le pidió disculpas al verdadero dueño de ese cuerpo por arrebatarle lo que él tanto había anhelado, pero ahora esa era su vida y él ya no era Erick, sino Azariel; al menos quería convencerse de no haber sido un usurpador. Por alguna razón del destino, su alma había terminado en ese lugar, en ese cuerpo y con esa familia; no podía volver o, al menos, no sabía cómo hacerlo; además, ¿A dónde iría? Erick estaba muerto, estaba seguro de ello.

«A menos que me convierta en fantasma y vague por el mundo como alma en pena… Ey, eso no se escucha tan mal tampoco, podría simplemente viajar por el mundo gratis, ¿no?»

Su padre se rehusó a ir a la empresa a trabajar durante toda la semana, por lo que todo el trabajo lo hacía desde la oficina en casa; no quería dejar ni un minuto solo a su hijo, que había sido lastimado severamente por un grupo de alumnos mayores que sentían odio debido a su orientación sexual; incluso había visto un par de veces a un hombre trajeado con un maletín que probablemente era un abogado.

Su padre no permitió que saliera del dormitorio, aunque a veces solía escaparse cuando estaba aburrido. La casa era realmente gigantesca, aunque no había logrado explorar del todo porque el doctor le había dicho que debía guardar reposo y, cada dos horas, su padre se daba una vuelta por su habitación para monitorear su estado de salud.

Se alegró cuando el director le permitió regresar al internado unos días antes. Su padre, por su parte, no se había puesto muy contento e intentó convencerlo de que se cambiara de colegio, pero cuando su hijo alegó que en cualquier lugar se encontraría con esa clase de personas o peores, su actitud hacia el centro educativo cambió.

El día sábado agendó una cita con el médico para una revisión completa antes de ir a dejarlo al internado. Según el doctor, el tobillo estaba bien mientras no lo forzara; la mano todavía tardaría en sanar, por lo que programó una revisión dentro de tres semanas y, con el golpe de la cabeza, aconsejó tener cuidado de no hacer movimientos bruscos o esfuerzo exagerado, ya que el cerebro podría desencadenar secuelas debido al golpe o crear un coágulo que podría provocar un derrame cerebral.

Por supuesto, su padre se alteró aún más, incluso Erick temió que le diera un paro cardíaco y lo dejara huérfano otra vez. El hombre insistió muchas veces en que Azariel debería quedarse más tiempo en reposo, pero el doctor lo tranquilizó diciendo que solo eran precauciones y no nada grave; también sugirió hacerse un examen ocular, pues había notado que su vista dolía cada vez que una luz fuerte iluminaba su iris.

Todo eso, por supuesto, se le fue notificado a su hermano mayor para que lo mantuviera vigilado; solamente así su padre se convenció de dejarlo regresar al internado. Luego de ello, mandó a su hijo junto al chofer a la escuela, pasando primero por un restaurante y una panadería para comprar el desayuno.

Al llegar al internado, suspiró para darse ánimos. Era la primera vez que se sentía tan nervioso; debía actuar como una persona diferente o al menos eso iba a intentar, pues no estaba seguro de si su verdadera personalidad resaltaría frente a los amigos de Azariel que conocían demasiado bien al chico.

—Vamos, ahora eres Azariel, puedes hacer esto, ten éxito en tu nueva vida —se dijo en voz alta.

Deseaba al menos no ocasionar un desastre. Y con esa determinación recorrió el campus y caminó hasta el dormitorio. Sus recuerdos ya estaban completos, por lo que pensaba no tener dificultades para personificar al antiguo Azariel, con pequeños cambios por supuesto: ya no quería ser el chico tímido y bobo que se dejaba golpear e intimidar por otros. Tendría que armar muy bien la mezcla de personalidades para que no lo descubrieran.

Antes de entrar se sintió ansioso. ¿Qué pasaría si se dieran cuenta de que era alguien falso? ¿Y si lo rechazaban? Bueno, al menos debía intentarlo. Tomó una bocanada de aire y pasó al interior. No había encontrado a nadie en la sala, así que supuso que estaban en la habitación y, nada más pasar la puerta, unos brazos delgados lo recibieron. Alea lo había recibido con alegría y Cedric lo había revisado por completo como una mamá gallina; cuando se aseguró de que estaba más o menos bien, se sentó relajado en la cama de nuevo.




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