Jardín de tulipanes [bl]

Capítulo 4: Terror o ternura

—Sabía que era mala idea que él fuera nuestro compañero de cuarto —espetó Cedric que aún seguía cerca de la puerta del dormitorio dónde había salido su primo junto al idiota de Elyan

Cedric caminaba de un lado a otro preocupado; se había sentido inquieto toda la semana. El hecho de que el primo de su agresor estuviera viviendo con él no debía de ser nada fácil. Si Riel no aceptaba a Elyan, estaba decidido a ir a hablar con el director para que lo sacaran del dormitorio. No importaba lo bien que le cayera su nuevo compañero, no era molesto y acataba las reglas sin oposición, pero primero estaba la salud mental y emocional de Azariel.

—Basta, Ric, me estás mareando —lo regañó Alea. —Cualquier malentendido lo resolverán ellos dos.

—¿A ti te gustaría convivir con el familiar de tu agresor? —le recriminó molestó.

—Pero Elyan no tiene la culpa de lo que hace su primo —trató de razonar el rubio.

Johan, por su parte, estaba sentado en silencio. Se dio cuenta que los dos que estaban allí no sabían del problema entre Elyan y la pequeña belleza, y él no estaba dispuesto a hablar más si eso iba a interferir entre él y su conejito. Miró de nuevo a Cedric y cada vez le daba un vuelco el corazón; su cabello ondulado le quedaba muy bien, rápidamente sintió el impulso de abalanzarse sobre él y besarlo. ¿Cómo podía ser alguien tan provocativamente adorable?

Se había decepcionado tanto al darse cuenta de que su conejito no se aparecería por la biblioteca ese día. Siempre llegaba todos los sábados después del desayuno y los días de semana luego de terminada la jornada escolar. Solía esperarlo con galletas o postres que mandaba a recoger en la pastelería de su hermana, que era una de las más prestigiosas y costosas a esas alturas.

Le estuvo rogando a Elyan toda la mañana para que lo invitara al dormitorio; su amigo no accedió hasta después del almuerzo y antes pidió permiso a uno de sus compañeros, el cual accedió inmediatamente; si se hubiera negado, no habría tenido probabilidades de apreciar esta imagen hasta el lunes.

—Volverán pronto, mejor preparemos las cosas para cenar, la comida fría no sabe bien —calmó el rubio. —¿Te quedarás a comer? —preguntó Alea a Johan.

—Huele bien; así que no puedo decir que no —contestó Johan encantado.

—Ha empezado a llover —avisó Cedric, fijándose en la ventana de la sala de estar.

—Es la primera tormenta del año, tal vez solo sea pasajera —dijo Johan en un intento vano en calmar el ánimo.

—Riel aún no viene —mencionó su conejito sin prestarle atención..

Cedric estaba dispuesto a coger una sombrilla e ir a buscarlo, pero cuando estaba a punto de ir a su habitación por una capucha, los dos habían cruzado la puerta de entrada con tal calma que dejó sorprendidos a los tres menores, Cedric evaluó a Azariel de pies a cabezas mientras estaban parados en la entrada; gracias a Dios, su primo no se había mojado.

—Lamento la tardanza, el elevador está bastante concurrido debido a la tormenta —se disculpó Riel—. ¿No han empezado a comer?

—Los estábamos esperando —murmuró el castaño en voz bajita.

Alea les pasó un juego de cubiertos y todos se sentaron alrededor de la alfombra de arcoiris; los platillos ya estaban dispersos y listos para comerlos. El rubio se había encargado de eso.

Johan estaba encantado con la comida; era realmente deliciosa en comparación con la que servían en la cafetería del internado. Los platillos que servían no eran realmente malos, en todo caso quizá un poco repetitivos que terminaban cansando, pero admitía que la comida del restaurante era mucho mejor.

Echó un vistazo discretamente al ambiente: a su amigo se le notaba decaído, al parecer la conversación no fue tan bien como la habían planeado. La pequeña belleza se había sentado lo más lejos posible del ojos grises, y percibía una fuerte tensión entre ellos dos como choque electrizante que le ponía los pelos de punta. Se había dado cuenta porque su amigo estaba realmente loco por ese chico; el pelinegro era muy hermoso, más que la chica más popular del colegio mixto, y Johan había salido con ella un par de veces. Pero no era solo eso: los gestos delicados y elegantes, incluso la manera de comer o usar el tenedor, era bastante encantadora y hasta tierna.

—¿Te quedarás a ver una película? —preguntó Cedric de repente que lo sobresaltó, había olvidado que estaba sentado a su lado. Lo dijo muy bajo, solo para que él lo escuchara; el corazón de Johan se aceleró como loco. Su conejito le estaba pidiendo que se quedara a ver una película, era tan lindo.

—No tengo mucho que hacer —decidió sonriéndole.

Lo que era una completa mentira porque tenía una montaña de tareas aún sin terminar que esperaban por él en su escritorio.

—Haremos maratón de miedo —dijo Alea alegremente, que no se había perdido la oportunidad de parar la oreja y escuchar a escondidas—. Espero que sean valientes.

Cedric y Riel se dedicaron una mirada significativa; eran conscientes de lo cobardes que eran los tres y el que Alea dijera eso sonaba bastante gracioso, siendo el más cobarde de los tres. Erick no le temía a muchas cosas, pero por supuesto que creía en fantasmas, extraterrestres y asesinos seriales.

—Nos esforzaremos —le prometió Johan.




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