La semana había pasado demasiado rápido; entre tareas y la evaluación mensual no habían tenido tiempo para pensar en nada más que no fuera la escuela. Terminaban tan cansados que se dormían tan pronto su cabeza tocaba la almohada. Hasta Johan se había quedado con ellos esa semana para que lo ayudaran a estudiar.
Por fin había llegado el viernes y Alea ni siquiera tuvo tiempo para emocionarse; se le había pasado por completo su cumpleaños, hasta que la campana que anunciaba la finalización de clases se escuchó por la estancia y un mensaje de parte de la administración brilló en la pantalla de su móvil.
Ni siquiera esperó a que Azariel guardara todas sus pertenencias en la mochila y lo arrastró con él para pasar recogiendo a Cedric. Rumbo al edificio de administración pensó que el microondas y otras cosas menores que habían comprado por internet, ya habían llegado, sin imaginarse que en realidad era el regalo de cumpleaños de parte de su tía como todos los años. La decepción solo le duró unos minutos; al caer en cuenta que era su cumpleaños, sonrió alegremente de nuevo.
—¿Por qué será que no llega el microondas? A estas alturas ya debería estar aquí —se lamentó de camino a los dormitorios.
—Tal vez tienen dificultades con el pedido —supuso Azariel.
Cedric solo tosió incómodo y Alea se sintió nervioso, así que decidió cambiar de tema para evadir el peligro.
—Mañana saldremos a cenar y luego al club, ¿cierto? —preguntó evitando la mirada del pelinegro.
—Sí, ya reservé en el restaurante japonés que dijiste —le informó Cedric—. Pedí una habitación privada porque no estaba seguro de cuántos íbamos a ir.
Eso era lo que menos le importaba al rubio.
—¡Estoy emocionado! —daba saltitos inquietos por el camino.
Hacía mucho que no iban al club; hace tres semanas, en el cumpleaños de Azariel, este se había negado a ir para evitar problemas con Lucas y su grupo, que últimamente habían comenzado a acudir al lugar con frecuencia.
—¿Creen que Lucas estará allí mañana? —preguntó el castaño, como si le leyera el pensamiento.
—Qué importa —dijo Azariel para nada preocupado—. Si está allí y busca problemas, solo le romperé una botella de vino sin alcohol en la cabeza y ya.
—Waaaaa, amigo, ¿Quién eres? —sonrió Alea divertido.
Azariel se quedó paralizado por un momento; sus amigos no pasaron la reacción desapercibida. De hecho, Cedric había notado muchos cambios en su primo y uno de ellos era la agresividad con la que recibía a otros: ya no agachaba la cabeza ni se dejaba amedrentar por alguien más; la personalidad que solo les mostraba a ellos ya no la ocultaba frente a los demás y sus cambios comenzaron desde el día del problema con Lucas y la golpiza que había recibido.
Jamás iba a olvidar ese día; todavía tenía pesadillas al recordar cómo su primo había intentado protegerlos y había recibido el golpe en la cabeza, la imagen de Azariel cayendo al suelo con un golpe sordo y sangre brotando de su cuero cabelludo mientras que Alea y él eran arrojados a un cuarto de limpieza y encerrados dentro. Fue la imagen más espeluznante de toda su vida.
Cuando lo vio de pie en el antiguo salón de arte había sentido alivio, pero también notó que algo había cambiado en él: más seguro, más vivaz, más imponente... más él mismo. La mirada apagada que lo distinguía, ahora brillaba con vitalidad, como si en ese momento hubiera vuelto a nacer.
—No sirve de nada tratar de evitar los problemas —mencionó suspirando—, así que lo mejor es imponer autoridad y defenderse; si no, seguirán tratándonos como un pedazo de desperdicio que no vale nada. ¿O les gusta ser golpeados por imbéciles que apenas saben la tabla del nueve? Porque a mí no.
Alea sonrió, orgulloso de su mejor amigo. Ya era hora de que no se dejara de esos tontos; Cedric y él eran débiles, pero Azariel tenía fuerza, podía defenderse y no dejarse pisotear por nadie. El problema siempre había sido su timidez y el temor a que su padre lo echara a la calle.
—¡Lo importante es pasarla bien y disfrutar! —gritó Alea, causando que los chicos que pasaban por ahí se le quedaran viendo—. ¿Qué ven? Es mi cumpleaños, puedo hacer lo que sea y nadie podrá decirme nada —les regañó.
Los alumnos solo fruncieron el ceño, pero no se atrevieron a decir un solo comentario; hace dos semanas los insultaban cada vez que podían o los denigraban con comentarios homofóbicos, pero el rumor de Azariel golpeando a Lucas y sus amigos ya se había extendido por todo el internado. Nadie más se atrevería a meterse con ellos de ahora en adelante.
—Cállate y apresúrate. —Cedric lo tomó del brazo y caminó más rápido para llegar lo más pronto posible al dormitorio y no pasar más vergüenza.
Azariel los siguió riendo divertido tras de ellos. No importaba lo que sucediera desde ese momento, pero estaba seguro de que su vida estudiantil sería mucho mejor que en su vida pasada.
Por costumbre celebraban sus cumpleaños en dos partes: la primera siempre había sido una celebración previa más tranquila en el dormitorio el día del cumpleaños, y luego una salida el fin de semana. Pero Alea no esperaba que Johan y Elyan decoraran la habitación y prepararan un pastel para él. Recibiéndolo en el dormitorio como si se tratase de una gran celebración.
#508 en Joven Adulto
#1982 en Otros
amor puro reencarnaciones, violencia amor dolor tristeza y vida, romance +16
Editado: 16.06.2026