Elyan casi deja caer el vaso que tenía en las manos cuando vio a Azariel alejarse de la mano de la chica. ¿Por qué? ¿Por qué rayos había aceptado? En el momento en que llegaron a la pista, Azariel hizo una reverencia al estilo príncipe; la chica incluso se sonrojó. No podía verlo, pero podía intuirlo.
Escuchó un coro de gritos emocionados a tres mesas de distancia, en donde se encontraban: tres chicas que miraban atentamente a la pareja, mientras una canción del género bachata sonaba en los altavoces. Azariel cogió a la pelirroja de la cintura y la pegó a él; se movían de una manera tan sensual que incomodaba de tal manera a Elyan que no pudo evitar removerse inquieto en su asiento. Sus caras estaban demasiado cerca para su gusto y los dos tenían los ojos puestos en el otro.
—En momentos como estos es cuando Riel me hace dudar que sea gay —comentó Alea de la nada—. Es que se ve tan sexi hoy. —Suspiró.
—Supera tu crush con él —le pegó Cedric en la cabeza al rubio, que se quejó al recibir el golpe.
—Ya lo superé —le aseguró— , pero eso no quiere decir que no disfrute de sus momentos masculinos.
—Este tonto —murmuró su amigo.
Johan estaba feliz de tener a su conejito al lado y no estar sufriendo como Elyan, hasta que otra chica se acercó a la mesa. Estaba a punto de rechazarla con la misma excusa que había utilizado desde que llegaron, hasta que la chica le tocó el hombro a Cedric y lo invitó a bailar. Johan se quedó paralizado cuando este aceptó y la acompañó a la pista. Segundos después escuchó la risa de Alea.
—¿Te impresiona que ellos puedan ligar con chicas estando ustedes aquí? —se burló—. Siendo sinceros, las chicas prefieren a los chicos gay.
—¿Por qué? —preguntó Declan, que hasta ahora había estado ignorando a todo el mundo.
—Porque nosotros sabemos tratar como princesas al sexo femenino —aclaró—. No hay necesidad de ser heterosexual para comportarse como un caballero; les damos lo que ellas quieren: atención, halagos, regalos, etc.. Aunque sea por un rato, sienten que son importantes para alguien. Por un momento ellas tienen al chico ideal al lado.
—¿Y qué pasa cuando se dan cuenta que no tienen posibilidades con ese chico? —preguntó Johan.
—No les damos la oportunidad de que lo sepan; simplemente nos despedimos dejando un agradable recuerdo.
—Son como el sueño de toda chica —comentó Elyan con acidez sin apartar sus ojos de Azariel.
—Exactamente —confirmó Alea sonriendo— , solo un sueño, porque no hay probabilidad de que se haga realidad.
—¿Es así? —comentó Declan pensativo.
Su padre una vez le había dicho que había sacado la personalidad de su madre a pesar de ser la viva imagen de él, y que debía tener más calidez al momento de tratar con chicas; hasta sus amigos le habían dicho que parecía un robot andante. Siempre había estudiado en colegios solo para chicos; solo en el jardín de infantes había convivido con el sexo femenino y, aunque había salido con chicas más de una vez, se le era difícil saber cómo tratarlas. Sin embargo, su hermano había tenido la misma crianza que él y era muy bueno ligando con chicas. Eso le hizo preguntarse: ¿En qué estaba fallando?
—Voy al baño —avisó Alea al levantarse de su lugar.
—No te vayas a perder —le advirtió Declan.
—Hermano Declan, vengo a este lugar muchas más veces en el año que tú; conozco bien dónde se encuentra el baño. ¡Ay! —se quejó al recibir un golpe en la frente de parte del mayor.
—Insolente.
Indignado, el rubio se dio la vuelta y salió en busca de los baños; el hermano de Azariel era guapo, pero era un completo idiota. Entró a los lavabos y se aseguró que fueran los de varones, porque dos veces se había equivocado con el de chicas en ocasiones pasadas. Estaba tan acostumbrado a los lavabos del internado, que se le olvidaba que en el mundo exterior existían baños femeninos.
Después de haber vaciado su vejiga se sintió más tranquilo. Al salir a la puerta pudo escuchar a dos personas discutiendo no tan lejos; en cuanto más se iba acercando a ellos, pudo entender retazos de la conversación.
—¿Por qué me haces esto? —decía la voz de la chica—. Dijiste que estabas enamorado de mí.
—Grisi —suspiró cansado un chico de voz profunda, masculina y bastante bonita—, fuiste tú la que decidió terminar conmigo porque te habías enamorado de alguien más.
Era una discusión de ex-enamorados.
—Lo sé, pero ahora estoy aquí y quiero estar contigo.
—Qué descarada —susurró Alea por lo bajo.
—Pues yo ya no quiero estar contigo; hace más de un año que nuestra relación terminó, yo ya te he olvidado.
—No mientas; si eso fuera verdad, no estarías con una chica y otra.
—Si salgo con alguien o no, no es asunto tuyo.
—Claro que sí, porque en su lugar puedes quedarte conmigo —alegó la chica.
—Por favor, para y vete; no quiero saber nada de ti. Deja de perseguirme e ir a todos los lugares donde estoy. ¿Es que no te cansas de acosarme? En serio, estoy tan cansado de ti.
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Editado: 16.06.2026