Johan y Cedric
Truenos y relámpagos rugían como una poderosa batalla entre dioses en el cielo; si de verdad los dioses griegos existieran, podría jurar que Poseidón y Zeus estarían haciendo un enorme berrinche por alguna ninfa o, tal vez, simplemente la naturaleza estaba enfadada por la contaminación del ser humano; cualquiera de las dos razones podría encajar perfectamente.
La Realidad era que la tormenta en el exterior era cada vez más fuerte y peligrosa; llevaba menos de veinticuatro horas y ya había habido múltiples desastres en todo el país. Por suerte, ellos habían salido temprano del internado; de lo contrario, habrían estado varados al igual que Declan sin poder regresar a casa y sufriendo noches sin corriente y durmiendo en el pasillo para no subir las escaleras hasta el décimo piso.
Mientras estaban divirtiéndose, Azariel había recibido una llamada de su hermano mayor, debido a que no había podido comunicarse con su padre. Allí fue cuando se enteraron de que la carretera que bajaba desde la montaña había quedado bloqueada por un deslave de tierra; por suerte, no había muchos autos que pasaran por ahí, por lo que no había habido mayores daños ni víctimas que lamentar. Sin embargo, los alumnos del colegio y algunos maestros que habían viajado a la ciudad por provisiones quedaron varados sin poder moverse del lugar.
Luego de la llamada, todos decidieron regresar a la casa principal y ver las noticias; entonces fue donde se dieron cuenta de la gravedad de la situación: los ríos se habían desbordado, varias carreteras principales habían quedado bloqueadas debido a derrumbes, árboles o ramas que obstruían los caminos, y eso que el tifón no había entrado al territorio todavía.
—¿Creen que pueda haber inundaciones? —preguntó Alea, preocupado.
—Probablemente —contestó Elyan—, sobre todo en las zonas bajas del país o donde hay ríos cerca.
—Creo que llamaré a mis abuelos —dijo Zen rápidamente, sacando su teléfono.
Cedric notó que Azariel estaba un poco preocupado; el tío había dicho que vendría para la cena, pero debido al tráfico y al bloqueo de carreteras no estaban seguros de si podría hacerlo o tendría que pasar toda la tormenta en la oficina. Cedric también se sentía un poco ansioso; su madre le había llamado temprano, pero no sabía nada de su padre, que se encontraba en la capital ayudando a dirigir la corporación de su abuelo. Estaba seguro de que su madre ya le había avisado de su paradero; aún así, no dejaba de sentir un poco de miedo.
Como había dicho Elyan, en algunas zonas habían comenzado a evacuar debido a posibles inundaciones y desbordamientos; cada uno de los más altos se fue levantando del sofá para poder contactar a su familia y saber cómo se encontraban. Alea había intentado contactar a su tía, pero no había podido comunicarse, por lo que casi se encontraba al borde de las lágrimas. Cedric y Azariel trataron de calmarlo, diciendo que todo estaría bien, pero no podían evitar sentirse igual de ansiosos.
Cuando ya habían pasado dos horas de la indicada para la cena, Azariel comenzó a entrar en un pánico silencioso y estuvo a punto de llamar a su padre cuando vio al mayordomo correr hacia la puerta principal y todos se levantaron del sofá, expectantes.
—¡Papá! —gritó Azariel al ver al hombre alto de cabellera negra y ojos azules aparecer en la entrada; ni siquiera le importó que el hombre estuviera un poco empapado de la lluvia y se lanzó a sus brazos.
—Ya, ya, estoy bien —tranquilizó el hombre, alzando en brazos a su hijo menor y acariciando su espalda afectuosamente como si se tratara de un niño pequeño.
—¡Tía! —se sobresaltó Alea con la voz quebrada y casi dejando salir un sollozo cuando vio a la mujer joven que venía empapada detrás de Keitan.
—Mi ratoncito —saludó la mujer, abrazando al rubio y consolándolo mientras este explotaba en llanto y dejaba salir toda la ansiedad—, deja de llorar, aquí estoy.
—Hola, tío —saludó Cedric, abrazando a su tío después de que bajara a Azariel—, qué alegría que estés bien, al igual que la tía Ivonne —saludó también con un abrazo.
—Mis queridos tulipanes, no saben lo afligida que me han tenido, ni siquiera he podido contactar a ninguno.
—Pero nosotros pudimos llamar a nuestra casa —comunicó Johan.
—Algunas líneas todavía funcionan —anunció Keitan—, pero hay otras que quedaron inservibles desde el mediodía. Después de que salí de mi última reunión intenté contactar a Declan, pero no pude, así que fui al internado para recogerlo y traerlo a casa, cuando llegue cerca del segundo cruce, la carretera estaba bloqueada y se me hizo imposible pasar.
—Sí, mi hermano llamó y también nos dijo eso —contó Azariel a su padre.
—Aún si hubiera podido llegar, dudo que Declan hubiese querido regresar; dijo que se quedó para ayudar por todo el caos que había debido a la falta de electricidad de la noche anterior —opinó Cedric.
—Por eso mandé a unos expertos para que aceleraran la función de los nuevos generadores; por suerte terminaron antes que la carretera fuera bloqueada.
—Si hubiésemos sabido eso, nos hubiéramos quedado allá —razonó Azariel.
—No, prefiero tenerlos aquí donde puedo verlos y saber de primera mano que están en un lugar seguro —comentó el mayor.
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Editado: 16.06.2026