Elyan estaba muy ansioso. Desde la noche anterior que había hablado con Azariel, se había devanado los sesos pensando en formas de acercarse a él; por la mañana ni siquiera había puesto atención en clase mientras hacía lo que nunca había hecho desde que entró a la escuela: mensajear con su mejor amigo en hora de clases. Por suerte, su sitio estaba en la parte de atrás y, como era un buen estudiante, los maestros ni le ponían cuidado.
Por último, la lista que había marcado con lapicero rojo en la última página de su cuaderno de aritmética, terminó así:
Lista para cazar al lindo gatito
(Advertencia: al baño no, podrían tacharte como pervertido).
Hasta ahora la lista era una basura, pero no se le ocurría nada más y su "amigo" no ayudaba en nada. Aunque el descarado había conquistado a Cedric, que era un chico bastante serio y precavido, solo podía confiar en él y tirarse de cabeza a la piscina aunque estuviera sin agua.
Cuando sonó la campana de mediodía, se encontraba visiblemente nervioso.
—¡Oye! —escuchó a su espalda. Cuando se volteó, se encontró con los ojos amarillos de Cedric—. Recibí un mensaje de Riel; dijo que fuéramos al salón que está cerca del gimnasio.
No podía impedir que su corazón saltara con la sola mención de su nombre, pero el nerviosismo aumentó aún más. ¿Qué iba a hacer cuando lo viera?
Después de la conversación que habían tenido la noche anterior, esa mañana ni siquiera le dirigió una mirada. Es muy probable que estuviera enojado con él por obligarlo a hablarle con la excusa de llevarse bien dentro del dormitorio, pero era la única razón viable para poder acercarse sin ser golpeado. Azariel era como un gatito arisco, de esos a los que no les gustan las personas y arañan al menor movimiento que les arrebate su tranquilidad.
—Bien —contestó, y siguió a Cedric hasta el salón de la clase siete en el piso superior.
Ahí se encontraba Johan, a quien se le iluminaron los ojos en cuanto vio a Cedric llegar por él. Al pie de las escaleras ya los esperaban Zen y Alea, que no dejaba de fruncir el ceño.
—¿Pasa algo? —le preguntó Cedric—. ¿O sólo estás de mal humor porque no has podido comer bocadillos en clase?
—No es eso —refutó sin dejar de ver en la dirección opuesta a la de la cafetería—. No estoy seguro, pero creo que acabo de ver la cabellera amarillo chillón de Lucas.
—¿Ya se cumplió un mes? —se sorprendió Cedric. No lo culpaba; hasta él había olvidado que su primo estaba suspendido por un mes y ya era hora de que regresara.
Se dio cuenta de que Cedric lo miró con un poco de reproche.
—No tengo comunicación con él —se justificó rápidamente—, ni siquiera recordaba que lo habían suspendido.
—Es verdad, la familia de Elyan no se lleva bien con la de Lucas y su familia —apoyó Johan.
Solo al escuchar al peliblanco, Cedric se calmó y apartó su mirada afilada. Elyan dejó salir el aire retenido con alivio.
—Sinceramente, no me importa tanto que haya vuelto —confesó Alea—; mi preocupación es que se dirigía al ala del gimnasio, donde está Riel, solo —aclaró.
—¡Debiste haber dicho eso desde el principio! ¡Tonto! —reclamó Cedric y corrió en esa dirección.
Ni siquiera le dio tiempo a Alea de replicar. Los demás lo siguieron lo más rápido que pudieron; a Elyan casi se le sale el corazón de solo imaginar que pudieran golpear de nuevo a su lindo gatito, apenas se estaba recuperando de la última vez.
Antes de llegar, escucharon un estruendo proveniente del salón cerca del gimnasio. Todos se pusieron pálidos de preocupación. El primero en llegar fue Elyan, que había apretado el paso en cuanto escuchó el golpe; empujó la puerta lo más fuerte que pudo y se quedó paralizado en cuanto vio a Azariel.
—¿Qué pasó? ¿Está bien? ¡Por el amor de Dios, quítate de en medio! —gritó Cedric empujando con todas sus fuerza al pelinegro—. ¿Azariel, estás bien?
Azariel, en todo caso, estaba completamente paralizado, con una silla en las manos y viendo a los demás muy confundido.
—¿Por qué vienen tan agitados? —cuestionó el ojiazul bajando la silla con cuidado y observando a los cinco chicos que jadeaban de cansancio—. ¿Corrieron hasta aquí?
Los demás no contestaron. Cedric, Elyan y Alea se deslizaron hasta el suelo con alivio, mientras que los otros dos fueron los responsables de contestar a Azariel.
—Vimos a Lucas, que venía en esta dirección —le informó Johan.
—¿En serio? No lo vi.
—¿Qué fue ese ruido? —preguntó Zen, mientras levantaba a Alea del piso.
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Editado: 02.07.2026