Azariel estaba desconcertado. ¿Qué había sido ese coqueteo descarado de parte de Elyan? ¿O simplemente se lo estaba imaginando y había malinterpretado la situación? Era difícil saberlo con seguridad, pues a pesar de que el verdadero Azariel había prácticamente acosado a Elyan en el pasado, no sabía mucho de él o de su personalidad.
Hasta ahora solo lo había catalogado como un chico silencioso y algo tonto; no en el sentido de inteligencia, claro está, el chico era muy inteligente en lo académico.
Aún así, ese extraño comportamiento no ayudaba a que pudiera mantener en pie la pared que había levantado entre ellos y así poder tener una vida pacífica. Aunque su alma tenía la voluntad de deshacerse de ese amor no correspondido por el chico que le rompió el corazón al antiguo Azariel, su cuerpo se negaba a olvidar esos alborotados sentimientos. Una prueba de ello era cómo su corazón había latido tan alocadamente cuando lo había llamado hermoso.
¿A cuántas personas no había escuchado decir lo mismo? Sin embargo, viniendo de los labios de Elyan, provocaba sensaciones que no había experimentado nunca.
Ahora sentía que el acuerdo de mantener un trato cordial entre ellos dos había sido una mala idea. Sus interacciones no ayudaban para nada a su fuerza de voluntad, pero tal vez si ponía algo de empeño pudiese acostumbrarse y luego ya no le importaría. Por el momento, lo mejor era ignorarlo un poco.
Cuando la campana de las clases terminó, se dirigieron al club como habían planeado. Junto con Alea fueron a recoger a Cedric, y Zen los acompañó; ya que, después del receso, le habían prometido llevarlo a la sala del club de arte y pintura para que pudiera postularse. Gergo, el presidente de ese club, era muy amable y lo recibió alegremente; luego de eso se dirigieron a su propio club, donde ya los esperaban sus compañeros.
Jordan, un chico afroamericano de segundo año, miembro desde hace dos y vicepresidente del club, se encontraba ordenando el archivo con los trabajos que habían traído los demás.
—Hola chicos, tiempo sin verlos —saludó alegremente.
—Hola Jordan —saludaron los tres al unísono.
—¿No vieron a Stevan por ahí? —preguntó Frederik, un alumno de tercer año de cabello color cobre.
—No lo vimos —contestó Alea tomando asiento.
—Antes vino su hermano a buscarlo y se lo llevó al salón del consejo estudiantil —comentó.
—Quisiera tener un hermano menor para saber lo que se siente ser sobreprotector —dijo Joshi, otro alumno de tercer año. Aunque se viera como el típico chico mujeriego, que se saltaba las clases y fumaba a escondidas en una esquina cerca de la bodega, no era así.
Joshi era un chico educado y muy bromista, risueño y hasta un poco tierno a veces; solo su apariencia descuidada y su cabello hasta los hombros daba esa sensación.
—Terminarías odiado por tu hermano —le aseguró Azariel.
—¿El presidente es sobreprotector? —inquirió Jordan impresionado, pues la apariencia de Declan siempre ha sido la de un chico frío.
—Demasiado —contestó Alea en su lugar—. Siempre insiste en acompañarnos cada vez que salimos del internado.
—Eso es lindo —opinó Frederik—. Solo quiere cuidarlos para que no les pase nada malo.
—Pero es un fastidio —señaló el rubio.
—Bien, mejor entreguen sus trabajos para terminar con esto —pidió Jordan a los chicos.
Alea y Azariel entregaron su memoria con las fotografías ya editadas. Cedric se quedó junto a Jordan para ayudarlo. Aunque pareciera extraño para muchos que un alumno de segundo fuera vicepresidente del club en lugar de presidente, para los chicos no lo era, puesto que Azariel, Alea y Cedric eran miembros del club desde su primer año de secundaria.
En otras escuelas o colegios, los alumnos no tenían derecho a ser miembros de un club hasta llegar a preparatoria, pero el internado era diferente; ya que los chicos vivían dentro y tenían mucho tiempo libre, se les permitía ser parte de un club desde la secundaria, aunque en ese periodo de estudio era opcional y no obligatorio.
Cedric y Azariel siempre habían sido aficionados a la fotografía y, al llegar a secundaria, no lo pensaron dos veces y pidieron unirse. Sus notas eran muy buenas, por lo que no hubo mucho problema. Alea, sin embargo, solo pudo unirse en segundo de secundaria debido a sus bajas notas.
Por ello, al graduarse el antiguo presidente el año pasado, le dejó el cargo a Cedric, que era el más aplicado y veterano. Azariel, por su parte, había rechazado el puesto para vicepresidente y se lo había cedido a Jordan, probablemente porque era un chico tímido; pero ahora no se quejaba, tener un puesto así debe llevar mucho esfuerzo y trabajo.
Al poco tiempo llegó un sonrojado Stevan; sus mejillas regordetas de bebé y sus lentes dorados lo hacían lucir adorable. Detrás de él apareció el profesor Iveck, de educación física, que era el encargado del club de fotografía.
—Stevan, no corras en los pasillos, pueden sancionarte por eso —regañó el maestro.
—Lo lamento —se disculpó el pequeño acomodando sus gafas—, es que se me hizo tarde por Leo.
—¿Tu hermano otra vez?
—Sí, es que en el almuerzo no comí mucho porque no me sentía muy bien, él se enteró e insistió en llevarme a la enfermería.
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Editado: 02.07.2026