Cuando Azariel aceptó tomarse las fotos en representación del cuerpo estudiantil, nunca pensó que estas serían tan populares. Estaba consciente de que su físico era muy llamativo, pero jamás se imaginó que se convertiría en el centro de atención, no solo de la institución, sino de toda la ciudad, hasta el punto de que varios representantes de agencias de entretenimiento y modelaje habían llegado al internado con la esperanza de reclutarlo.
Obviamente se había negado rotundamente. No le molestaba que lo halagasen debido a su hermoso rostro y aceptaba que de cierta manera le agradaba, pero preferiría recibir cumplidos por su cerebro que por sus cualidades físicas.
Apenas había pasado una semana desde que se habían publicado las fotos en el portal de la institución y ya se encontraba agotado de tanta atención innecesaria. Sobre todo, porque la semana de exámenes había sido todo un alboroto debido a las multitudes y las personas buscando al estudiante con una belleza excepcional.
—Sencillamente, Riel es otra cosa; si hubiésemos sido uno de nosotros, no hubiéramos llamado tanto la atención —comentaba Alea, sentado en la cama de Cedric.
—Si gustas, cambiamos de rostro —propuso Azariel desde la comodidad de su cama—. Cada vez que veo al director tengo que escapar de él para que no me lleve a otra reunión de reclutamiento.
—Es tu karma por acaparar tanta belleza —le recriminó Cedric, que se encontraba sentado entre las piernas de Johan. Y aun así, decían que no eran novios.
—¿Por qué soy solo yo? —reprochó—. Si no mal recuerdo, en esta habitación están seis de las diez caras más atractivas de la ciudad.
—¿Dónde dice eso? —preguntó Zen, que sostenía un cuaderno de dibujo.
—Está en una página llamada "Circule". Es una red social solo para estudiantes. Primero, cada institución vota por las caras más atractivas de su institución; luego, esos pasan a otra votación para elegir los diez mejores entre todas las instituciones de la ciudad —explicó Elyan, que revisaba su teléfono sin prestar mucha atención.
Azariel se preguntaba cómo hacían para tomarles fotografías sin que se dieran cuenta; de lo que estaban seguros era que nadie del club de fotografía lo había hecho.
—Y hasta ahora Azariel está liderando, luego está Declan, detrás de ellos estamos nosotros y los últimos tres puestos los cubren dos chicos de tercer año y uno de segundo —comentó Johan.
—¿Cómo es que lograron ubicarme en esa página, si ni siquiera sabía que existía? —cuestionó Zen.
—La verdad, nosotros no tenemos perfiles en esa red social, pero según me contaron, hay un grupo que se encarga de recolectar las fotos de los chicos apuestos y subirlas para la votación. Estoy seguro de que una foto tuya fue subida el primer día que te presentaste en clase —Alea había sacado un paquete de gomitas de su bolsillo y se disponía a comerlas.
—Eso es ilegal —se quejó.
—Sí, pero ¿Cómo puedes saber quién te tomó la foto y acusarlo?
—¿No se supone que son perfiles de estudiantes? —cuestionó el pelirrojo.
—Cuando te registras debes hacerlo con tu carnet de estudiante vigente, esa es la seguridad que te brinda la plataforma; pero también puedes crear grupos anónimos donde puedes subir cualquier tipo de contenido, siempre que no incumplan las normas de la plataforma. Si hacen algo así, la plataforma automáticamente cierra la cuenta y desvela el número de carnet del estudiante para que se tomen medidas disciplinarias al respecto —explicó Johan.
—Unas fotos con fines de entretenimiento no incumplen las normas, por lo que la plataforma no tiene la necesidad de revelar quién es el administrador de la página o grupo —finalizó Alea.
Lo que había dicho Alea tenía sentido. Esa dichosa votación llevaba años llevándose a cabo y hasta ahora nadie había descubierto a sus creadores. El silencio en el que se había sumergido la habitación fue roto por el sonido del timbre: alguien estaba llamando a la puerta.
—Si es el director, dile que estoy dormido —dijo rápidamente Azariel a Cedric, escondiéndose bajo las sábanas.
A Elyan le pareció lindo el gesto, pero trató de ocultar su sonrisa detrás de su móvil. Estaba un poco molesto por la atención que Azariel había estado recibiendo, no por envidia, claro; su molestia era debido a la concurrencia de chicos y chicas de otras instituciones que se habían atrevido a esperar en la entrada del internado para poder verlo en persona. Él no había podido avanzar en su relación “amistosa” y aún sentía miedo de decirle la verdad. ¿Y si alguien aparecía de repente y se lo arrebataba? En fin, Elyan se estaba muriendo de los celos.
Mientras tanto, minutos después de que Cedric desapareciera por la puerta de la habitación, regresó con un Declan vestido con ropas casuales. El joven presidente vestía un pantalón de vestir celeste claro, una camisa con rayas azules, unas Converse blancas y un reloj super caro en su muñeca.
—Solo eres tú —suspiró aliviado Azariel al ver a su hermano mayor.
—¿Quién más podría ser? —preguntó confundido.
—El director —dijeron todos al unísono.
—No te preocupes, ya le dije que deje de molestarte y le recordé el acuerdo que firmó contigo.
—Qué bueno, para algo tenías que servir.
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Editado: 23.07.2026