Jardín de tulipanes [bl]

Capítulo 19: Preocupado

Minutos antes…

Elyan se dio cuenta de los ojos enrojecidos de Azariel cuando entró al dormitorio; aun así, trató de fingir que no lo hizo. Si hubiera sido por él, al momento de entrar por esa puerta lo hubiera bombardeado con preguntas para saber qué había sucedido, pero tampoco eran lo suficientemente cercanos para inmiscuirse en su vida privada.

Nada más les dio las bolsas de comida y siguió de largo al dormitorio. Observó que Cedric también se había dado cuenta del estado de su amigo; el castaño no lo pensó dos veces y lo siguió.

Elyan también sintió el impulso de hacerlo, pero se obligó a quedarse quieto en su sitio y no cometer ningún error. Ayudó a los demás con la comida para que pudieran cenar; sin embargo, sus ojos no se separaron de esa puerta. No pasaron ni cinco minutos cuando Cedric salió con la cara pálida y cerró la puerta detrás de él.

—Es mejor que nadie entre en la habitación por el momento, Azariel está muy cansado —comunicó.

Elyan, preocupado, se acercó sigilosamente a Cedric, aunque no se llevaba muy bien con el chico porque este todavía le tenía un poco de resentimiento por lo que había hecho Lucas. Tenía que admitir que le importaba más el estado de Azariel a que el castaño le insultara por entrometido.

—¿Pasó algo? —le susurró a Cedric, quien inmediatamente detuvo sus movimientos y lo observó con mala cara—. Me di cuenta de que había llorado —prosiguió sin sentirse intimidado.

—Si pasó algo o no, eso no te incumbe. Puedes ser nuestro compañero de habitación, pero eso no te permite meterte en la vida de los demás —mencionó Cedric en voz baja; su voz era pausada, pero contundente.

Elyan decidió que era mejor no comentar nada más y se sentó a comer junto a los demás. Cedric ni siquiera había probado un bocado a pesar que la comida olía y se veía muy apetitosa; luego de unos minutos, se levantó de su sitio y volvió a entrar en la habitación. Alea, que había seguido comiendo como si nada, dejó su plato a medio comer después de unos minutos.

—Ya vuelvo —avisó y se fue a la habitación, pero luego de unos segundos salió para guardar su comida y la de Cedric. De una vez le advirtió a Johan que era mejor que se fuera a su habitación sin ver a su novio.

Su amigo se quedó completamente desconcertado luego del aviso sin ninguna explicación de parte del rubio. Esa advertencia preocupó más a Elyan, que hasta lo hizo perder el apetito.

—¿Por qué no puedo ver a mi conejito? —reclamó Johan, ignorante de la situación.

—¿No te diste cuenta de que Azariel no se encontraba bien cuando volvió? —comentó Zen sin despegar su mirada de la lasaña que estaba degustando—. Lo mejor es que los dejen en paz, ellos se conocen bien y saben qué hacer en estas situaciones. En este momento lo que necesita Azariel es estar con sus amigos.

Elyan sabía que lo que decía Zen era lo correcto. ¿Qué podía hacer él por Azariel en este momento? No conocía nada sobre Azariel y no sabría cómo consolarlo; lo mejor era quedarse quieto, envuelto en su angustia y preocupación, esperando que al día siguiente se encontrara mejor.

—¿Qué habrá pasado? —preguntó el peliblanco, curioso.

—¿Sabes, Johan? Si lo supiera no estaría tan angustiado —respondió Elyan, apuñalando con el tenedor su filete.

—Cálmate, solo lo dije porque de verdad me preocupa.

Elyan movió su flequillo con frustración y resopló sin saber qué hacer. No era el novio de Azariel, no podía entrar y abrazarlo para que se sintiera mejor; aun si su corazón lo deseaba, no podía hacer nada más que quedarse viendo. Sabía que eso era lo correcto, pero eso no quitaba la agitación en su pecho.

—De verdad te gusta, ¿cierto? —comentó Zen, observándolo.

En los días que llevaba de conocer al pelirrojo, había notado que era un chico con un aura tranquila, pero sus ojos eran muy penetrantes, como si por alguna razón pudiera ver a través de las personas. Elyan tenía un aura intimidante, pero Zen hacía sentir una presión invisible, algo bastante escalofriante en realidad.

—¿Todavía lo dudas? —preguntó Johan, incrédulo—. Está completamente loco por él.

—Lo quiero —confesó Elyan con voz apagada—. O más que eso, sinceramente no puedo identificar hasta dónde llegan mis sentimientos por él, porque nunca me había enamorado antes de conocerlo. Ni siquiera me di cuenta que me gustaba hasta el año pasado —se burló con una risa floja—. Soy tan patético. ¿Qué derecho tengo yo de preocuparme por si está herido cuando fui uno de los que lo hirió en el pasado?

La amargura de ese recuerdo tiñó sus palabras; en parte se resentía a sí mismo por ser un idiota, tal como dijo Johan en su momento, no había necesidad de decirle palabras tan hirientes en ese instante.

Un rechazo simple, y tal vez ahora tuviera una oportunidad. Luego de que ese pensamiento cruzara por su mente, sintió asco. ¿Qué clase de ser humano descarado piensa en sí mismo en esta situación? Tal vez Azariel tenía mala suerte de que alguien como él esté detrás suyo.

—Todos cometemos errores —habló Zen con esa voz gruesa y calmante que lo caracterizaba—. Lo importante no es cuántos, ni qué nivel, sino qué aprendiste de ellos y corregirlos. Yo estuve enamorado una vez, sé lo que se siente; pero al verte y escucharte me hace cuestionarme si en verdad lo estuve —comentó el pelirrojo—. No estoy diciendo que no me preocupara por ella, ni que me sintiera mal cuando ella estaba triste; pero cuando pienso profundamente y recuerdo lo fácil que fue alejarme cuando nos volvimos a ver, me quedo con dudas.




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