Jardín de tulipanes [bl]

Capítulo 20: Pegasus

A la mañana siguiente, Azariel se sentía un poco avergonzado por haber llorado como un bebé; creyó que sus ojos iban a amanecer hinchados y su cara se vería horrible, pero, para su sorpresa, solo había un matiz ligeramente rojizo debajo de ellos. «¿Qué clase de personas son estas que no se ven feas ni cuando lloran?».

Realmente tenía que agradecerle por su linaje a su abuelo materno. Sus amigos no le preguntaron nada cuando se levantaron para alistarse e ir a clases.

—Espero que cocinen algo rico para el almuerzo —comentaba Alea.

—Ni siquiera han comenzado las clases y ya estás pensando en el almuerzo —le decía Cedric.

—Soy un niño en crecimiento —alegó inocentemente el rubio.

—Sinceramente, es la primera vez que veo a alguien tan pequeño comer tanto —comentó Zen.

Alea lo miró con un puchero en el rostro, lo que provocó la risa del más alto.

—Además, Riel también come bastante, ¿verdad, Riel? —se justificó el pequeño, colgándose del brazo de Azariel.

—Deja de justificarte, pequeño glotón —lo regañó Cedric—. Riel solo come lo justo.

Todos miraron expectantes al aludido, pero este iba tan distraído que ni siquiera escuchó que hablaban de él.

Azariel estaba pensando en las palabras de su abuelo. Lo había invitado a su compañía para que lo visitara, y él quería una relación cercana con él, pero no sabía cómo acercarse; al fin y al cabo, seguía siendo un extraño. No se había dado cuenta de que los demás lo estaban llamando hasta que sintió un ligero golpe en el brazo que lo volvió a la realidad.

—¿Ah? ¿Qué? —preguntó confundido.

—¡Ya basta! —gritó Alea, frustrado—. ¿Zen, puedes decirle al maestro que Riel se enfermó y lo llevé a la enfermería? Y Elyan puede inventar una excusa para Ric. Ustedes dos vienen conmigo.

Tanto Cedric como Azariel fueron arrastrados por el pequeño Alea y llevados a la enfermería. La enfermera de turno y el médico estaban presentes; se sorprendieron al verlos llegar con el rubio cogiendo del brazo a los otros dos como si estuvieran convalecientes.

—¿Alguien se siente mal? —se alarmó el doctor, levantándose de su silla.

—Mi amigo se quedó studying toda la noche porque tenemos un examen durante la tarde, pero cuando íbamos hacia el salón de clases casi se desmayó. Creímos que era mejor descansar en la enfermería, y el presidente del consejo estudiantil nos pidió que no lo dejáramos solo, ya que, un tiempo atrás, tuvo un serio golpe en la cabeza.

Cedric aprovechó para excusarse rápidamente y así Alea y él podían quedarse junto a Azariel; todos conocían a su primo Declan. La enfermera podría respaldar su versión, pues ella fue la que atendió a Azariel. El doctor observó detenidamente al ojiazul y, al ver sus ojos enrojecidos y cansados, les permitió quedarse; se recostó en la cama más alejada de la enfermería y corrieron las cortinas para que nadie los molestara.

—Bien —susurró Alea—, dinos qué pasó anoche para que ahora estés tan distraído.

—No quisimos molestar insistiendo en que nos dijeras porque notamos que estabas triste —mencionó Cedric en voz baja—. Sabes que puedes confiar en nosotros.

Azariel suspiró; no era que no quisiera decirles nada al respecto, es que no sabía cómo decirlo. Ni siquiera había procesado toda la información que recibió ayer de parte de su abuelo, y tenía tantas preguntas en su cabeza sin responder que hasta lo tenían mareado.

—Ayer me encontré con mi abuelo.

—¿El abuelo? —Cedric parecía confundido.

—¿Tu abuelo? —se sorprendió Alea—. ¿El esposo de la difunta bruja quiso verte?

Azariel casi se ríe en voz alta.

—Su esposa sí es una bruja, pero no me refería a ese abuelo —corrigió—. Me refiero al padre de mi madre.

—¿El padre de la tía Kara? —se sorprendió su primo.

—¿Tu mamá tenía padres? —Cedric casi golpea a Alea por su falta de tacto. En su lugar, solo le dio un tirón de oreja.

—No, tarado, la tía Kara nació de un huevo que traía la cigüeña —replicó con sarcasmo.

El rubio lo miró con el ceño fruncido.

—Simplemente me sorprendió, no es que sea tonto —dijo molesto—. Me refería a que pensé que... bueno, se habían ido al cielo.

Ambos chicos comprendieron que era un planteamiento razonable, y Cedric por fin liberó la oreja del rubio.

—¿Entonces por qué te buscó ahora? Han pasado once años desde que la tía Kara murió —alegó Cedric.

Aunque Cedric no había conocido a Kara, por respeto siempre se había referido a ella como tía.

—Mejor siéntense, la historia es muy larga.

Azariel se acomodó en la camilla, mientras que Cedric tomó asiento en una silla y Alea cerca de sus pies. El pelinegro suspiró antes de comenzar a relatar toda la historia que había escuchado la noche anterior; procuró no saltarse ningún detalle desde que entró al restaurante hasta que salió. Los dos chicos parecían muy molestos mientras avanzaba la historia; una que otra vez, Alea soltó improperios muy groseros para referirse a la exesposa de su abuelo Azai y a sus hijastros.




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