Jardín de tulipanes [bl]

Capítulo 21: Desaparecidos

La mañana del sábado, los tres chicos más altos del dormitorio en el decimo piso se levantaron con pereza. La semana había estado un poco ajetreada y, debido a tanto alboroto, noticias sorpresa y ánimos pesados, su energía se había drenado por completo. Cuando lograron salir a arrastras de sus camas ya eran más de las diez de la mañana.

El primero en ponerse de pie fue Zen, que se dispuso a tomar una ducha y lavarse los dientes antes de bajar a desayunar; luego lo siguió Johan y, por último, Elyan, que era al que más costaba levantar. Esperaban que quedara un poco de comida en la cafetería del edificio; originalmente, Cedric y Alea eran los que estaban más dispuestos a despertarlos por la mañana, pero, al parecer, se habían rendido y los habían dejado solos.

No obstante, al bajar al comedor se dieron cuenta que no estaban en el lugar; aunque no se preocuparon por ello, comieron con tranquilidad y luego fueron a encontrarse con ellos en la biblioteca, que es donde solían estar a veces luego de desayunar. Tampoco los encontraron en ese lugar.

Johan sacó su móvil para revisar si tenía algún mensaje de Cedric, pero la bandeja de mensajería estaba vacía; así que no creían que hubieran salido, porque él le habría avisado con anticipación.

—¿Y si están en el club? —opinó Zen—. El club de arte suele estar abierto los fines de semana por si alguien quiere ir.

—Vayamos a ver —apremió Elyan.

Los tres se dispusieron a ir a la sala del club de fotografía; solo había un chico de gafas que les dijo que no había visto a ninguno de los chicos. En ese momento ya comenzaron a preocuparse y, con la esperanza de que tal vez ya estarían en el dormitorio, volvieron corriendo, pero las habitaciones continuaban vacías y tal como las habían dejado antes de irse.

—Intenta llamar a Cedric —alentó Elyan, preocupado.

—¿Y qué crees que he estado haciendo todo este tiempo? —le reprochó Johan, que en ese momento había comenzado a morderse las uñas de lo ansioso que estaba.

Era la primera vez que su conejito desaparecía sin dejar rastro; no le había dejado alguna nota o mensaje, tampoco le había avisado con anticipación que planeaba salir, como hace siempre. El timbre del teléfono sonaba y sonaba, pero nadie atendía.

—¿No tienen otro número? —preguntó Zen.

—Yo tengo el de Alea —confesó Elyan, marcándole rápidamente al rubio, pero de igual forma tampoco contestaba.

Las sospechas de que les había ocurrido algo iban creciendo de a poco, hasta el punto de imaginarse situaciones de peligro en las cuales los chicos podrían estar involucrados; podrían estar asustados, solos y heridos. La sangre se les fue del rostro al instante.

—Tal vez solo andan por ahí —sugirió Zen, intentando calmar a los otros dos—. ¿Y si nos dividimos y buscamos? El campus es grande, pueden estar en cualquier parte.

—Tienes razón —estuvo de acuerdo Elyan.

Los tres bajaron de nuevo a revisar los terrenos del colegio. Elyan se fue a revisar los edificios principales y el gimnasio. Corrió por todos los pasillos; algunos estudiantes que rondaban por ahí se le quedaron viendo extrañados, pero no preguntaron nada. Mientras recorría el gimnasio, recordó escuchar que los chicos del club de periodismo harían equipo con los de fotografía y producción para la próxima temporada de torneos, que no estaba muy lejos.

Por ello, se dirigió a los salones de los clubes una vez más. Había muchas más personas que cuando habían ido temprano caminando por los pasillos; al llegar al salón de periodismo, se sorprendió al encontrar un buen número de estudiantes discutiendo entre ellos.

—Hola —saludó con cansancio, aspiró un poco de aire y luego preguntó—: ¿No han visto a los miembros del club de fotografía? Escuché que iban a tener una reunión con los de periodismo, pero olvidé la fecha.

Un chico pequeño y con pecas lo observó por un momento, como evaluándolo. Elyan tragó saliva, esperando que no se dieran cuenta que él no pertenecía a ninguno de los clubes involucrados.

—Lo pospusieron para el martes —contestó luego de un momento—. Al parecer no te avisaron el cambio de fecha.

—Sí, así parece —contestó Elyan—. Gracias.

Y se alejó antes de ser interrogado. Como no encontró a los chicos, llamó a Johan para ver si el peliblanco había tenido más suerte que él.

&

Johan, que había ido por el área de los alumnos de tercero y cuarto, se dio cuenta que los estudiantes de esos años eran más dedicados que los de primero y segundo; muchos de los de tercer año pasaban cargando libros y otros estaban leyendo sentados en el piso del pasillo, mientras que los de último año todavía tenían clases extras, por lo que tuvo que caminar con cuidado y sin hacer mucho ruido.

Sobre todo porque Johan era muy conocido entre sus superiores; habían tenido discusiones por su comportamiento indecoroso desde que estaba en secundaria. En consecuencia, su reputación no era la mejor y los alumnos de clases superiores solo habían escuchado malos rumores sobre él, a pesar de que su comportamiento mejoró al comenzar el año.

Un maestro que iba saliendo del salón lo miró de pies a cabeza; Johan lo reconoció y quiso darse la vuelta y huir, pero el maestro sonrió y caminó en su dirección.




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