Jardín de tulipanes [bl]

Capítulo 22: Maldito modelo

Azariel jamás imaginó que ser modelo sustituto sería tan ajetreado; tener media docena de personas haciendo todo por ti no era nada nuevo para un chico mimado de clase alta. No obstante, para una persona que en absoluto está acostumbrada a que lo agobien tanto y que incluso no lo dejen ni tocar el vaso de agua del que estaba bebiendo, era en absoluto una molestia.

«¿Cómo había terminado todo tan mal?».

Ciertamente, confiar en el adulto "más sensato" de su casa no fue lo más acertado. ¿Quién iba a pensar que cuando su abuelo hiciera la llamada a su padre, este respondiera diciendo: «Si Riel está de acuerdo, por mí está bien»? ¿Qué clase de padre le deja la responsabilidad de decisión a su hijo de dieciséis años? Hubiese sido mejor idea llamar a Declan, él sí se hubiera negado.

Por esa razón ahora se encontraba sentado en una silla bastante cómoda, frente a un enorme espejo en su sala privada, mientras era abordado por una estilista muy entusiasta, un maquillista muy parlanchín y una modista con muchas dudas que se dejaba influenciar por su pequeño amigo rubio, a la vez que la otra mitad de su séquito se entretenía en otras labores. Azariel resopló de puro agotamiento y frustración.

—Si no querías hacerlo lo hubieras dicho —comentó Cedric que encontraba junto a él, peinándose el cabello con mucha paciencia.

—Solo no quise quedar mal con mi abuelo.

Azai era la única conexión que tenía con la madre de ese cuerpo; si el verdadero Azariel siguiera vivo, estaba seguro de que intentaría por todos los medios agradarle. Como el nuevo dueño de ese cuerpo, estaba dispuesto a sacrificarse un poco; en realidad no estaba haciendo demasiado, y salir en una revista no era mucho problema. El obstáculo más grande que tenía era él mismo y su intolerancia a llamar la atención de la gente.

«Solo quería vivir tranquilamente, siendo un príncipe de familia rica, dependiendo del trabajo de mi padre y mi hermano mayor para siempre. ¿Era mucho pedir? En verdad, a veces las cosas no terminan como uno se las imagina».

—Al menos solo será una vez —animó, tocando el hombro de su primo.

—Sí, porque no planeo hacer esto de nuevo.

Por supuesto que no, ya estaba haciendo demasiado parándose en ese lugar y enseñando ese hermoso rostro que le esculpió su santa madre.

—¿Por qué no? —preguntó un entusiasmado Alea —esto es emocionante. ¡Espera! ese color no le quedará bien, a Riel le lucen más los colores fríos —recomendó a la asistente de vestuario.

Cedric y Azariel solo pudieron mirarse el uno al otro y sonreír.

Las tres mujeres encargadas de su vestuario acataron fielmente la recomendación de Alea, quedando muy satisfechas con el resultado. Aún no creía cómo tres adultos podían obedecer sin rechistar a un adolescente.

Azariel se echó un vistazo frente al espejo de cuerpo entero con el conjunto completo; los reflejos temporales de su cabello en tonos azules avivaban el color natural de sus ojos. Le habían recortado un poco el cabello y ahora parecía un verdadero artista de los ochenta con un mullet modernizado. El maquillista no había hecho mucho más que resaltar sus facciones y exclamar cada tanto: «¡Espléndido!», «¡Maravilloso!», «¡Es arte hecho persona!»; incluso temió por un momento que quisiera utilizarlo como maniquí humano.

Su atuendo no era tan llamativo como se lo imaginó en un principio: La camiseta blanca transparente de cuello angosto iba cubierta por una camisa a rayas azules y blancas que se abotonaba hasta el pecho, para finalizar con unos pantalones sueltos color crema y deportivas blancas; no era por exagerar, pero casi parecía un cantante de pop moderno, solo faltaba que le pusieran un micrófono en la mano y le dijeran que en realidad era un concurso de canto en lugar de una sesión de fotos para una revista adolescente.

Cuando levantó la vista y vio a las tres mujeres sonriendo y suspirando a la vez, casi estuvo a punto de correr al vestidor y esconderse ahí de por vida. Esa era la misma expresión que tenían las niñas que solían ir a espiarlo en la entrada del internado con carteles pidiéndole matrimonio.

—¿Cómo puede existir un chico tan hermoso? —decía una de las estilistas—. Si no supiera que eres un chico, juraría que quien está frente a mí es una linda jovencita.

—Es verdad —estuvo de acuerdo la segunda—. Con ese corte de pelo se parece mucho a Vivi, aunque es posible que sea mucho más lindo que ella. Tienes una fisonomía perfecta —halagó.

—Gracias —Azariel se sentía un poco tímido.

Aunque le gustaba bromear comportándose un poco egocéntrico delante de sus amigos, llamándose a sí mismo lindo y hermoso, en realidad se avergonzaba al escuchar a otras personas referirse a él como tal o al recibir halagos debido a su belleza.

En ese momento entró el mánager, que casi se desvanecía por la falta de oxígeno.

—Aquí… aquí están… las lentillas… —anunció tosiendo, mientras cogía una botella de agua y bebía a grandes tragos.En un principio había puesto como excusa la falta de los lentes y su lesión en la cabeza para escapar de la sesión de fotos, pero lo único que logró fue que el pobre mánager corriera a una clínica de óptica por unas lentillas nuevas. Ahora que veía al hombre tan agotado que casi parecía desmayarse, comenzaba a sentir el peso de la culpa sobre sus hombros.




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