Capítulo 24: El abuelo Raven
Azariel estaba aturdido: ¿Cómo pudo sentirse tan cómodo recostado en el pecho de Elyan? Lo peor es que la fragancia que despedía su ropa aún bailaba en su nariz. Había olvidado por completo que estaba haciendo eso debido a ese modelito acosador y simplemente disfrutó la sensación de estar cerca de los ojos grises. ¿Se estaba volviendo loco? Si no hubiese sido por Alea, quizá aún estuviese pegado a su pecho.
Estaba completamente avergonzado al salir del elevador. Siguió caminando sin darse cuenta a dónde se dirigía, hasta que cerca de la entrada pudo divisar una figura alta de cabello negro y ojos azules.
—¡Papá! —exclamó con una sonrisa al ver al hombre parado junto a Declan y su abuelo materno.
Se apresuró a llegar al lado de su padre mientras que el hombre ya lo esperaba con los brazos abiertos, listo para abrazar a su hijo menor. El hombre le acarició la cabeza cariñosamente y hasta revisó el estado de su hijo por si se había hecho daño.
—Te ves bien —decidió al ver que no le pasaba nada.
Azariel lo miró sin comprender. ¿Le estaba preguntando si estaba bien? Solo se había tomado unas fotos, no había ido a la guerra... o tal vez sí.
—Estoy bien —le contestó sonriente—, pero tengo hambre; en el almuerzo solo pude comer un sándwich que me trajo Cedric —se quejó.
—Sí, es verdad, no hemos comido, estamos a punto de desfallecer, siento que mis entrañas se pegan a mis huesos —exageró Alea—. Tío Kei, salve a estas pobres almas que están a punto de desmayarse por inanición.
—Lo que se te pega a los huesos es la grasa —apuñaló Cedric, ganándose una mirada afilada de Alea—, pero es verdad que tenemos hambre.
El abuelo de Azariel sonrió al escucharlos quejarse con Keitan; parecían tres gatitos hambrientos. Ahora entendía por qué su yerno no podía resistirse a los tres.
—He preparado un restaurante para que vayan a comer —dijo Azai—; pueden pedir todo lo que quieran, se lo merecen, han hecho un gran trabajo. —Luego se quedó pensativo por unos segundos—: Como Azariel rechazó el pago por el trabajo que realizó hoy, se los enviaré a los tres luego de otra manera —anunció—. ¿Se pueden hacer envíos a su colegio, verdad?
—Sí, tenemos privilegios —presumió Alea—, y cualquier donación es bien recibida.
Todos los presentes se echaron a reír al ver lo descarado que era el rubio, pero siendo demasiado adorable no podían resistirse a él. El grupo estaba conversando tranquilamente sin darse cuenta de que había demasiados ojos y bocas ligeras a su alrededor; los empleados cuchicheaban entre ellos sobre los orígenes verdaderos del jovencito que se parecía demasiado al presidente, hasta que al final los rumores comenzaron a sonar absurdos.
—¿No vendrás con nosotros? —le preguntó Azariel al ver que Azai no se movía de su sitio cuando se disponían a marcharse.
—Tengo una reunión en breve —le comunicó el hombre acariciando su cabeza con cariño—; otro día los invitaré a comer o los llevaré a algún lugar a divertirse.
—De acuerdo —aceptaron los tres al unísono.
—Tengan una buena cena y coman mucho —les recomendó antes de que el asistente le avisara que debía subir—. Hasta luego, hijo —se despidió de Azariel dejándole un cariñoso beso en la frente.
—Cuídate, abuelo —contestó en voz baja—, y no te olvides de cenar.
El anciano sonrió al escuchar esas palabras. Se sentía un poco triste al despedirse de su nieto que apenas acababa de conocer; sobre todo, porque el día se lo había pasado tan ocupado que casi no habían tenido tiempo de estar juntos. Sin embargo, el solo hecho de pensar que podía verlo cuando quisiera le daba ánimos. Ese niño era el tesoro más valioso de su amada hija y como tal iba a cuidar de él.
—Tampoco trabaje demasiado, abuelo, eso puede ser contraproducente para su salud —comentó Alea.
—Gracias por recibirnos hoy, nos divertimos mucho —mencionó Cedric con cortesía.
—Me alegra escuchar eso; vengan cuando quieran —sugirió el hombre—. Te veré luego —se despidió de Keitan con un apretón de manos que este correspondió—. Y ustedes cuatro estudien mucho —les dijo a Declan, Johan, Elyan y Zen, que se habían quedado un poco atrás cuchicheando entre ellos.
Contestaron con un «Sí, señor» y entonces Azai se dio la vuelta para volver a su oficina. Fue entonces que Keitan y los demás dejaron la empresa porque estaba preocupado por los niños que no habían comido aún. Aunque todavía era temprano para una cena, prefirió que comieran y se llevaran algo ligero para comer más tarde. Los dos autos los esperaban fuera y cuando los vieron, los tres pequeños se aferraron al padre de Azariel.
—Yo iré con papá —dijo Azariel rápidamente.
—Sí, nosotros iremos con él, tío —secundó Cedric.
Por una vez, en el rostro de póquer de Declan se dibujó una mueca de disgusto.
—¿Tengo que ir con "estos" de nuevo? —señaló a las tres garrapatas que se le habían pegado a la fuerza; los tres muchachos no sabían si echarse a reír o ser precavidos e ignorar el comentario.
—Tú los trajiste, tú los llevas —acusó Azariel burlonamente.
—No los traje —reclamó Declan—; estos tres se colaron en el auto mientras iba a reportar mi ausencia.
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Editado: 13.08.2026