La semana fue completamente pacífica: hasta ahora no habían tenido problemas con los matones de la escuela y, aunque Lucas parecía mirar con rencor a Azariel cuando pasaba a su lado, no se atrevía a hacer ningún movimiento frente a su supervisor.
Zen ya estaba al día con las materias; aunque le había costado un poco adaptarse por completo, lo había hecho muy bien. Su examen mensual no estuvo tan mal para ser alguien que acababa de transferirse a la escuela; incluso el profesor Ivek lo había reclutado para que formara parte del equipo de baloncesto de la institución.
Como se acercaba el torneo amistoso entre instituciones educativas de la ciudad, quería llenar el vacío que habían dejado los graduados anteriores; sobre todo por la rivalidad tácita que tenía el internado Magnolia contra la escuela mixta.
El club de fotografía había tenido una reunión esa semana con el club de periodismo y el club audiovisual, que eran los encargados de cubrir el evento. Lamentablemente, el club audiovisual iba a tener que ausentarse debido a una presentación con el centro de artes ya agendada el mismo día y no podían cancelarla; no obstante, estuvieron de acuerdo en prestar sus herramientas. Por lo tanto, el club de periodismo y el club de fotografía tendrían que coordinarse para transmitir en directo el torneo.
—Tenemos demasiado trabajo —comentó Cedric—; hay que cubrir el torneo de baloncesto y luego prepararnos para el festival escolar, ni siquiera hemos elegido la temática.
—También está el viaje escolar en verano, el torneo de voleibol, fútbol y el festival de talentos una semana antes de diciembre —le recordó.
—No recordaba que la escuela fuera tan estresante —comentó Azariel.
—Es que en secundaria no te hacen hacer todo eso —aclaró Cedric—; siempre fueron pocas participaciones y voluntarias, pero ahora que estamos en preparatoria son obligatorias.
—Eso y que ahora eres el presidente del club —le recordó Alea.
Los tres siguieron su camino hacia clases discutiendo sobre ideas para el festival, pero ninguna les parecía suficientemente buena. Pronto llegó el día viernes y con él tuvieron la tarde libre, pues los maestros tuvieron que salir a una reunión general con las otras escuelas participantes en el torneo que se llevaría a cabo en pocas semanas.
—¿Por qué tenemos que hacer limpieza un día viernes por la tarde? —se quejó Alea, que en ese momento estaba lavando el baño con Zen.
—¿Para descansar el fin de semana? —opinó el pelirrojo con dudas.
—Pues qué mal plan —rezongó, y luego se dio cuenta de lo que hacía Elyan—: ¡Eso no! La ropa de lana se lava a mano, ¿quieres arruinarla? No sé por qué te dejaron el lavado de ropa a ti si no conoces los tipos de materiales de los que está hecha —regañó dejando a Zen fregando el piso de la ducha y apartó de un empujón a Elyan—: Tienes que ¡clasificarla! ¡Clasificarla! ¿¡Entiendes!? Primero en colores y luego en materiales. ¿Sabes qué? Yo lo haré; ve y ayuda a Zen en el baño.
Elyan fue arrojado del cuarto de lavado al cuarto de baño sin poder decir una palabra. Miró a Zen, que estaba dentro de la ducha en pantalones cortos y una camiseta sin mangas, con un cepillo lleno de espuma en la mano.
—¿Por qué está de tan mal humor? —preguntó Elyan en voz baja mientras se sacaba los zapatos y se arremangaba el pantalón; luego cogió otro cepillo para ayudar a Zen.
—Creo que está así porque alguien se comió el último trozo de tiramisú.
El tiramisú que habían llevado del restaurante el sábado pasado estaba más que delicioso. Cada uno recibió un trozo, pero eran tan grandes que sobraron dos: unánimemente decidieron darle un trozo al profesor Ivek y el otro lo había guardado Alea para comérselo más tarde; sin embargo, anoche después de la cena se dio cuenta de que el trozo había desaparecido.
—¿No se lo comió Johan? —preguntó el pelirrojo, que recordaba haber visto al peliblanco hurgar en el refrigerador más de una vez.
—Ni idea.
Elyan no había visto a su amigo desde hacía tres días, todo porque había reprobado dos materias y su hermana le había advertido que si para el siguiente semestre no subía sus notas lo sacaría de la escuela para enviarlo a trabajar al campo; luego recibió una llamada de su padre con la promesa de inscribirlo en una escuela militar si seguía siendo un rebelde. Entonces el chico se había encerrado en su dormitorio para estudiar antes de los trimestrales.
—Si él tuvo la culpa de que esté así, lo voy a matar después de los trimestrales —refunfuñó Elyan, que se había llevado la peor parte del mal humor de Alea.
Mientras tanto, Cedric y Azariel estaban en el dormitorio cambiando sábanas, limpiando estantes y muebles. No podían creer que en tres meses se hubiera acumulado tanta suciedad. Cedric en ese momento estaba pasando la aspiradora por la alfombra, que no estaba tan polvorienta como pensó en un principio, pero eso solo era porque la habían comprado recientemente.
—La desventaja de vivir en un lugar tan grande es que te toca limpiar más —comentó—; llevamos limpiando desde las ocho de la mañana y en tres horas no hemos avanzado nada.
—Es una limpieza general, eso significa limpiar todo minuciosamente. —Cuando estaba en el orfanato les llevaba tres días enteros limpiar todo a fondo; esta habitación no era nada en comparación—. Creo que lo que nos quitó más tiempo fueron los adornos —señaló. Cada uno tenía un montón de juguetes y peluches que debían sacudir muy bien, solo los recién llegados no tenían muchas cosas. Azariel se puso de pie delante del pequeño desván de la escalera de su cama—: ¿Cómo crees que está este lugar?
#291 en Joven Adulto
#1491 en Otros
amor puro reencarnaciones, violencia amor dolor tristeza y vida, romance +16
Editado: 13.08.2026