Aquí tienes el texto corregido respetando la ortografía, la gramática, la puntuación literaria y manteniendo la estructura y los espacios originales:
Al finalizar la velada que normalmente terminaba a las nueve de la noche, esta vez se alargó hasta las once. Se despidieron del anciano Raven, que sorprendentemente le dijo a Azariel que regresara de nuevo a visitarlo; el cual aceptó sin pensarlo mucho.
Debido a que era muy tarde cuando llegaron a casa de su padre, decidieron pasar la noche y regresar a la escuela al día siguiente por la tarde. Mientras tanto, el tío Liam y Cedric se quedaron en casa de su abuelo. Azariel, que estaba muy cansado, solo se duchó y se quedó dormido en cuanto su cabeza tocó la almohada.
Al día siguiente, tanto él como Declan se levantaron pasadas las nueve, pero su padre, a pesar de que se había levantado temprano, los esperó para desayunar juntos en el jardín. Se sentaron a la mesa, cuya vista a los jardines era magnífica; en cuanto Azariel olisqueó el rico aroma a tocino y huevos, se le olvidó completamente el sabor horrendo de la comida de la noche anterior.
—¿Ahora me dirás por qué la comida de ayer sabía a basura? —recordó preguntar a Declan, que casi escupe su café. Keitan soltó una risita al escuchar a su hijo menor; realmente la comida del chef de su padre sabía a basura.
—Es debido al abuelo —reveló su hermano.
Azariel lo miró con confusión. «¿Esa era toda la explicación? ¿Solo porque al abuelo le gustaba la comida con sabor a basura les hacían comer lo mismo a sus invitados?».
—Tu abuelo tuvo un accidente hace algunos años —explicó su padre—. Cuando pilotaba una de sus avionetas, el aparato sufrió desperfectos e impactó contra un lago cercano. Él hizo todo por aterrizar de forma segura, pero aunque el impacto no fue tan fuerte como para perder la vida, sí lo dejó malherido. Una de sus lesiones le provocó pérdida parcial del olfato; por ende, su sentido del gusto disminuyó al punto que solo percibe los sabores fuertes.
—¿Por eso la comida sabe a basura?
—El chef se esforzó intentando crear platillos que el jefe de la casa pudiera distinguir. Aunque no son sabores que una persona con su sentido del gusto intacto disfrute, para mi padre saben bien.
Azariel entendía ese punto.
—¿Pero por qué hace que las personas que comen con él prueben lo mismo? —exclamó con indignación.
—Buena pregunta —dijo su padre pensativo.
—Supongo que al chef solo le gusta ver sufrir a las personas —comentó Declan.
—Pues qué malvado —proclamó el chico—. Aunque el postre estaba bueno.
—Es que al abuelo no le gustan los dulces.
Y eso molestó más a Azariel.
Luego del desayuno, decidieron ir a jugar tenis junto a su padre, pero al ver a Azariel casi perforar una pared, decidieron que jugar algo menos arriesgado era lo correcto.
El golf es un deporte que Keitan disfrutaba y también ayudaba a Azariel a controlar su fuerza, porque no era tan emocionante como otros deportes que provocaban que olvidara tener cuidado. Se la estaban pasando tan bien que siguieron con la ronda después del almuerzo, pero al llegar las tres de la tarde, los chicos tuvieron que ir a cambiarse para regresar al colegio.
Azariel se asombró al ver a su padre esperándolos en su auto personal, un Bugatti de cuatro puertas negro con dorado. Era uno de su extensa colección que su padre rara vez solía conducir; incluso estaba seguro de que todavía olía a nuevo.
—¿Nos llevarás tú? —sonrió Azariel divertido.
—Sí —contestó su padre, abriendo la puerta trasera para su hijo menor.
Azariel se despidió del mayordomo y subió al vehículo con su caja de postre, y Declan se sentó en el asiento del copiloto junto a su padre.
—¿Qué llevas ahí? —preguntó su hermano mayor con curiosidad, al ver la caja al lado de Azariel, bien empaquetada y hasta con un listón.
—Le pedí al chef que preparara un tiramisú. Últimamente Alea ha estado de mal humor porque el último trozo de tiramisú desapareció, y se supone que lo había guardado para comérselo como premio si salía bien en los exámenes mensuales.
—No pensé que tenía dueño —mencionó Declan—. El día que llevé la compra, lo vi y, como me apetecía algo dulce, me lo comí.
—¿¡Fuiste tú!? —se sorprendió Azariel—. Hemos culpado al pobre Johan todo este tiempo.
—Sigan culpándolo.
—Qué malo eres —regañó el pelinegro.
Haciendo reír a su padre y a su hermano mayor. Cuando llegaron al colegio, ya era casi hora de la cena; se despidieron de su padre y a Azariel lo abrazó por más tiempo porque en realidad no quería irse. Hacía tanto que no pasaba tiempo con sus hijos que le dolía dejarlo.
En cuanto Keitan lo soltó y subió al auto, Azariel esperó y, después de ver a su padre marcharse, fueron a marcar su entrada al colegio. Cuando llegaron al edificio rojo de primer año, se despidió de Declan y subió hasta su dormitorio.
Al llegar, metió el código y entró. No había nadie en la sala, así que, luego de guardar el tiramisú, se dirigió al cuarto de dormir.
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Editado: 13.08.2026