Jardín de tulipanes [bl]

Capítulo 30: Plan para el festival.

Johan y Cedric

El fin de semana fue menos calmado de lo que esperaban; habían estado de un lado para otro sin tener oportunidad de descanso. La noche del domingo, los chicos se habían sentado en la cama de Cedric para pensar en un tema para el festival, pues la fecha de propuestas se cerraba esa semana. Los tres se encontraban devanándose los sesos, intentando que se les ocurriera algo.

—¿Qué tal si permitimos que ellos tomen sus propias fotografías? —sugirió Alea—. Podemos simplemente decirles cómo y que ellos lo hagan para sentirse incluidos.

—No —se negó Cedric, analizando la propuesta—. Podrían estropear el equipo; el año pasado casi rompen una cámara. Además, no creo que alguien pague por tomarse fotos él mismo.

Los tres suspiraron nuevamente y se quedaron en silencio. Ya habían agotado su fuente de ideas. Aunque lograran encontrar algo que hacer este año, ¿qué pasaba con el siguiente y el siguiente? Planear actividades del club era demasiado complicado.

—¿Entonces… una fotografía en pantalla verde? —recomendó Azariel—. Podemos alquilar disfraces y tener una carpeta de fondos; el cliente elige la que quiere y nosotros nos encargamos de editarla e imprimirla. También podemos poner precio por tamaño y si la quieren enmarcada.

—La apuntaré —estuvo de acuerdo Cedric, y la anotó en su libreta para platicarlo en la próxima reunión. La idea no era muy creativa, pero era mejor que nada.

—¿Y si elegimos nuestras mejores obras y las convertimos en postales, stickers, libretas, marcadores de libros y los vendemos? —propuso el rubio.

—Lo agregaré también —aceptó el castaño, anotando la idea—. Agh, esto es un desastre —se lamentó, tirando el lapicero a un lado y recostándose en su cama—. Aunque son buenas ideas, siento que no es suficiente.

Azariel y Alea entendían la frustración de su amigo. Como líder del club debía velar por todo el equipo y, al ser delegado de la clase, también debía pensar en lo que haría su salón. Al menos el salón de Alea ya había decidido hacer una casa embrujada; incluso habían pedido prestado el edificio antiguo de artes, que parecía viejo y destartalado. Ya casi estaba ambientado: tenía polvo, telarañas y pupitres rotos.

Además, estaría abierto a partir de las cinco de la tarde hasta las doce de la noche, por lo que no afectaba la actividad del club.

—Dejemos eso para luego —dijo Azariel—. ¿Por qué no pensamos algo para tu salón?

—Bien —estuvo de acuerdo el castaño, levantándose nuevamente.

—¿Qué han sugerido tus compañeros de clase? —preguntó Alea.

—Un planetario, pero ya lo cogió la clase siete antes que nosotros y nos volvimos a quedar sin nada.

—Un café de mayordomos —mencionó Alea, contento—. Los chicos quieren atraer chicas, ¿no? Un café de mayordomos sería perfecto porque a las chicas les encanta que las traten como princesas.

A Cedric le brillaron los ojos y lo anotó rápidamente. No era una mala idea probar algo nuevo este año. Aunque tenía que preguntarle a la clase, estaba seguro de que no lo rechazarían.

—Un cuarto de escape tampoco estaría mal —sugirió Azariel—. A todos les gustan esas cosas y puedes divertirte con tus amigos.

—Es verdad —corroboró el rubio—. También un juego de trivia por toda la escuela; sería divertido y los chicos prácticamente jugarían solos.

La mano de Cedric no dejaba de moverse sobre su libreta, anotando las ideas de sus dos amigos. Sus compañeros de clase no podían decir ahora que no tenían opciones para escoger.

Como lo esperaba, el día lunes, cuando propuso las ideas para las actividades en el salón, hubo una moción unánime por el café de mayordomos. Elyan y Cedric ni siquiera tuvieron que pedir permiso para ausentarse, pues nadie de su salón estaba dispuesto a que le arruinaran el ligue. Simplemente ayudarían con la decoración, vestimenta y preparación de los postres.

&

Al salir de la última clase corrió hacia el salón del club para reunirse con Jordan, el vicepresidente. Anteriormente habían acordado juntarse para reunir las ideas que tenía cada uno y elegir entre ellas.

—Perdón, llego tarde —se disculpó al ver a Jordan sentado en uno de los pupitres—. El profesor de ciencias me retuvo un poco.

—Está bien, acabo de llegar —tranquilizó el chico alegremente—. ¿Semana difícil?

—Muy difícil —suspiró Cedric, dejándose caer en una silla—. Tuve que correr al mediodía para ir a dejar el formulario de actividad de mi clase antes de que alguien más cogiera el mismo tema.

—¿Te vetaron el primero? —soltó una carcajada.

—Sí, ¿y a ustedes?

—Nos vetaron tres —contó, sorprendiendo a Cedric—. El delegado de nuestra clase se está volviendo loco.

Cedric se sintió más aliviado al escuchar que alguien más la tenía peor que ellos, pero también se sentía un poco mal. Solo los delegados compartían el mismo dolor en temporada de festivales.

—Tengo ideas sobrantes; si quieres te las paso y las platicas con tu delegado.

—Te agradecería que lo hicieras —contestó Jordan. Cedric sacó la libreta de su mochila y arrancó la página donde había anotado las ideas, entregándosela a su compañero.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.