Jardines de Tulipanes Amarillos

Capítulo 1

—Perdona mi tardanza —él sonríe y yo me encojo de hombros tímidamente—. Vamos...

Recojo mi cabello en una cola de caballo, tomo mi bolso y salgo de mi habitación. El verano ha finalizado y, aunque unos días siguen siendo cálidos, la rutina escolar empieza nuevamente. Ya han pasado dos semanas desde la muerte de mi tío y mamá me ha pedido ir con ella al finalizar el día a limpiar la casa de él. Abajo, en el primer piso de nuestra casa, veo que el desayuno está servido como siempre hace mamá cuando le toca irse al trabajo temprano al hospital. Ella es enfermera y es una madre cariñosa pero estricta, controladora y organizada si hablamos de la limpieza de la casa (cada mes pone en refigerador un horario de tareas de quehaceres asignado a mí y mis hermanos), nuestra educación, actividades extracurriculares (aunque conmigo se rindió en esa área) y su trabajo. Mis hermanos, William y James, ya están sentados en el comedor desayunando.

— ¿Y mamá? —pregunto de todas formas para verificar su ausencia en la mañana.

— Ya salió —me responde James como intuí. Papá se encuentra en Manchester por un viaje de negocios. Mis hermanos son gemelos. No me parezco mucho a ellos. Mis ojos son de un azul claro, mi cabello es negro y liso; mi piel es blanca, muy blanca. Ellos tienen los ojos azules con motas grises, el cabello castaño, musculosos y su piel tiene mucho más de color que la mía. Antes yo era más alta que ellos, pero cuando cumplieron 14 años crecieron mucho. Miden 1.85. Quince centímetros más alto que yo.

— ¿No vas a desayunar? —me pregunta William con el ceño fruncido. Él es el gemelo serio y algo malhumorado.

— No tengo mucha hambre —digo ahí de pie frente a ellos.

—Toma algo de fruta por lo menos —me anima James. Él es lo opuesto a William. Es amable, atento y gracioso.

— Está bien.

Me siento al frente de ellos y tomo algo de fruta cortada. Terminamos de desayunar y salimos al auto de William. Siempre vamos en su auto al instituto desde que se lo dieron cuando cumplió 16, antes nos pasaba a recoger una ruta escolar. Obviamente James también tiene un carro, pero no le gusta conducir tan temprano y tampoco es tan egocéntrico como William. Nuestro padre, Alan Collingwood, es gerente general de una importante compañía de autos aquí en Londres y también supervisa sucursales en otras ciudades del Reino Unido así que viaja varias veces al mes.

Nuestra casa queda a las afueras de la ciudad. No es una de las más grandes que hay en el barrio, pero sí tiene unos toques bastantes particulares y únicos. La puerta principal de la casa está pintada de amarillo canario. Es tan brillante y notoria en este barrio de ingleses rígidos y aburridos que cualquier persona que pregunta indicaciones para llegar los vecinos les dicen que tienen que buscar la casa de puerta amarilla y ventanas azules. Otra cosa particular son los tulipanes amarillos que mamá siembra cada Primavera manteniendo así la tradición y superstición de sus ancestros al tener este tipo de flor en el jardín delantero y trasero de la casa.

La superstición es la siguiente: si no se siembra tulipanes amarillos en cada Primavera, en las estaciones frías la familia tendrá dificultades y pueden ser desde problemas económicos, un hueso roto, un accidente por hielo en la carretera hasta un divorcio. Cualquier problema será culpa de no haber sembrado los tulipanes. Según la abuela, hace muchos años ella rompió la tradición porque estaba cansada de todo el trabajo de jardinería y al terminar el verano ellos tuvieron dificultades económicas pues al abuelo lo despidieron de la empresa en la que trabajaba para esa época; y aunque tenían sus ahorros, el abuelo sólo consiguió un nuevo empleo cuando mi abuela sembró nuevamente los tulipanes en su jardín en la siguiente Primavera. Se supone que el tulipán amarillo significa alegría, felicidad y sentimientos positivos, y como la abuela decidió no sembrarlos el cosmos o el 'señor superstición' se enojó y les dio su maldición por dos estaciones. Así que mi madre rodea la casa con estas flores para que no nos falte la alegría y está atada a esa superstición familiar hasta que decida romperla para ver si en realidad nos pasa algo malo. También pone jarrones de tulipanes amarillos dentro de la casa y mantiene así este ritual que ha pasado ya en cuatro generaciones. Y sí mis tías también tienen la misma creencia... toda la familia de mamá.

Mi padre no cree en ello, pero ya no discute con mamá y la deja hacer eso pues entendió que la hace feliz y le da tranquilidad. Sin embargo, él también tiene su propia superstición aunque mamá no se ha dado cuenta y cree que es algo de su rutina. Su superstición es que se toma en las mañanas su taza de té mientras da tres vueltas a la isleta de la cocina para tener un buen día en el trabajo. ¿Qué pasa cuando no lo hace? Vuelve a casa de mal humor y comienza a contarle a quien se encuentre en casa las dificultades que tuvo durante el día. Por eso, cuando sé que no hizo su ritual me escondo para no ser quien lo escuche quejarse. William es quien más queda atrapado en esa conversación unilateral.

Al llegar al instituto me doy cuenta que este será el último año de mis hermanos y yo seguiré ahí un año más. En este colegio privado de 700 estudiantes londinenses hay millones de hormonas queriendo explotar en rebeldía, sexo y locura. Hay personas que me parecen estúpidas y otras mucho más, pero debo ignorarlos y concentrarme como hago cada año en pasar mis materias. Mis hermanos son muy conocidos (son los capitanes del equipo de rugby) y los más apuestos de su año. Muchas chicas están detrás de ellos. William es el más mujeriego. A James nunca lo he visto salir con una chica realmente, al menos que no sea en la biblioteca mientras estudian. Ellos son como el agua y el aceite, pero siempre están cuando se necesitan. Tienen una conexión mística, supongo que es porque se alimentaron por la misma tripa en el vientre de mamá.



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En el texto hay: chicklit, amor, suspenso drama

Editado: 26.03.2026

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