Je ne t'ai jamais oublié

Capítulo 3

Etienne

- 🎵 “Etienne y Juliette son novios”, 🎶 “Etienne y Juliette son novios” 🎵.

Ese era el eterno cantar de nuestros compañeros de clase. Y lo cierto era que deseaba que así fuera. Juliette me gustaba mucho. Al principio, cuando la conocí creí que era una bruja que me había lanzado un hechizo que descompuso mi estómago, pero luego me di cuenta de que no era sobre mi estómago que había lanzado su hechizo sino sobre mi corazón. Juliette se había convertido en mi corazón. Era mi primer amor. Y aunque solo éramos amigos, yo sentía que era mi mundo. Y eso era raro porque los demás niños de mi edad suelen sentir repulsión por las chicas y sienten asco cuando los molestan con frases como las que nos estaban molestando a Juliette y a mí en ese momento. Sin embargo, lejos de molestarme, me encantaba y deseaba que fuera una realidad. Solo que no me atrevía a pedírselo. Tenía miedo. Total, yo solo era un niño que no conocía nada del amor. Y tal vez ni siquiera era amor, pero se sentía como si lo fuera.

Me encantaba pasar tiempo con Juliette. No solo estábamos juntos en clase, sino también en los recreos y fuera del colegio también. Habíamos congeniado desde un principio. Teníamos muchas cosas en común, partiendo por los negocios familiares. Si bien es cierto que ambas familias se dedicaban a lo mismo, la mía no era dueña de una cadena de hoteles, como la de Juliette. Solo poseíamos un humilde pero hermoso hostal.

Aunque eso era cierto, ni ella, ni su familia vio en nosotros competencia alguna respecto al rubro. Estábamos enfocados en sectores turísticos distintos y eso era una ventaja porque los padres de Juliette, lejos de vernos como enemigos, habían decidido confiar en nosotros, en mi familia, la seguridad de Juliette.

No era raro que pasáramos mucho tiempo juntos. Juliette solía quedarse en nuestro hostal los fines de semana para jugar y ayudarme a atender a los turistas con cosas tan simples como llevarles el periódico cuando tomaban su desayuno en el comedor o cuando había que acomodar una sombrilla a un costado de la piscina. Parecía que Juliette se sentía más a gusto en nuestro hostal que en su propio hotel. Allí no la necesitaban, decía ella y allí en el hostal se sentía en “familia”, aunque la mía no fuera de ella realmente.

Se sentía como si realmente fuéramos novios. Pero no lo éramos. Yo no se lo había pedido nunca. Ella era mi primer amor, pero no sabía si yo era el de ella y eso me aterraba. Me mortificaba pensar que solo yo me sentía así y que ella solo me veía como el amigo que estuvo ahí para hacerla sentir bienvenida cuando ella llegó hace ya unos meses.

- Y si así fuera ¿qué? – Dijo mi amigo Didier poniéndose de mi lado y a mí casi se me cae la mandíbula al pecho. De todas las respuestas que podría haber dado, escogió dejar entrever que ella y yo podríamos ser novios. Yo le había contado a él que Juliette me gustaba pero nunca le dije que fuéramos novios o que pensaba pedirle que lo fuera. ¿Y si Juliette se enojaba por aquella respuesta y decidía dejar de ser mi amiga? ¡Dios, que vergüenza!

- ¿Es cierto entonces? – Dijo Camille, una niña que siempre había querido ser mi amiga, pero a mi no me gustaba porque era envidiosa y mala. De hecho, se había encargado de poner en contra de Juliette a todas las niñas de la clase solo porque la consideraban una niña rica que se creía superior a todo el mundo, cuando la verdad era que Juliette nunca se había sentido así. Más bien recelaba de la “suerte” que le había tocado vivir al ser hija de un magnate hotelero. De lo único que ella sentía envidia, y de la sana, era de lo unidos que éramos todos los miembros de mi familia. Mis abuelos, que aún estaban vivos, mis padres, que eran los que estaban a cargo del negocio y yo, que les ayudaba en tareas propias de mi edad. Todo lo hacíamos juntos. Comíamos juntos, charlábamos de todo y de nada juntos. Salíamos de vacaciones juntos y tenían la costumbre de asistir a cuanta actividad estudiantil promocionara mi escuela, siendo partícipes al ciento por ciento de mi vida, todos juntos. Y los amaba por eso. Y amaba que hicieran sentir a Juliette parte de esa familiaridad. Como si también fuera parte de ella.

- Sí, lo es. – Dijo Juliette. Y ahí se me cayó la mandíbula del pecho al suelo. No sé qué cara habré puesto que Juliette solo agarró mi mano y juntos salimos corriendo al patio ante la mirada incrédula de Camille y el murmullo indescifrable del resto de nuestros compañeros.

Cuando nos alejamos lo suficiente como para detenernos lejos de miradas curiosas, Juliette soltó mi mano y se enfrentó a mí.

- Lo siento, Etienne. Lamento haber dicho que tú y yo somos novios, pero es que Camille ya me tenía harta. Siempre se está metiendo conmigo y solo quise darle donde yo sé que le duele. Tú.

- No te entiendo, Juliette.

- Ya sabes. Le gustas. – Aquello era información nueva para mí. No lo sabía, pero eso explicaba la animadversión de Camille hacia Juliette.

- Dijiste que lo hiciste…. solo para molestarla… - Repetir sus palabras me dolió. Yo la quería y lo que ella me dijo sepultó cualquier esperanza de que sintiera lo mismo que yo sentía por ella.

- Bueno… ya sabes. A veces uno dice cosas….




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