Je ne t'ai jamais oublié

Capítulo 4

Juliette

“Tú y yo somos amigos y siempre lo seremos”. Apenas Etienne dijo esas palabras se me clavaron en el corazón. Era cierto que Camille me tenía harta, no había mentido en eso, pero me daba vergüenza admitir que quería ser más que amigos, que quería que Etienne fuera en verdad mi novio.

Sé que somos solo unos niños jugando a ser grandes con esto de ser novios, o fingir serlo, pero ¿cómo le digo a mi corazón que aún es muy joven para sentirse así? Si nuestros padres supieran, seguro ni le dan importancia y hasta se ríen de lo que ellos creerían es inocencia pura, un juego de niños, algo temporal que ya pasará. Pero sé que no pasará. Yo quiero mucho a Etienne. No solo es mi mejor amigo, mi compañero de escuela y de “trabajo”, por decirlo de alguna manera dado las tareas que hacemos cuando estamos juntos en el hostal. También es la mitad de mi corazón. Y sé que siempre lo voy a querer.

A veces sueño con que crecemos y nos casamos, tenemos muchos hijos y juntos nos hacemos cargo del hostal de su familia. No solo he llegado a querer demasiado a Etienne, también he llegado a querer a sus abuelos como si fueran los que nunca he tenido y también a sus padres, deseando a veces que fueran los míos. Pero lejos de querer “quitarle” la familia que Etienne tiene, sueño con que él quiera compartirla conmigo. Deseo poder sentirme parte de su familia y que su familia también me acepte a mí.

Odio los padres que tengo. Cada vez se alejan más mí y entre ellos mismos también. Mamá sigue en su mundo. Si no está de viaje por sus reportajes, está encerrada en su despacho escribiéndolos. Y papá pasa cada vez menos en casa y más en sus hoteles. A veces me pregunto porqué compró la casa y no nos dejó vivir en uno de sus hoteles como siempre lo había hecho si no pensaba establecerse con nosotros. Aunque sinceramente prefiero vivir con su ausencia en una casa estable que vivir cambiándonos de un hotel a otro donde es imposible echar raíces.

Al menos esta decisión nos trajo a Vézac, donde conocí a Etienne. Algo realmente bueno dentro de todo el asco que siento por mi familia. Si estuviera sola en el mundo, le pediría a los Dubois que me adoptaran.

Ya lo sé. Es un pensamiento infantil pero no deja de ser un deseo que jamás se hará realidad.

Mientras me debato con mis pensamientos, siento a mamá llegar a casa llorando y encerrándose en su despacho. No sé si acercarme a preguntar qué sucede, pero cuando siento vidrios quebrándose, decido ir a ver si ella está bien o se ha herido en algún lugar.

Cuando abro la puerta, la encuentro sentada en su escritorio con los codos apoyados en él y la cabeza enterrada entre sus manos. No la siento llorar en ese momento, pero veo sus hombros estremecerse y sé que lo sigue haciendo. Me acerco a ella y en el camino piso los vidrios que han ido a parar al suelo. Creo que a mamá se le cayó el vaso de agua que ha estado bebiendo.

El ruido de mis pisadas sobre el vidrio llama su atención y logra levantar la cabeza y verme. A duras penas su mirada me enfoca. Me acerco y de inmediato sé que no ha sido agua la que ha estado bebiendo si no algo amargo, fuerte, tal vez alcohol, ese que mi padre guarda en el bar de la sala de estar.

- Ey…Juliette. Mi niña…. ¿te hiciste daño? – Me extraña la familiaridad y calidez con que me habla y sé que es por el alcohol que su grado de ternura se ha manifestado.

- No, mamá. Estoy con zapatos de suela gruesa, así que no me lastimé. ¿Estás bien? ¿Pasó algo? ¿Le ocurrió algo a papá? – Me asusto y aunque no me siento a gusto con la familia que me tocó, eso no significa que no me duela que a alguno de ellos le suceda algo.

- Juliette…. Querida… papá y yo nos vamos a separar. – Dice con calma, como si el llanto que antes había sentido ya fuera parte de un pasado muy lejano y no algo que hubiera ocurrido hace tan solo unos minutos atrás.

- Pero… no entiendo. ¿Por qué? – Pregunto sin saber si quiero escuchar la respuesta. Me aterra no saber lo que la decisión de mis padres significará para mí.

- Chiquita… a veces los adultos cometemos errores y esos errores suelen pasarnos la cuenta. La decisión que tomamos tu padre y yo nos lleva por caminos separados. Tú y yo, nos iremos de aquí. – Dice así sin más y yo no entiendo muy bien a qué se refiere.

- ¿Cómo que nos iremos de aquí? ¿Quieres decir que nos cambiamos una vez más? ¿Iremos a otra casa sin papá? – Pregunto desconociendo aún la trascendencia de lo que aquella decisión implica.

- Cariño. Volvemos a España.

Y el mundo se desploma a mis pies.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.