Je ne t'ai jamais oublié

Capítulo 6

Juliette

Presente

Hace 2 años volví a Francia a estudiar Administración de Empresas. Podría haberlo hecho en España, pero necesitaba hacerlo en Francia, mi país de origen. Me dolió, pero no soportaba más a mamá. Cualquiera hubiera pensado que el divorcio con mi padre no le había afectado, pero lo hizo. Y mucho, solo que no de la manera en que cualquiera creería.

Mi mamá se había encaprichado con papá y él con ella. No era una relación basada en amistad y confianza, cariño y respeto. Todo entre ellos sucedió de una manera tan precipitada que no les dio tiempo a conocer quiénes eran realmente. Ese desconocimiento causó una enorme mella con el paso de los años. Poco a poco los fue separando hasta el punto en que mi papá encontró otros brazos en los cuales refugiarse, unos que sí habían tenido el tiempo de conocerlo. Se enamoró de la chef que trabajaba en el hotel de Castelnaud. Cada vez que él se quedaba hasta tarde trabajando, ella se quedaba a prepararle algo de comer. Con el tiempo, comenzó a comer con él y hacerle compañía.

Según mamá, el amor entre ellos se cocinó a fuego lento. Ironías de la vida.

A mamá solo le dolió el orgullo y el bolsillo. Se habían casado con separación de bienes, por lo que nada de lo que papá poseía le correspondía a ella. Por eso tuvimos que dejar la casa de Vézac y volver a España. Nada de lo que teníamos en Francia era realmente de ella y por ende mío.

Papá no tardó en recomponer su vida y se deshizo de todo su pasado, incluyéndome. Tuve suerte de que siguiera pagando una pensión alimenticia por mí. Por ley está obligado a hacerlo hasta que deje de estudiar y me gradúe.

Por eso volví a Francia, para estudiar en el país que me vio nacer; en el idioma que aprendí cuando nací y en el que en sueños dije mi primer “te amo”.

Cuántas veces quise volver a Vézac y reencontrarme con Etienne. Veinticuatro veces llegué a la estación de trenes, una por cada mes que he pasado aquí, decidida a tomar uno rumbo a él, pero la vergüenza me lo impidió vez tras vez. La vergüenza y los remordimientos.

No pude decirle adiós. Mi mamá no me dio la oportunidad de hacerlo. Todo ocurrió muy rápido. Al parecer ella tenía todo listo, los pasajes, las maletas… todo. Solo me comunicó su decisión cuando ya no había vuelta atrás. Tan solo me ordenó irme a la cama y que descansara, ya que al otro día partiríamos de madrugada. Ni siquiera pude volver a clases.

Quería verlo una última vez. Decirle cuánto me arrepentía de haberle dicho que quería que fuera mi novio falso solo para molestar a Camille. Que lo había dicho porque en verdad quería que lo fuera.

Fui una tonta que perdió la oportunidad de decirle a ese chico cuánto lo amaba.




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