- Muy buenas noches y bienvenidos a una nueva temporada de “Reencuentros”. En esta oportunidad tenemos con nosotros a Etienne Dubois, un joven de 20 años que busca a alguien muy especial. Cuéntanos Etienne, qué buscas esta noche.
- Estoy aquí porque estoy buscando a un viejo amor de mi infancia. – Digo con la poca confianza que me queda y tratando de calmar mi ansiedad no solo por las cámaras, sino por todo lo que puede significar esta noche para mí.
- ¡Wow! – Dice el conductor con asombro en medio de los aplausos eufóricos del público presente. – Eso es increíble. ¿Cuándo dejaron de verse?
- Cuando teníamos 8 años. Ella llegó a nuestra escuela y rápidamente nos hicimos amigos. Los mejores amigos que podíamos tener. Hacíamos todo juntos. Lamentablemente, no alcanzó a terminar el año y la separaron de mi lado. Ella abandonó el país.
- ¿Ah, sí? Y ¿dónde se supone que está ella ahora?
- Ella emigró a España junto a su familia y ya no volví a saber nada más de ella. – Digo con una mezcla de pena y resentimiento.
- ¿Qué es lo que esperas de ella si es que logramos encontrarla? – Buena pregunta. Qué ganas de responder que la abrazaría hasta dejarla sin aliento y le diría lo mucho que la he extrañado y que no quiero volver a separarme de ella nunca más, pero no es eso lo que digo.
- Solo quiero retomar nuestra amistad y no volver a perder el contacto. – Miento por tercera vez esa noche.
- ¿Te has imaginado cómo está ella ahora?
A menudo solía hacerme esa pregunta, pero realmente jamás pude verla con otro rostro que no fuera el que dejé de ver cuando éramos niños.
- Pienso que sigue teniendo su cabello castaño y esos enormes ojos azules con los que siempre me miraba. – Confieso y mil recuerdos vuelven a mi mente. Todas esas veces que nos miramos cuando hablábamos tonterías, cuando planeábamos alguna travesura, cuando estudiábamos, cuando atendíamos a los turistas en el hostal, cuando nos bañábamos en la piscina y aquellos ojos se tornaban rojos por el cloro. Sonrío cuando pienso en este último recuerdo y me doy cuenta cuánto la he echado de menos. Su recuerdo sigue igual de vivo en mi mente y corazón.
- Han pasado doce años desde aquel último encuentro. Déjanos contarte, Etienne, que hicimos nuestra tarea y después de seguir nuestras pistas, fuimos a buscarla. No fue para nada fácil, ya sabes, España no es que esté al otro lado del mundo, pero tampoco está a la vuelta de la esquina, claramente. Sin embargo… podemos decirte que…… hemos logrado encontrar su rastro.
En ese momento mi corazón galopaba como si un millón de caballos tiraran de él. No podía creer que al fin podría saber de ella. Podría reencontrarme con Juliette.
- ¿Quieres ver cómo fue encontrarla? – Me pregunta uno de los conductores.
- Es lo que más deseo. – Digo con anhelo.
De pronto se despliega una pantalla delante de nosotros y muestra a una periodista del programa golpeando una puerta. De pronto ésta se abre y ahí es cuando la veo. No puedo creer que después de más de una década vuelvo a ver su hermoso rostro frente a mí, aunque sea a través de una pantalla. Sin duda la emoción me agobia. Aquellos minutos en que la había visto mientras la entrevistaban me habían bastado para saber que todo este tiempo mi amor por ella no había mermado ni siquiera un ápice.
- ¿Cómo la has encontrado?
- Ella es… bonita. - Es todo lo que me atrevo a decir. Porque ¿cómo podría confesar que está más hermosa que nunca y que muero de ganas por comérmela a besos sin sonar como un maldito pervertido? Su rostro ha madurado. Su cabello ya no está largo. Lo lleva corto, rozando su mandíbula, pero le queda bien. Muy bien. Sus ojos siguen siendo tan hermosos y cautivadores como yo los recordaba. Ahora que he visto su cara, no puedo dejar de imaginarme el momento en que la tenga frente a mi otra vez. Poder confesarle al fin todo lo que mi corazón ha guardado para ella todos estos años…. acariciarla y besarla.
- La buena noticia, Etienne, es que ella ha aceptado participar en nuestro programa, solo que no tiene idea de quién es la persona especial que la busca. – Eso no me lo esperaba.
Pensé que ella sabía que era yo quien la buscaba, que le habían dicho de qué iba todo. Por lo visto me equivoqué. Rayos. Vuelvo a sentirme ansioso e inseguro. ¿Y si al enterarse no quiere saber de mí? Las preguntas basadas en los “y si” se arremolinan en mi cabeza y por poco olvido que estoy frente a millones de personas a través de una pantalla esperando a saber el final de la historia. “MI” historia. Solo espero que tenga un final feliz.
- De hecho, hicimos tan bien nuestra tarea… - Prosigue el conductor. - … que debemos decirte que ella está aquí ahora, en el set, aunque no ha escuchado nada de lo que hemos hablado ni ha visto que eres tú quién está junto a nosotros. Si te fijas, detrás nuestro hay una cortina. Detrás de ella hay un sillón igual al tuyo. La haremos pasar, nos sentaremos y hablaremos con ella sin que te vea aún ni te oiga. ¿Estás de acuerdo?
Yo soy incapaz de decir nada y solo asiento No puedo creer que ella esté aquí, tan cerca de mí. Que estará detrás de esa maldita cortina mientras yo espero desesperado por verla, por oírla. De pronto los conductores se levantan y se trasladan al otro lado de la cortina y se sientan a esperar que Juliette entre y se siente junto a ellos.