Je ne t'ai jamais oublié

Capítulo 11

Etienne

“Es Etienne. Mi primer amor que nunca he olvidado”

Juliette dice eso y mi cerebro entra en un estado de shock. ¿Acaso está reconociendo que yo fui su primer amor delante de toda Francia? ¡Madre del amor hermoso! ¡Pero si ella fue “MI” primer amor! Lo oigo y no puedo creerlo. No puedo creer que el sentimiento que por tanto tiempo creí solo mío, al final era el de ambos. Ella también me quería y nunca lo supe hasta ahora.

Solo una cortina nos separa. Solo necesito avanzar unos cuantos pasos para volver a sentirme vivo y completo. Solo unos minutos y seré completamente feliz una vez más.

- ¡Abramos la cortina! – Oigo a uno de los conductores decir y siento la emoción de la anticipación. Ahí está ella.

Mi Juliette.

La miro a sus hermosos ojos azules y ella los clava en los míos. Una enorme sonrisa aparece y se une a la mía, que esta vez sí llega hasta el cielo. Entonces ella se apresura y camina hacia mi mientras que a mí me cuesta dar el primer paso ya que los nervios me comen vivo.

Entonces por fin pasa. Me abraza y yo la abrazo. Ambos nos fundimos en un cálido abrazo. Solo Dios sabía cuánto necesitaba sentirme rodeado por esos brazos, cuánto los había extrañado. Hundí mi cara en su cuello y me impregné de su exquisito perfume sintiendo la añoranza del ayer, de ese aroma tan propio y único de Juliette. Mi Juliette.

- Es tan bueno verte. – Me dice Juliette y yo solo puedo asentir mientras ella frota sus palmas por mi espalda.

Me alejo un poco para admirar su hermoso rostro y me doy cuenta de que llora de emoción, pero también lo hago yo. Más de una década pasó desde la última vez que nos abrazamos. Aún lo recuerdo. Fue cuando sellamos el trato de nuestro falso contrato del novio falso. Si hubiera sabido que esa sería la última vez que nos íbamos a ver, le hubiera robado un beso. Tal vez así habría sido más llevadera la tortura de su ausencia. Al menos habría tenido algo a qué aferrarme. Habría podido decir que al menos una vez toqué el cielo.

- ¿Estás feliz, Etienne? – Me preguntan los conductores, rompiendo la magia del momento.

- Sí, lo estoy. – Digo sin soltar la mano de Juliette de entre las mías.

- No queda más que decirles entonces que… ¡MISÓN CUMPLIDA!

Una vez que termina el programa y cruzamos unas ultimas palabras con los conductores, con Colette, e incluso con Didier, quien rápidamente decide darnos espacio, decidimos con Juliette ir a tomar algo y hablar acerca de todo el tiempo en que hemos estado separados. Necesitamos hacerlo. Volver a revivir aquello que creímos perdido.

- Aún no puedo creer que me hayas estado buscando por tanto tiempo, Etienne. – Me dice Juliette con emoción contenida mientras sigo reteniendo una de sus manos y observando cuidadosamente su bello rostro surcado de lágrimas que no han dejado de correr por sus mejillas.

- Jamás dejé de hacerlo. El día en que te fuiste mi mundo se destruyó. Lo eras todo para mí. Eras mi mejor amiga y la dueña de mi pequeño e infantil corazón. Siempre supe que jamás dejaría de buscarte. Necesitaba saber qué había sido de ti, saber si estabas bien, si eras feliz.

- No, Etienne. No lo era. Nunca lo fui completamente después de irme del pueblo que se había convertido en mi hogar. Y no me refiero a la casa que habitaba junto a mis padres, las pocas veces que estaban allí, me refiero al hogar que tenía junto a ti, junto a tu adorable familia. Ya sabes cómo te envidiaba por ello, pero era feliz a tu lado. Era feliz siendo tu amiga.

- Y yo era feliz también de ser tu amigo. Aunque también fui feliz cuando declaraste delante de todo el mundo que yo era tu novio sin importar que no fuera cierto.

- Etienne…. No lo hagas. No pienses que no deseaba hacerlo real. Si dije que lo había dicho solo por fastidiar a Camille, eso no era cierto y te lo iba a decir al día siguiente, solo que…. sucedió lo del divorcio y no tuve oportunidad de decirte que te quería, que mi pequeño e infantil corazón te amaba.

- Yo también te amaba, Juliette, pero aquellas palabras que dijiste sepultaron mis esperanzas de ser algo más que tu amigo. Me daba miedo perderte si no te sentías igual que yo.

- Etienne… yo también creí que la única que sentía amor era yo. No sabía lo que tú sentías.

- Pudiste haberme buscado, escrito o llamado. Nunca lo hiciste. Al menos no como lo hice yo. Entiendo que siendo pequeños y estando en otro país las cosas para ti eran difíciles. Pero cuando creciste pudiste hacerlo, sabías dónde yo vivía pero yo no sabía nada de ti salvo que te habías ido a España. Ni siquiera sabía que habías vuelto a Francia, ¿o solo estás aquí por el programa? – La sola posibilidad de que así fuera me angustió de sobremanera. No podía ni imaginar que Juliette tuviera que alejarse nuevamente de mí.

- No voy a irme a ningún lado esta vez. Y si no te busqué antes, fue por vergüenza. Pensaba que me odiabas por haberme ido sin despedirme. Y aunque no tuve opción, eso no era algo que tú supieras. Creo que simplemente me resigné a la idea de perderte. Aunque nunca a la idea de olvidarte. – Con la mano libre, Juliette acarició mi mejilla y me acercó a ella hasta que nuestros labios se fundieron en un dulce beso cargado de sentimientos no expresados pero que estaban allí, siempre habían estado allí.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.