jesùs y Jacinta

CAPÍTULO Xlll ENCUENTROS Y CINFESIONES

CAPÍTULO Xlll

ENCUENTROS Y CONFESIONES

Las navidades fueron felices. Los familiares se reencontraban sin perder intimidad. Los niños apilados en los dormitorios eran incontables. En total, entre invitados y vecinos, no bajaban de sesenta por comida.

Francisca, escandalizada de que su padre y el cura Pedro dijesen que Paquín era prácticamente un santo al que había que seguir porque Dios reinaba en él, por lo bajo no dejaba de censurarlo.

Ambos partirían esa tarde, después de reponerse del clásico almuerzo, que acababa de terminar. Abuelo y nieto, en mudo contrato empezaron su último paseo juntos.

Eran las cinco de la tarde. Atardecía cuando tomaron un sulky y recorrieron las novedades del campo. El nuevo silo estaba terminado. Era un placer ver la calidad de la hacienda, parecía una pintura que decoraba esas lomas. Tomaron rumbo al río, aquél que eligieron como su lugar secreto, con el tiempo no se refirieron más a él en esos términos, pero nunca dejaron de ir. Era el lugar de las confesiones y consuelos. Allí, por primera vez, Paquín había llorado desesperado, su soledad por la ausencia de su padre. Su abuelo lo había abrazado repitiendo una y otra vez

- Yo lo arreglaré, lo arreglaré.

  • Pero mamá no quiere que vaya a verlo, le contestó.
  • Pues en ese caso tontín, la convenceré descuida.
  • No podrás, que es terca.
  • Si podré, si hace falta te llevaré yo.

Imposible olvidar su alegría. Añoraba en esos años a su padre,

Muchas veces se habían encontrado allí sin proponérselo, como si el primero en llegar estuviese aguardando al otro. De niño, si desaparecía, solo su abuelo sabía dónde buscarlo.

Paquín pasó su brazo sobre el hombro del abuelo. Caminaron en silencio unos minutos al cabo de los cuales Jesús continuó.

  • Hay mi Dios, no te me pierdas Paquín. En la iglesia hay gente buena. Espera que tus tormentas se aquieten, tú verás.
  • Pero claro abuelo, siempre habrá amor en el mundo. Siempre desde todos los rincones estarán las excepciones que llamamos santos. Habrá también quien ame a otro, pero, yo me refería a la práctica generalizada socialmente apreciada, jerarquizada y obligatoria del amor. Te quiero abuelo, me enseñaste a creer, a tener sueños y a buscar de realizarlos.
  • Soy viejo ya Paquín, me preocupa el dejarte. Te veo un poco solo y, porque no decirlo, un poco perdido. Sobre todo, allí en la ciudad donde las tormentas deben ser atravesadas de la mano de los principios, con la fe del herrero.
  • Abuelo el mal no está solo en la ciudad, sin ti estaría verdaderamente solo también aquí y, créeme, eso no podría enfrentarlo.
  • Que es ahí donde yo me preocupo Paquín hijo, uno no vive mil años. Si creyeses verdaderamente no tendrías temor ni soledad alguna. Sabrías que Él siempre está contigo, nos uniríamos en Él, lo verías en el otro.
  • No entiendes, lo veré y aun así, tú me harás falta.
  • Pero a tu padre aún a la distancia, le tienes.
  • Abuelo si hay amor no hay distancias. Yo contigo no las tengo

Reinó el silencio. Jesús, perturbado como siempre que conversaba de estos temas con Paquín, después de un rato de caminar en silencio dijo.

  • Me gusta el padre Pedro ¿No le querrías tu hablar?
  • Lo hago de manera habitual cuando vengo. ¿Sabías que se acuesta con la misma maestra con quien mi madre me encontró?
  • Pero qué horror. ¡¡¡Sodoma y Gomorra Paquín que dices!!! pide auxilio, Dios Sr. de las Dominaciones, cuídale.

- Te describo abuelo mi mundo, aquél en que vivo tal cual es. Sí, es cierto que, en él, se estudia se construyen futuros se hacen deportes, yo mismo los practico. Si, aún se hace todo eso, pero lo que avanza sin retroceder es lo otro. La soledad reina. La competencia y la incomunicación son casi leyes. Se me hace difícil encontrar mi lugar en el mundo, no encuentro refugio. Solo, y con suerte a veces, en mí mismo. No sabes, entonces, cuanto te extraño, tú eres mi hogar.

La paz envolvía el momento, el sonido del río completaba la caricia de un momento para ellos perfecto.

Rato después volvían, cuando Jesús prosiguió:

  • Se que, sin error ni ruptura no hay liberación. Pero si equivocándote rompes por demás e incluyes en ello tus propias bases entonces te pierdes.
  • Abuelo yo tengo Fe.
  • Entonces no caviles.
  • Es que tengo que saber.
  • La Fe es entrega. Como dijo tu abuela es, ¨creer sin pruebas¨, con pruebas hijo mío es conocimiento y ahí hablamos de otra cosa. En tanto la cavilación hablando de Dios es cálculo, duda, mezquindad Él es demasiado grande para que puedas explicarle. Intúyele, con eso basta. Se acerca ya el momento en que Le veré y son más las ganas que tengo que otra cosa. Te extrañaré a ti, sé que llegado el momento sentiré ese dolor y con el me iré.Confía pues y haz tu parte eso es todo. Ama como dices, verás que no es fácil, tenía razón San Lucas cuando dice:




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.