Era una noche normal. Valenxo estaba jugando con sus juguetes junto a su hermano mayor, Kageai, mientras la señora Anko cocinaba y reía junto al señor Luke.
—Kageai, Valenxo, vengan a comer por favor —llamó Anko desde la cocina.
Ambos chicos se levantaron con gran velocidad; sabían que hoy su padre sí comería con ellos, y él era el orgullo de ambos.
—Papá, por fin vas a quedarte de vacaciones —dijo Valenxo entusiasmado—. Cuando crezca quiero ser como tú. Mañana necesito que me enseñes tu poder.
—¡¡¡Cállate!!! —interrumpió Luke de golpe—. Tú no puedes ser como yo... ¡si lo haces, tu destino es morir! Ellos... ellos son demonios.
Las palabras de Luke destilaban repulsión hacia la inocente petición del pequeño. En sus ojos se notaba un pánico aterrador, como si hubiera quedado traumatizado por su última misión.
—Papá... —susurró Valenxo.
El chico nunca había visto esa faceta de su padre. Siempre lo consideró un héroe, pero ahora mismo parecía alguien completamente distinto.
—Hijos... su padre acaba de salir de una misión rango 9 y está algo agotado, no le hagan mucho caso —intervino Anko, intentando forzar una sonrisa—. ¿Por qué no terminan de cenar y van a dormir?
—Creo que me llevaré a mi hermanito a su habitación —dijo Kageai, presintiendo la tensión.
—¡Sácalo! ¡Sácale de aquí por favor! —exclamó Anko, perdiendo el control.
Valenxo estaba en shock. No podía comprender lo que estaba ocurriendo; tan solo tenía 9 años cuando su vida comenzó a derrumbarse.
Rato después de la cena, los gritos de sus padres resonaban en la casa mientras discutían.
—Deja este trabajo por favor, no puedes seguir en esto... —suplicaba Anko—. ¡¡¡Si una misión de rango 9 fue tan peligrosa, cómo demonios será una de rango 8!!!
—¡¡Tengo que ir, la recompensa es de 2 millones de dólares si sobrevivo y la misión es exitosa!!
—Olvídate del dinero, Luke... ¿Acaso no nos amas a nosotros tres? Somos tu familia.
—Tú me pediste dinero, Anko. Dijiste que no darías a luz a Valenxo si no traía dinero a casa. Ahora tenemos una vida cómoda y él está aquí, así que terminaré esta misión y seremos felices.
—Está bien, amor... solo una vez más.
Mientras tanto, en la habitación de los niños.
—¿Hermano? ¿Mis padres me odian? —preguntó Valenxo con los ojos llorosos.
—¡No, hermanito! ¡Ellos te aman! —Kageai lo interrumpió con firmeza—. Y aunque te odien, yo siempre estaré ahí para ti... pase lo que pase, estaré ahí. Y si ese trabajo es tan peligroso, ¡yo siempre te protegeré, con mi vida si es necesario!
Kageai abrazó con fuerza a su único hermano, decidido a ser su escudo contra el mundo. Al notar el silencio de Valenxo, decidió cambiar de tema para animarlo:
—Oye, ¿te apetece ver mis diseños de ropa femenina? Me he pasado todo el día dibujando un conjunto.
—¡¡¡A ver!!! —exclamó Valenxo, cambiando su tristeza por emoción.
Kageai sonrió al ver a su hermano apoyar sus tesoros más valiosos.