Jägergeists

Capítulo 2: Las nubes sobre Hojin

Ya habían pasado dos semanas desde que Luke se había marchado a su misión. El cielo estaba completamente nublado ese día; era difícil no sentir un profundo pesar en el pecho al mirar hacia arriba. Aunque pasaran los años, sería imposible olvidar esa asfixiante sensación de angustia. Que el clima estuviera así era algo sumamente extraño en la ciudad de Hojin, donde el calor era el protagonista casi todos los días del año. Para la mayoría de los habitantes era un día común y corriente, pero para la familia de Valenxo marcaría un antes y un después.
—¿Mamá, cuánto falta para que llegue papi? —preguntó el pequeño Valenxo con gran entusiasmo.
A sus nueve años, aún no se había dado cuenta de que la misión debió haber finalizado hacía dos días. Él siempre había visto a Luke como un héroe ultra poderoso; a esa edad, no es fácil aceptar la idea de que tu ídolo puede ser derrotado.
Anko, que reflejaba una profunda desesperación en el rostro, sabía perfectamente que algo no andaba bien. Evitando la mirada de su hijo menor, se giró hacia el mayor.
—Kageai, mi amor, llévate a tu hermano a la habitación para que juegue contigo, por favor.
—Está bien, mamá. Ahora mismo lo llevo —respondió Kageai.
El chico tomó la mano de Valenxo con delicadeza para guiarlo hacia el cuarto. Kageai ya tenía catorce años y, a diferencia de su hermanito, notaba perfectamente la tensión en el aire. Sin embargo, prefería mantener una sonrisa tranquila para no preocupar al menor.
—Vamos, Val. Verás que todo va a estar bien. Papá volverá muy feliz con nosotros y nunca más tendremos que preocuparnos por nada.
Valenxo le devolvió la sonrisa, contagiado por la seguridad de su hermano, y cambió de tema emocionado:
—¡Oye, hermano! ¡Tengo un diseño de ropa en mente que seguro te va a encantar!
Antes de que pudieran cruzar la puerta, la voz de Anko los interrumpió de golpe, fría y cortante:
—¡¿De qué ropa están hablando?! Valenxo... ¿acaso eres tú el que anda dibujando ropa de mujer?
El pequeño Valenxo se tensó por completo. Se puso muy nervioso; por un lado, sabía que la relación con su madre no podía empeorar mucho más, pero por el otro, se negaba rotundamente a traicionar a su hermano. Al fin y al cabo, Kageai era todo lo que le quedaba en el mundo.
—Emmm... yo... —balbuceó el niño, bajando la mirada.
—No intentes mentirme —sentenció Anko, cruzándose de brazos—. Vi tu cuaderno el otro día escondido entre tus juguetes. Además de ser una decepción de hijo, ¿ahora también me vas a salir afeminado?
—¡Basta, mamá! —intervino Kageai, poniéndose delante de su hermano con los puños apretados.
Valenxo, con los ojos llorosos, tiró suavemente de la camiseta de su hermano mayor.
—No te preocupes, hermano... Mi mamá nunca me va a querer de todos modos.
—Pero, Val... —intentó replicar Kageai, con el corazón roto por las palabras del pequeño.
Justo en ese instante, unos golpes apresurados resonaron en la puerta principal. Sin esperar a que abrieran, una vecina de la cuadra entró alterada, sosteniendo su teléfono con manos temblorosas. Al ver a Anko, su rostro se llenó de lástima.
—Lo siento tanto, Anko... Me acabo de enterar por las noticias del cuartel. La misión en la que estuvo tu esposo Luke fue un rotundo fracaso. Debes de estar destrozada... Si necesitas cualquier cosa, por favor, cuenta con nosotros.
El color desapareció por completo del rostro de Anko. El aire pareció congelarse en la sala.
—¡¿Qué...?!




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