Los Jägergeists son los encargados de exterminar a los espectros que amenazan al mundo. Por un lado, su existencia es de vital importancia para la humanidad; por el otro, son profundamente odiados y tachados de suicidas. Para cumplir con su deber, estos guerreros deben someterse a una modificación genética obligatoria que les otorga la capacidad de manifestar sus habilidades.
Kageai acababa de llegar a la entrada de la unidad oculta de los Jägergeists. Había sido citado a primera hora para comenzar con los preparativos de su propia alteración. El ambiente esterilizado y frío del laboratorio no ayudaba a calmar sus pensamientos.
-Estoy algo nervioso... -admitió Kageai, mirando a la joven enfermera que preparaba el equipo-. ¿Dolerá mucho?
-No te voy a mentir. Esto es extremadamente doloroso -respondió ella con total honestidad, mientras extraía de un contenedor una botella llena de un líquido espeso y completamente negro-. Pero no vas a morir.
Kageai observó el extraño frasco con una mezcla de fascinación y miedo.
-¿Qué tiene de especial ese líquido? -preguntó, tragando saliva.
-Este líquido es la sangre de los espectros madre -explicó la enfermera mientras llenaba una enorme jeringa-. Cuando el organismo humano entra en contacto con esto, experimenta una mutación forzada que le permite canalizar los poderes espectrales. Sin embargo, la gran mayoría de nosotros no podemos controlarlos al cien por ciento... después de todo, el cuerpo humano no evolucionó para albergar este tipo de energía.
Kageai apretó los puños. Recordó la alacena vacía en casa, el llanto de Valenxo por el hambre y las crueles palabras de Anko.
-Estoy dispuesto a intentar controlarlos por completo -sentenció el joven. Sus ojos brillaron con una determinación inquebrantable-. Todo sea por mi hermanito.
La enfermera se detuvo un segundo al ver la firmeza del chico, conmovida por su resolución, pero retomó su labor de inmediato.
-¿Estás listo? -le advirtió, posicionando la aguja-. Una vez que este líquido entre en tus venas, jamás podrás escapar del mundo de los Jägergeists.
-Hágalo... -pidió Kageai, cerrando los ojos.
La enfermera presionó el émbolo, inyectando la sangre de espectro madre directamente en el sistema de Kageai. Al instante, una sensación de fuego líquido recorrió sus venas, arrancándole un grito desgarrador que resonó en todas las paredes del laboratorio. Su cuerpo se sacudía violentamente mientras sus células se reescribían por completo.
Su historia como cazador apenas estaba comenzando. La verdadera pregunta era: ¿cuánto tiempo tardará en terminar?