Capítulo 36: Espectros madre
—¡Pero qué rayos quieres que hagamos, Celeste! —gritó Kageai a la top 1.
—Lo sé, Kageai, son humanos pero... —suspiró la mujer.
—No hay otra opción que matarlos. Están rezándole al enemigo como si este fuera un dios y, como sabes, los espectros madre son capaces de reproducirse muy rápidamente —siguió Celeste mientras sostenía unas llaves, lista para abrir la puerta de una casa bastante grande la cual servía a la secta como camuflaje.
Al entrar en la casa, solo encontraron a una familia que parecía bastante sorprendida de verlos ahí.
—Mamá, quiénes son ellos —diría un niño, asustado al ver a Celeste y a Kageai entrar tan bruscamente.
—No te preocupes, mi amor, son Jägergeists —respondería la madre, la cual lucía también sorprendida pero un poco más relajada.
—¡Díganme dónde están ahora! —exclamó Celeste, mientras estaba preparada para cualquier emboscada.
—No sé a qué te refieres, señora Jägergeist —respondió la otra mujer, algo asustada.
—A ver, sabes que no sirve de nada hacerte la inocente, ¿verdad? —intervino Kageai mientras sacaba uno de sus abanicos.
El niño comenzó a correr, atravesando la pared perturbadoramente.
—Como pensaba, son espectros rama que usan para poder camuflarse. Encárgate de ella, Kageai —dijo Celeste, ya convencida de a lo que se estaban enfrentando.
Celeste invocó una espada bastante atractiva, la cual hizo que toda su ropa cambiara, haciéndola parecer una caballera futurista.
—Hora de acabar con esto lo más rápido posible, tengo una cita pendiente con Caspian —destruyó el suelo de tan solo golpearlo con el talón, acabando con la mujer y con el otro espectro pequeño que estaba escondido en la pared de la casa.
—Pero, Celeste, deja algo también para mí —Kageai hizo un puchero al decir eso, mientras caía al piso inferior.
—Eres un poco lento —respondió Celeste, también cayendo.
Al tocar el suelo, vieron una iglesia en la cual estaban haciendo un sacrificio, dándole de comer al gigante espectro madre un humano con vida.
—Por favor, gran señora, acepte este tercer sacrificio del día —empujó al anciano a la boca del espectro.
—¿Uy, interrumpimos algo? —preguntaría Celeste mientras hacía que la espada diera vueltas en su mano derecha.
—¡¡¡Mátenlos!!! —gritaría el líder.
Repentinamente, todas las cabezas de los seguidores fueron cortadas. Lo único que se llegó a ver fue una pequeña luz, pero ninguno de los Jägergeists parecía haberse movido.
—¿Qué demonios eres? —preguntaría muy asustado el líder de la secta.
—Soy una Jägergeist normal y corriente, también soy la que te matará a ti y a tu diosa —lo redujo a polvo con su espada.
—¡¡¡¡Mi fuente de alimento!!!! —gritaría el espectro gigante.
—Tranquila, nena, también te prometo que jamás sentirás hambre de nuevo —sonrió.