Capítulo 45: El deseo de un Sol apagado
Narración de Lux:
Algo con lo que siempre soñé era con ir a uno de aquellos lujosos parques de diversiones con mis hermanos, pero mi familia era muy pobre. Aunque me educaron bien y daban todo trabajando para que nosotros no nos quedáramos sin comer, me dolía mucho ver que a veces mis padres no comían por darnos a nosotros; yo insistía en que se podían comer la mía, pero ellos, con una sonrisa, siempre me decían que no tenían hambre.
Cuando cumplí los 18 años, salí a buscar trabajo por ahí. Mis padres nunca me dejaron de más joven porque querían que yo disfrutara mi infancia y adolescencia al máximo. Conseguí un trabajo vendiendo vegetales en una pequeña tienda... Algo que costó mucho porque mi apariencia no era la mejor.
—Lux, te tengo que despedir, muchos clientes no compran con tal de no hablar contigo —dice el dueño del negocio, mientras sostiene un pequeño fajo de billetes—. Toma esto, te lo mereces por darlo todo aquí. Lo siento mucho, hermano, pero en los negocios no se puede tener lástima —el señor le da el fajo de billetes a Lux, para luego acompañarlo hasta la puerta.
Narración de Lux:
Eso fue un golpe muy duro para mí. Yo tenía que ayudar a mi madre con mis 4 hermanos menores, porque éramos 5; se podría decir que yo era el más débil, no era capaz de cargar cosas muy pesadas y esa condición hacía que no pudiera trabajar en muchas cosas.
Ese mismo día, cuando llegué a mi casa, me encontré algo horroroso.
—Lux, por favor ven aquí, rápido... Rápido... —la madre de Lux lo llamaría desde otra habitación; parecía que estaba llorando por alguna razón.
Cuando llegué a aquella habitación me encontré algo horrible: era mi hermano menor. Llevaba mucho tiempo enfermo, pero no podíamos hacer nada para pagar su tratamiento, ni tan siquiera teníamos para pagar la electricidad, ni el agua... Si tan solo yo hubiera hecho más... Todo hubiera sido diferente...
—No te preocupes, hermanito, no es tu culpa, no te quiero ver llorar. Te quiero mucho —la voz del niño era muy débil, pero a la vez serena; se veía tranquilo acostado en aquel colchón viejo que se encontraba tirado en el suelo, su fiebre era muy alta.
—Oye, hermano, resiste, yo veré qué puedo hacer, solo resiste un poco más —Lux sale de la habitación a toda la velocidad que podía.
Recuerdo que ese día pasé horas gritando en el pueblo, me dolía mucho al hablar y las piernas también me dolían demasiado... No encontré ayuda, el tratamiento era demasiado caro. "¿Por qué la salud es tan costosa?", no podía dejar de pensar en eso. Mi hermano estaba muriendo en aquel colchón duro mientras que todos se veían tan sonrientes, yo no podía dejar de llorar... Ya habían pasado 15 horas desde que salí.
—¿Lux, dónde estabas? —preguntó el padre de Lux, con los ojos hinchados y enrojecidos; su ropa estaba llena de tierra y había una pala cerca de él.
La apariencia de mi padre solo me dejó pensar en una sola cosa... Algo que nunca había visto era a mi papá llorar. Entré a la habitación y vi a mi madre tirada en el colchón donde descansaba mi enfermo hermano menor.
—¿Mamá? —preguntó Lux, pero la señora no respondió; al parecer se quedó dormida mientras lloraba.
Días después, me fui al enorme bosque donde solía jugar con mis hermanos; aquel bosque era como nuestro parque de diversiones personal. Era muy tarde y llovía mucho, yo andaba mirando mientras lloraba, endurecido por mis fantasmas interiores. Solo quería una luz, ver una pequeña luz que me demostrara que había algo más, pero todo era oscuridad.
Recuerdo que me trepé al árbol favorito de mi hermano, donde nuestro padre había tallado su nombre, pero perdí el equilibrio y caí en un charco de lodo... Vi una luz, pero no recuerdo nada más...
Actualidad:
—Como les había dicho, no tengo intenciones de hacerles daño —dice Lux, mientras mantiene su cuerpo cubierto por la luz sólida, haciendo una barrera impenetrable para los ataques de los chicos.