Capítulo 48: Plasma Celestial
—Buenos días, Caspian —dice Celeste, mientras anda distraída en el móvil.
—¿Crees que esas son maneras de llegar a donde tu jefe? —responde Caspian a Celeste, algo enfurecido porque el móvil se roba toda la atención de la chica.
—¿Cómo está tu hija? —pregunta la mujer, que ya se había enterado del problema que hubo en el parque.
—Ya se recuperó; ahora mismo anda en el cumpleaños de uno de sus compañeros —responde este con tranquilidad.
—¿El hermano de Kageai? Él es un buen chico, aunque todos saben lo muy mal que está actualmente. La verdad me da algo de lástima... —Celeste seguía un poco distraída en su teléfono—. ...Oye, por cierto, tienes que jugar este juego —Le muestra su celular a Caspian, pero justo después recibe una llamada—. Nos vemos después, tengo una llamada urgente —Celeste se notaba agitada pero feliz a la vez.
La Número 1 sale muy rápido de la oficina del presidente para responder aquella llamada.
—¿Oye, dónde estás? Dijiste que llegarías hace dos días, pero no te tomaste la delicadeza de llegar a la casa de tu tía favorita —estaba preocupada por la persona con la que estaba hablando—. ¿La casa de quién? —continuaría Celeste.
Por otro lado:
—Este pastel está buenísimo, de verdad —dice Valenxo, emocionado por el pastel de cumpleaños que le hizo Hidra.
—...No te comas eso, hermanito... Mejor me lo como yo... Dame acá —Kageai agarra el pastel que andaba comiendo Valenxo y luego se dirige al baño.
—Me alegro mucho de que te gustara, Val. ¿Oye, te gustaría que cuando te recuperes un poco de las piernas tomáramos clases de costura juntos? —dice emocionada por lo que se le acababa de ocurrir; sus ojos multicolores tenían un ligero brillo.
—¿Yo también puedo? —pregunta Tyren, alzando una mano.
—No, es solo para Valenxo y para mí —responde Hidra rápidamente.
—Pues no podrás venir a las clases de pastelería que iré con Val —Tyren aparta la mirada por la manera en la que Hidra lo está excluyendo.
—¡¡Oye, pero eso le hace falta a ella!! Tiene que ir —interrumpe Kageai, para luego dirigirse a abrir la puerta—. Por ahí viene uno de tus antiguos compañeros de salón, hermanito —dice mientras mira a un chico de cabello negro, ojos cafés y muy bien vestido.
—¿Pero tú nunca los conociste, Kageai? —pregunta Valenxo, mientras está sentado en el sillón.