Capítulo 51: Muñecos de lana
—Oye, Val, no te lo quería decir, pero Ionastyr es un antiguo compañero de una misión para los Top 10 —revela Kageai, algo avergonzado por no haberlo dicho antes.
—¡Eso significa que Ionastyr es Jägergeist! —Valenxo estaba bastante sorprendido y a la vez alegre.
—No es por presumir, pero soy el Top 11. Intento calificar como los del Top 10, pero es que son demasiado poderosos, jaja —Ionastyr se sentía bastante orgulloso de sí mismo, un poco más al ver la cara de sorpresa de Valenxo.
—¿Todo eso en un año? —pregunta Valenxo a Ionastyr.
Kageai observa a estos dos con atención; ya este conocía bastante bien la historia del otro chico.
—La verdad no; soy Jägergeist desde que terminé la primaria, por un error que cometió mi tío... No me gustaría hablar de ello —la mirada de Ionastyr se veía un poco más fría; es como si, de un momento a otro, toda su alegría se desvaneciera al recordar aquello.
—Bueno, pero no estés triste. ¿Si quieres puedes venir conmigo e Hidra mañana a un curso? —Valenxo sonríe al hacer la propuesta.
Al otro día:
—Mmmm... —Hidra se encuentra bastante enojada porque ya no tendrá tiempo a solas con Valenxo.
—Tranquilízate, Hidra, es más divertido con más personas —Valenxo intentaba tranquilizar a Hidra.
La peliverde estaba llevando a Val en una silla de ruedas, ya que este no podía caminar en un tiempo; sus piernas estaban bastante débiles, pero nada que el tiempo no pudiera curar.
Hidra se agacha para susurrar algo al oído de Val.
—Oye, no intentes calmarme. No querrás que le diga a tu amiguito que te lleve él... Quizás no tenga mi delicadeza —luego de decir esto, comienza a caminar de nuevo, ya casi llegando al local.
Rato después llegaron a la pequeña escuela textil; era un lugar bastante normal, si no fuera por aquel cartel nadie sabría que es una escuela.
Los chicos pasaron al lugar, llevándose la sorpresa de que era mucho más grande de lo que parecía por fuera.
—Si mal no me equivoco, este debería de ser el salón para hacer los animalitos de lana que quería aprender a hacer —diría Hidra mientras entra; los otros estudiantes los miran raro, ya que nunca los habían visto por ahí.
Ionastyr, Hidra y Val tomaron una mesa de 3, donde Valenxo se sentaba en el medio de los otros dos.
Minutos después llegaría una profesora bastante mayor y comenzaría a hablar.
—Buenos días, estudiantes. Hoy aprenderemos a hacer ovejas de lana; agarren sus ovillos para comenzar a tejer —diría esta, para luego comenzar a enseñar milimétricamente cada paso.