La tranquila brisa llenaba en ambiente del Reino Celestial, donde habitaban las alamas puras, amables, pero sobre todo que habrían pasado un juicio para llegar ahí donde todo era paz y tranquilidad. Los ligeros vientos eran agradables y fríos, a lo largo de aquel hermoso lugar se podían encontrar lagos o ríos de agua cristalina acompañados de hermosos árboles.
Había huellas, dejadas por las diferentes criaturas que pasaban por el Valle de las Nubes Susurrantes un lugar hermoso y como su propio nombre lo decía, lleno de nubes, grandes, medianas e incluso pequeñas las cuales se alzaban y de vez en cuando bajaban al ras del suelo, contaba una leyenda que si una persona se acerba lo suficiente podía escuchar sus voces.
Por aquel valle caminaban dos ángeles los conocidos Octalys guerreros encargados de proteger el Reino Celestial de cualquier amenaza así les costara la vida.
—Debemos pensar antes de atacar —Explicó Izaack mientras caminaba junto a su hermana con pisadas silencioso
—Lo sé, pero ganas no me sobran de cortarles las cabezas a los desgraciados
—Se que estás molesta, pero el odio no nos llevará a ningún lado—
Detuvo su caminar mirando al cielo con expresión calculadora
—¡Prometimos a nuestra madre vengar su muerte, eso vamos a hacer! —Exclamó Lyra con rabia contenida
—Eres terca como mamá, incluso tienes sus ojos verdes —Señaló el en tono burlón señalando sus ojos.
Ambos continuaron su camino por el Valle hasta volver a su dulce hogar, el corazón del reino, sin embargo, al llegar notaron un ligero bulto de personas fuera de la entrada del gran Palacio donde habitaba su reina quien siempre era acompañada por su Kirin, el gran balcón se encontraba ella para dar un anuncio importante.
—Querido pueblo, como ya sabrán la guerra entre Reinos sigue en pie. —explicaba ella —Por esta razón, necesitaré el apoyo de todos nuestros guerreros.
Cada ángel presente escuchaba atentamente las palabras de su reina todos compartían una misma preocupación, pero confiaban en sus guerreros plenamente y creían que serían capaces de defenderlos de cualquier amenaza.
—Pueden estar tranquilos, tomaré cartas en este asunto para mantenernos seguros. —afirmó la reina —Estos guerreros están entrenados para cualquier situación que se les presenté.
—Dime que no nos mandará a pelear —murmuró Lyra cruzando los dedos
—Espero que no —dijo Izaack, compartiendo la preocupación con su hermana
El amanecer del día siguiente llegó rápido decorando el cielo con grises fríos y un aroma fresco que rozaba las mejillas de ambos hermanos, quieres ya se encontraban con sus respectivas armaduras y armas preparados para seguir las ordenes de su reina.
Lyra llevaba un arco colgado sobre su espalda y un carcaj con flechas, acabadas con plumas. Izaack por su parte llevaba una imponente espada a su costado, sus ojos verdes siendo resaltados por los mechones de cabello que caían sobre su rostro.
—Guerreros míos, supongo que saben porque están aquí —Comentó la reina cruzando los brazos detrás de su largo vestido— En caso de que no, están aquí porque deben cumplir una misión para la cual fueron entrenados desde niños.
—¿Nos enviará a luchar? —cuestionó uno de los ángeles presentes, con ligero miedo.
—Así es, mitad de ustedes irán al Inframundo y la otra mitad a la Tierra. —explicó ella caminando de un lado a otro frente a ellos.
Cada uno de los ángeles presentes intercambio una mirada preocupada, pero uno de ellos resaltaba; Liam, conocido como uno de los mejores guerreros debido a su gran valentía durante las misiones.
—Liam e Izaack, ustedes serán los líderes de cada grupo. —comentó la reina con una sonrisa de oreja a oreja —Liam ustedes se dirigirán a la Tierra, Izaack ustedes al Inframundo —Ordenó
Durante la tranquilidad de la noche, solo se podían escuchar los pasos de los ángeles que equipaban sus armaduras con dagas, arcos y espadas preparándose para la posible pelea que venía. Si bien los humanos no les preocupaban; los demonios lo hacían.
Los líderes de cada equipo creaban estrategias y revisaban cada pequeño detalle. Cada guerrero recibió su puesto, armas y trabajo dentro de la misión; un solo fallo y todo estaba perdido.
Liam ordenó a todo su equipo portar solo dos dagas, no querían asustar a los humanos en caso de tener algún avistamiento con ellos. Era importante ocultar sus alas para poder mezclarse entre los mortales, aunque su cabello blanco y orejas puntiagudas no ayudaran en ese aspecto.
A la media noche, cada guardián estaba listo. Estaban separados por grupos: quienes iban a la Tierra y quienes iban al Inframundo. Los viajes eran distintos pero muy largos, la única forma conocida de pasar por los Tres Reinos era por los tres portales divinos, ellos conectaban los extremos entre ellos.
No obstante cruzar por ellos no era sencillos, para hacerlo se requería el permiso de los propios protectores entre mundos: los guivernos y dragones.
Un dragón te brindaba el permiso si veía valor en tu corazón, para ir a un lugar desconocido se debía tener un alma fuerte, audaz y ambiciosa.
Un guiverno te daba acceso al portal si tenías la suficiente inteligencia como para resolver los problemas que enfrentaras en un lugar nuevo.
En la entrada de cada reino había un guardián adicional dependiendo donde se encontraban. En el caso del Paraíso, era un majestuoso fénix de plumaje en tonos cálidos llamado Abdi.
Abdi veía la esperanza dentro de las almas que deseaban pasar, así como un fénix renace de sus cenizas, tu debías volver a levantarte y seguir adelante.
Al llegar a la puerta donde el portal sagrado era resguardado, los tres guardianes aterrizaron frente a ellos. Abdi fue el primero en hablar.
—Guerreros, ¿qué los trae por aquí? —preguntó Abdi.
—Tenemos asuntos pendientes con humanos y demonios —contestó Liam.
—¿Un viaje doble? —Preguntó el guiverno.